#OPINIÓN Patria y bienestar #14Abr

Joel Rodríguez Ramos | Ilustración: Victoria Peña |

Estos difíciles días he sufrido por el fallecimiento de varios familiares, amigos y conocidos. Imposible detener ese sufrimiento. Han muerto sorpresivamente. Y ha habido en esa lista, gente tan cercana que me parece mentira que ya se hayan ido. De octubre 2020para acá, no menos de diez personas de mi entorno cercano, se han ido. Hoy ya no están. Se contagiaron de la Covid-19 y no sobrevivieron. Algunos de los que refiero eran médicos muy bien preparados, ofrendaron su vida por amor a sus semejantes. Me han preguntado si estos hechos son designios divinos o si Dios quiso que fuera así por algún castigo a la conducta humana o si simplemente se les terminó la vida. Dios no quiere hacer sufrir a nadie. La vida, el sólo hecho de vivir, conlleva el riesgo de morir en cualquier momento. “Señor, enséñanos a calcular nuestra edad”, dice un hermoso Salmo del antiguo Testamento. No sabemos cuándo nos tocará rendir cuentas a Dios, pero si nuestra vida lleva ya unos cuantos años de camino andado, es cuando más debemos prepararnos para comparecer ante Dios, pero es Dios quien determina el momento. Me he preguntado mucho porqué la Covid-19 se lleva a unos que no parecían tener un riesgo alto de sucumbir y deja a otras personas con alto riesgo de morir. Nadie tiene respuesta a estas interrogantes. Es una especie de misterio, es el recordatorio que nos hace Dios de que es Él, el único dueño de la vida y de la muerte.

A quienes por vocación profesional y humanitaria escogieron la carrera llamada a curar enfermos y dar esperanza de vida, se les debe dotar de la mayor seguridad para el ejercicio de su actividad profesional. Y a quien en primer lugar le corresponde esa obligación de ofrecer y asegurar la vida de los médicos y la obligación de dotarlos de los mejores y mayores recursos, es al Estado, a quienes detentan el poder. Vemos, por ejemplo, que la protección para ellos en los países más desarrollados, ha sido grande. Los tapabocas, las batas o la vestimenta en general para acercarse al enfermo, las medicinas, van dirigidas en primer lugar, a quienes por estudio, conocen el problema que enfrentamos. Para ellos la mayor protección y ayuda posible. Luego vienen las personas de la tercera edad, muy vulnerables ante este tipo de patología, luego los niños si corresponde, porque gozan de una especie de protección natural y finalmente al resto de la población. No me atrevo a señalar cuáles serán los últimos a proteger, porque todos tenemos derecho a la salud y al resguardo de nuestra vida. Así he venido viendo que se ha hecho en los países más desarrollados. En Venezuela estamos viviendo un terror con la salud de nuestros enfermos y con toda la población. No hay vacunas, el régimen se niega a traerlas. Además, a quiénes se ha protegido primero? A los funcionarios del régimen, a sus familiares, al personal militar y a quienes tienen algún tipo de vínculo con el partido oficialista. La población, por ejemplo, todavía espera por su inmunización. Y muere más gente. El jefe del régimen se ufana de decir que él fue inmunizado y se olvida que el capitán es el último en abandonar el barco.

El señor Chávez repetía aquella frase de El Libertador según la cual, “el mejor gobierno es aquel que proporciona la mayor suma de felicidad y de bienestar posible”. Pero recordé también la frase cubana de Patria o muerte, prefirieron aplicar esta frase y decidir por la muerte. Qué terrible.

Joel Rodríguez Ramos

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