#COLUMNA El rincón de los miércoles #21Abr

Luis Rodríguez Moreno | Foto: Cortesía |

Varias correspondencias llegan hasta mi pequeño escritorio con idénticos propósitos. Sus remitentes lucen desesperados, buscando quien los ayude en los medios a soportar la agonía que produce la ausencia de un recurso indispensable como es el agua. Tengo la sospecha que el preciado líquido ha desaparecido en este país a juzgar por los reclamos que llegan de todas partes, suscritos, como es de suponer, de los lugares donde habitan las familias más vulnerables, que se hacen cada día invisibles para el Estado. No importa ya los aguaceros que la madre naturaleza nos envía, un regalo desperdiciado miserablemente por los encargados de administrarlo entre quienes vienen sufriendo, de una prolongada escases como la de ahora. Tal vez tenga razón el autor de una de las correspondencia que recuerda con cariño y nostalgia que hubo una vez un instituto en la llamada IV república que no dejaba lugar a dudas de su eficiencia. No hay manera hoy en la V que alguien nos explique por qué hoy millones de sedientos no tienen una respuesta adecuada a sus reclamos sobre la falta de agua en las tuberías de nuestras viviendas y por qué debemos pagar con muchos dólares un servicio de cisternas que se sirven de unos llenaderos públicos con muy buenas ganancias. La mayoría de las cartas recibidas claman igualmente por la presencia, sino de Hidrolara, al menos del presidente municipal y sus concejales a ver si los barquisimetanos son auxiliados por una autoridad que exija responsabilidades sobre un servicio  tan indispensable para los ciudadanos.

III

Venezuela ha perdido la gran oportunidad de insertarse entre los países más atractivos para el turismo mundial en nuestro continente. Los gobiernos que hemos tenido, por ignorancia de sus líderes, prefirieron vivir del petróleo antes de mirar hacia la llamada industria sin chimeneas, una actividad muy rentable de menor inversión y riesgo, como lo han podido comprobar, por ejemplo, República Dominicana y otras zonas caribeñas bendecidas por la madre naturaleza, no tanto como ha sido beneficiada Venezuela, cuyo turismo no seduce a los visitantes por múltiples razones, incluyendo la inestabilidad política. El turismo ha sido, sin lugar a dudas, el gran olvidado de los encargados del diseño de los planes  de la política económica del país. Que recordemos solo fue Diego Arria quien entendió el potencial de Venezuela en el turismo con una excelente campaña promocional  en todo el mundo, pero no recibió el suficiente apoyo para consolidar una industria competitiva en el mundo. Incluso el sector privado omitió una participación más activa en el desarrollo de una actividad prácticamente desaparecida en  nuestro país. Lamentablemente hemos perdido un valioso tiempo. La pobreza es hoy el peor  enemigo del turismo en Venezuela. Su riqueza permanece sepultada bajo la indiferencia de todos los que vivimos en esta tierra, que fue  una vez tierra de gracia.

II

Confieso que me cae bien el nuevo Presidente del querido pueblo ecuatoriano. A Guillermo Lazzo lo había subestimado Rafael Correa, uno de esos sujetos que juegan a la política con la idea de perpetuarse en el poder, y uno de sus más fieles seguidores. En su primer discurso, Lazzo dejó muy claro sus deseos de trabajar por la democracia y por el bienestar de su pueblo, sin  odiosas revanchas, solo con una política dirigida al bienestar de los ciudadanos a quienes prometió unir con lazos para avanzar hacia un futuro promisor.

Luis Rodríguez Moreno

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