InicioOpinion#OPINIÓN Sor Juana y Goethe: Del Barroco al Romanticismo (Parte I) #12Jul

#OPINIÓN Sor Juana y Goethe: Del Barroco al Romanticismo (Parte I) #12Jul

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Separados por un siglo de distancia temporal y pertenecientes a contrapuestas y hasta antagónicas vertientes de la cultura de Occidente, nos aventuramos a establecer, en la medida de nuestras capacidades, los vínculos y separaciones que puedan existir entre estas dos gigantescas figuras de la literatura universal: la religiosa y poetisa novohispana de la segunda parte del siglo XVII Sor Juana Inés de la Cruz, y el poeta y científico alemán Johann Wolfang Goethe, quien vivió entre los siglos XVIII y XIX. Creo que algo semejante a lo que aquí me propongo descubrir y establecer entre esta mujer criolla, novohispana y religiosa, y este hombre mundano y teutón, no existe en los anales de la crítica literaria. Y si existiera diré: No sufro de la “Angustia de las influencias” de la que nos habla el crítico literario Harold Bloom.

El método empleado en este ensayo será básicamente el de comparación, que es uno de los métodos cardinales de la Ciencia de la Historia. Ella suple una notable carencia del oficio de Clío: no poder aplicar la experimentación de las Ciencias Naturales a su obra de investigación del pasado. “La comparación, dice Paul Ricoeur, puede consistir en disponer dos cosas juntas para permitirles actuar a la vez; también puede consistir en apreciar su semejanza; o además en captar ciertos aspectos de una de ellas a través de la presencia simultánea de la otra”. En tal propósito de comparación me ha sido además muy útil el ensayo de Paul Johnson sobre Picasso y Walt Disney, dos creativos del siglo XX. En este propósito de comparación hemos evitado en lo posible caer en anacronismo, el cual es, según Lucien Fevbre, el pecado más imperdonable que pueda cometer un historiador. Consiste tal pecado en modernizar el pasado, ver el pasado con los ojos del presente y de tal manera deformarlo, dándole una errónea interpretación.

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El lector podrá notar que no soy crítico literario sino “historiador de oficio”, como decía Marc Bloch, por ello pido a estos profesionales de aquella disciplina y por quien siento gran estima y respeto, sepan disculpar mis equivocaciones y yerros, que no son otra cosa que producto de mi curiosidad y deseo de explorar territorios que hasta hace poco estaban vedados al interés de los historiadores.

En tal sentido me coloco a tono con la Escuela de Anales, fundada en Francia por Bloch y Fevbre en 1929, quienes habrían visto con entusiasmo mi propósito. LucienFevbre ha realizado un estudio del escritor humanista del siglo XVI Françoise Rabealis, obra que ha resultado para mí una formidable inspiración: El problema de la incredulidad en el siglo XVI. La religión de Rabelais, grandiosa obra publicada en 1942.

La crítica literaria ha sido débil en la cultura de habla castellana, tenemos pocas figuras que hayan realizado grandes aportaciones a tal género: Ortega y Gasset y Jorge Luis Borges son dos casos aislados. Pero de lo que lo que carecemos, dice Octavio Paz, es de movimientos intelectuales originales. Por esa razón no tenemos crítica, y al carecer de ella nuestra literatura no es moderna. Lo que hace moderna a la literatura es precisamente la crítica. Esta dura sentencia del escritor mexicano ha sido no obstante un acicate muy fuerte para mi persona. En ese sentido comencé a leer y estudiar crítica literaria de manera autodidacta, solitaria, en mi retiro espiritual caroreño. Me asomé con cierta timidez, pero con entusiasmo creciente a autores destacados en la crítica literaria en América Latina: Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes, a los sureños Ángel Rama, Emir Rodríguez Monegal, al propio Octavio Paz, a Mario Vargas Llosa, a los venezolanos Luis Britto García, Orlando Araujo, Mariano Picón Salas, así como también a críticos de otras lenguas: los hebreos recientemente fallecidos Harold Bloom y George Steiner, entre otros.

Así y de esta manera me he atrevido realizar crítica literaria, un oficio harto exigente, como pude observar leyendo a Emir Rodríguez Monegal. Una de ellas al escritor, historiador y crítico literario venezolano y larense Rafael Domingo Silva Uzcátegui (1887-1982) quien basándose en la polémica obra Degenerados (1892) del médico judío Max Nordau, la descarga acremente contra los poetas modernistas Rubén Darío y Leopoldo Lugones, calificándolos duramente como poetas enfermos, neuróticos, galiparlantes y degenerados; otra al historiador positivista venezolano Laureano Vallenilla Lanz (1870-1936), creador de la polémica y muy original tesis del “gendarme necesario”, planteamiento que hasta llega a interesar al dictador italiano Benito Mussolini; una tercera al médico psiquiatra y novelista caraqueño Francisco Herrera Luque y su controversial obra de psiquiatría histórica Los viajeros de Indias, quien introduce las “ciencias del espíritu” del alemán Wilhelm Dilthey a Venezuela para comprender los elevadísimos índices de violentos y atroces crímenes entre nosotros, ensayos que me han proporcionado inmensas satisfacciones y alegrías y hasta un premio literario: la II Bienal Nacional de Literatura, Antonio Crespo Meléndez, por el primero de ellos. Dejo pues este trabajo a mis lectores y a la crítica literaria venezolana, siempre en continuo mejoramiento y superación, de la que espero sea benevolente y comprensiva con este esfuerzo de comprensión entre estas dos figuras gigantes de la literatura barroca hispanoamericana y la literatura romántica alemana que acá presento.

Nace el interés

En estos ya prolongados meses de pandemia, he terminado de leer y releer con notable entusiasmo dos extraordinarios libros referentes a dos grandes y portentosas figuras de la literatura universal: el primero sobre la religiosa novohispana, la poetisa Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695), y el otro sobre el sabio, poeta y científico alemán Johann Wolfgang Goethe (1749-1832). El de sor Juana escrito en 1982 por el poeta, crítico literario y ensayista, premio Nobel de Literatura, el mexicano Octavio Paz lleva por título Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, en tanto que la segunda obra biográfica sale de la pluma del novelista, historiador y crítico de arte francés Marcel Brion en el año 1949, con un breve título: Goethe. Una bibliografía afín, que mostramos al final, nos ha servido de necesario complemento.

Mi interés primero deviene de una característica común a este par de gigantes de la literatura universal: el deseo de saberlo todo, de conocer todas las ciencias que ellos estaban al tanto con un siglo de diferencia y colocados en realidades históricas muy diferentes: la religiosa en Nueva España del siglo XVII, y el poeta Goethe en la Alemania de entre los siglos XVIII y XIX. La religiosa vive en la modernidad temprana en un virreinato alejado intelectualmente de Europa que se encaminaba hacia la modernidad; y Goethe en la Alemania que comienza a industrializarse y ve el ascenso de la burguesía, que va decididamente camino a la modernidad. Alemania fue una atmósfera espiritual, escribe Octavio Paz.

Luis Cortés

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