lunes, septiembre 27, 2021
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#OPINIÓN Visión de Frente: La oposición en su laberinto #29Jul

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Como buenos hijos de la civilización occidental que tiene su plataforma de valores montada sobre las bases de la filosofía griega y la resolución de sus conflictos en el Derecho Romano, cada vez que se anuncian unas negociaciones políticas para buscar una salida electoral al drama venezolano, acudimos a la Ley, a su cumplimiento, como condición fundamental para cualquier acuerdo.

Pero al igual que de nada sirven las leyes para la cotidianidad del ciudadano común, también es inútil reclamar su vigencia en el nivel de unas negociaciones, cuando allí, en esa mesa de acuerdos lo que más pesa es el poder económico y bélico de los países que proponen y tutelan ese encuentro entre el régimen y la oposición. Nada significan las leyes si no hay manera de aplicarlas, de nada sirve el tener una Constitución y un sistema legal que cubren el espectro de las diferentes actividades que componen el tejido social de una republica sino existe el mecanismo para que se conviertan en componentes de la realidad. Las leyes son mandatos abstractos que requieren un mecanismo para hacerse realidad y de ese mecanismo ha de ocuparse los órganos del Estado comportándose como lo indica su normativa y de no hacerlo será el Poder Judicial el que la impondrá con su imperio jurisdiccional, pero si éste es una sombra ilusoria, el justiciable no haya a donde recurrir.

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De una instancia legítima, propia de un Estado civilizado y organizado jurídicamente, se baja al reclamo de hecho, a la instancia que queda, la cual es la manifestación callejera, propia de un conglomerado desprovisto de justicia, en donde entonces le espera la feroz represión del régimen. Por ello de nada sirve exigir condiciones internas para elecciones si internacionalmente no tenemos la fuerza para obtener una respuesta positiva. Por ello la jerarquía con la cual acude Juan Guaidó a esta cita ya que Estados Unidos, nuestro aliado de mayor peso, anunció que se sentaría a su lado en todo este proceso de negociaciones.

Esta es la fuerza que nos asiste en el proceso de negociaciones que se realizará en México, es la dura realidad que debemos aceptar. No tenemos presión interna de calle, no tenemos componentes militares que nos respalden, no tenemos músculo interno para llevar a esta mesa de negociación propuestas que no tengan el aval de nuestros aliados internacionales. Podemos decir y alegar lo que sea en las redes sociales pero nuestra realidad, dolorosa y escueta, es que dependemos del auxilio externo para librar nuestra lucha por la libertad, y este apoyo externo está muy claro, es por la ruta electoral.

Con base a estas verdades dolorosas muchos sectores nacionales se han pronunciado favorablemente en participar en las elecciones regionales de noviembre. No es que sean traidores, no es que sean cómplices del régimen, no es que han olvidado la muerte, el hambre y el exilio que ha causado el comunismo entre nosotros, simplemente que han asumido el buscar entendimientos electorales como única vía para salir de la crisis. No se trata de cohabitar con los secuestradores, se trata de optar por la única vía disponible actualmente para no morir en la resignación frente al hambre y el exilio.

Lamentablemente nos hemos convertido en una nación desmembrada, donde un Estado anómico no cumple con sus responsabilidades básicas, con un gobierno usurpador que perdió el monopolio de la violencia y no tiene como mantener el funcionamiento de la Administración Pública y por otro lado un gobierno interino que es en la practica una referencia moral de resistencia democrática. A ese país disuelto en el aislamiento del hambre y cinco millones de venezolanos en Diáspora fue al que se refirió el nuevo Presidente de Fedecámaras, Carlos Fernández, en su discurso para asumir el cargo.

Es legítimo y explicable que la presencia de la Vicepresidenta del régimen en el acto del día anterior en donde se eligió a Fernández haya causado indignación y rechazo. No obstante esa es la presencia cotidiana de poder que debemos asumir, como bien lo expresó el padre Luis Ugalde, persona insospechable de tener tratos obscuros con el régimen. Este reconocimiento a la necesidad de entendernos políticamente con la nomenclatura del régimen es una realidad dolorosa que debemos asumir sin que genere enfrentamientos entre nosotros.

Todavía como oposición tenemos fuerza porque hemos dado prueba de resistencia. Esta fuerza la podemos demostrar y ser eficiente si ante las agresiones, provocaciones y amenazas del régimen, nos mantenemos unidos. Si nos vence el odio internamente no tendremos ninguna opción de triunfo ante la maldad de quienes nos tienen sometidos, pero para lograr esa Unidad Superior, la afinidad férrea que tenazmente nos haga marchar juntos hacia la recuperación de la democracia a través de un proceso electoral, es necesario la existencia de condiciones dignas que nos hagan creer con certeza que se respetará el contexto de un proceso comicial libre. Por otro lado, la sociedad civil independiente requiere de los partidos políticos de oposición una actitud decorosa en la lucha electoral centrada en la recuperación del sistema republicano y no simplemente en la consecución de destinos públicos sin importar la sobrevivencia de la tiranía que oprime al país.

Demandamos con la Venezuela decente el comportamiento ajustado a la ley por parte del dudoso Consejo Nacional Electoral y la decorosa actitud de los partidos en la sincera y solidaria búsqueda de la recuperación democrática olvidando apetencias pancistas.

Jorge Rosell y Jorge Euclides Ramírez

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