sábado, enero 15, 2022
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#OPINIÓN El quemeimportismo del psicópata y otras ratas más… #8Dic

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De dos males, no elijas ninguno.
Charles Spurgeon

Al tratar de algunos perfiles criminales, ya hemos hablado de los rasgos atávicos de este histrión satánico y en atención a la ilación de las características de la personalidad del Coronel psicópata, narcisista, voyerista y licántropo que gerencia una empresa social. En esta entrega describiremos también la acción de otras ratas más, que tienen montados sus negocios ilícitos dentro de la corporación.

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Me refería uno de sus renegados monos voladores, «aquí muchísimos tienen montado su negocio sucio y si lo saben hacer bien lo sostienen en el tiempo». Desde luego que es mi opinión que dentro debe haber más gente decente que deshonesta, porque pensar lo contrario sería no creer en la corrección, ni en los principios éticos, ni morales que los padres instituyen en el alma de sus hijos.

Pero desgraciadamente se presentan excepciones con gente que se ha olvidado de los mandamientos de la ley de Dios y piensan más en la forma rápida y deshonesta de hacer dólares en corrupción, que se incluyen en el quemeimportismo y en la perdición de sus almas cuando deban dar cuenta ante el tribunal de Dios. Esos son los monos voladores del jefe narcisista, abusador, acosador, mentiroso, maltratador, manipulador y con una valoración grandiosa de su yo.

Un grupúsculo, que en nada le importa su país, que en nada le importa el deber ciudadano, que en nada le importa el buen nombre y el prestigio de la empresa para la cual trabaja, que en nada le importa su propio nombre, ni su reputación, que en nada le importa perder sus almas, si se ganan el mundo, mientras están atiborrándose de dólares mal habidos. Todo al revés, de lo que predicó nuestro Señor Jesucristo. «De que te vale ganar el mundo, si pierdes tu alma inmortal». Y en la muerte, también pierden el mundo que se han esforzado para ganar deshonestamente.

Ante la incapacidad moral del psicópata, narcisista, voyerista y licántropo, hay una filtración por capilaridad en su anillo de corrupción. De modo que este ascenso de la corrupción se ha vuelto exponencial y se presenta abiertamente el fenómeno del “quemeimportismo” propio de la falta de remordimiento y de culpa inconfundibles en el psicópata y que por percolación se ha instaurado en las mentes de los trabajadores y de aquellos empleados que no poseen principios éticos, ni morales y que se interesan más en adular al psicópata para congraciarse con él en tanto les deje ser invisibles puedan hacer delincuencia libremente sin la mirada supervisora , por una confianza adulterada en la que la corrupción por ósmosis ha infiltrado muchas conciencias al no ser el psicópata ni el mejor modelo, ni el mejor ejemplo como lo haría “un buen padre de familia” y entonces el caos moral reina en la institución.

Existe una desobediencia vedada al psicópata, pero no para bien de la institución, sino para menguar la entrada ilícita de dólares que le tributan de los negocios corruptos al pervertido felón. Entonces podríamos decir que ¿Mono volador ladrón que roba al psicópata ladrón tiene 100 años de perdón? ¡Pero definitivamente es un error moral lo uno y lo otro! Sorprende esta actuación solitaria de este freeland volador, toda vez que en la corporación, las columnas vertebrales que generan la máxima corrupción son los quuer, identificados como los dueños del piso Rainbow.

Cometiendo corrupción apartado del resto pero entre ellos camuflado un freeland en la empresa está astutamente robando al jefe psicópata. Un corrupto, que trabaja en « solitario» para sus propios intereses. Una corrupción paralela a la instaurada por el narcisista. Es que no hay un modelo moral al que emular, sino un virulento modelo criminal al que copiar.

Si los serviles entregan al psicópata sus tributaciones ilícitas del giro ilegítimo de la empresa, el dinero obtenido a partir de actividades ilegales. ¿Cómo inusitadamente está creciendo patrimonialmente el freeland que no tributa porque su actividad en teoría no genera ilicitud? Sus trabajos solo marean, despistan, pero por su productividad ilegal no tardará mucho el psicópata en afianzarlo en su anillo de corrupción o en expulsarlo por traidor. ¿O Será que le brinda galleticas en la mesa de la infamia y lo acoge como a los dueños del piso Rainbow? Aunque infortunadamente no es para adecentar la empresa, el caso es que el músculo de la corrupción tiene sus fracturas, pues operan otras ratas, serviles monos voladores con dos caras que han montado su propio negocio y tratan con hipocresía al psicópata narcisista, pero eso se lo merece. Y no lo expreso para que el licántropo tome medidas para evitar que se disminuyan sus partidas ilícitas secretas; lo dejo ver para que se entienda que la corrupción al tratarse de dólares, ni el servilismo ni la «lealtad» garantizan honestidad entre ladrones, sobre todo que no quieren comerse el cuento de sustituir la palabra servilismo por lealtad y entonces la frase de Coelho de su libro «El manuscrito encontrado en Accra» diría así para engatusar a los monos voladores : « El servilismo es una perla entre monos voladores y sólo aquellos que realmente se arrastren pueden ver los dólares».

La impulsividad que genera la turbación. No tenía ni la más mínima idea de las fechorías internas de este personaje solitario que posee su cajero automático personal en dólares en la empresa, ni me pasaba por la mente su nombre cuando las fuentes me informan sobre los intríngulis de la corrupción intramuros y extramuros en la institución. Por su actuar dicharachero y familiar lo creí una de las personas más correctas y más honestas en el pulular de monos voladores o de las ratas en el antro. Pero un mensaje anónimo que recibí en el cual lo identifiqué plenamente, expone él su sobresalto y su pánico, se confesó desesperado, alarmado y lleno de miedo; nervioso y con taquicardia, al querer sesgar o mutilar el contenido de mis artículos con la pretensión grosera y atrevida de dictarme pauta sobre lo que debo escribir o dejar de escribir, al exigirme

-¡Se habrá visto! -, que no me refiriera a otros distintos de su Jefe, que me dirigiera exclusivamente al cabecilla, al psicópata, pero que no hablara de los negocios independientes de los otros monos voladores ni de otros actores en el escenario de la corrupción interna de la corporación. Súbitamente, operó entonces la «Excusatio non petita, accusatio manifesta», quien se excusa sin habérselo pedido, declara que es culpable. Evoqué mis estudios de literatura y las enseñanzas del maestro Ferdinand de Saussure, sobre semiótica, el significante y el significado. Este mono volador incluso pretende crear un sesgo cognitivo en la percepción del daño psicosocial que genera mantener en la empresa un anti líder o un líder negativo como el psicópata, narcisista, voyerista y licántropo que lleva las riendas de esa institución y donde otras ratas del anillo de corrupción han montado sus propias carpas.

Como un castillo de naipes, cayeron delante de mí, todas las buenas opiniones que tenía de este personaje, que ahora anda engolosinado con la corrupción y siente que lo denuncio en mis escritos. «Cuan equivocado estabas, pues mi aprecio hacia ti, no me dejaba ver tu esencia». Ahora ya estás a la intemperie. Caras vemos, corazones no sabemos y en el caso de tu jefe, caras vemos, enfermedades mentales no sabemos.

Qué lástima que seas culpable, cuanto siento realmente haberme equivocado contigo creyéndote inocuo y casto. Ahora que escribo desde otras latitudes, arguyo que al final de este año, si no se presentan nuevas noticias y se adecentan los escenarios en la institución, cerraré este libro y abordaré otros temas.

La elección de la vida no es entre fama y fortuna, ni riqueza y pobreza, sino entre el bien y el mal.
Boyd K. Packer

Crisanto Gregorio León

[email protected]

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