viernes, junio 17, 2022
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#OPINIÓN El Último Drible Mágico de Fuchito Quijada (Parte I) #23May

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Rafael Fuchito Quijada (1959-2022)

Dedicado a la memoria de mi gran pana Rafael “Fuchito” Quijada

  1. Se nace sonreído y se vive para reír
  2. Ama a tu sonrisa como a ti mismo
  3. Si ves a alguien triste, ayúdalo a reír
  4. Ríe al amanecer para que puedas seguir riendo en el ocaso
  5. La sonrisa es sagrada, no la malgastes
  6. Aquello a lo que puedas sonreírle hoy no lo dejes para mañana
  7. Sonríe lo más posible. Lo que tengas que estar triste que lo haga otro
  8. ¡Calma! Nunca nadie murió de risa, pero sí de coraje.
  9. Cuando sientas deseo de carcajearte, no esperes a que se te pase
  10. Y lo más importante.. si reírse es salud, sonriámosle a los vivos y a la vida”
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Los Diez Mandamientos de Fucha-da” 

“La amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor en la oscuridad” 
Rabindranath Tagore

“Muéstrame tu jardín y te diré quién eres”

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Alfred Austin

Prefacio: Amargo de Angostura

Hoy ha sido un día descomunalmente amargo. Y lo amargo angosta la vida. La hace mínima, e intrascendente. Hoy nos recetaron con la noticia angosta y amarga de la inesperada partida del gran compañero Rafael. Casi nunca lo llame así. Siempre le dijimos Fucho. Fuchito llegó a la UDO Nueva Esparta por allá en los años ochenta. Había saltado el charco desde Puerto La Cruz donde residió hasta su partida. Apenas 24 horas han pasado y no me cabe en el pecho la atroz noticia. Sucedió igual con Eduardo “Nadia” Massauer.  

Ayer hablamos del propósito donde embriagados pensamos en el Archipiélago Los Roques con un proyecto educativo ambiental sostenible en el parque nacional marino único del país y declarado patrimonio natural de la humanidad. Ese pasaje de intención para ecoturismo ambiental quedará en su ausencia pero será un recuerdo que llevaré hasta que me toque reunirme al colega en la cola donde todas hacemos fila para la desaparición. Pero su memoria no huirá. No se pueda escapar del embrujo de un corazón agradecido. 

  • 1er. Drible: El general Arismendi arribó de costa firme a patear balones y marcar  

Rafael, jamás lo olvidaré, llegó con su divisa de oriental, cabello encerrado y crespo cortico, ojos sagaces, escuálido, animoso perenne, amable, contento, un joven eternamente agradecido de existir, pero su característica fundamental (y vaya que no hay otro igual, al menos que conozca y este vivo), era su sonrisa. Fucho se reía hasta de la tristeza. Vivió con tal magnitud que se satisfacía por estar entre la gente. Fucho amaba la amistad. Amaba ser ese compañero que tiene a flor de piel la palabra que bastará para sanarte. El creador trajo a Fucho al mundo para alegrarlo y lógicamente con su ida inesperada e inaudita nos dejó sin la sonrisa en los labios, esa condición tan esencial para minar la levedad de la vida, opaca y oculta entre las estaciones de la nostalgia y la hipocondría, de la ceremonia y la evocación.  

Caminaba con una conmoción, por así decirlo, que magnetizaba su recorrido por los predios de Guatamare en el núcleo Nueva Esparta de la Universidad de Oriente en la Isla de la Margarita. Apenas tocó el suelo de Luisa Cáceres fue todo un Arismendi. Un Plácido Maneiro cualquiera y un margari-ñero más. Pero no se conformó con ser bueno en asuntos de empatía, (que era de los mejores como Eddie Nadia Massauer); normalmente de los más queridos por todos. Se dedicó a su amor por la amistad y por el balompié. 

Reír y chutar iban de la mano. Y vaya que tenía una pata de mula en las piernas. Lo mismo pasaba con su sonrisa, te marcaba gol fácil y seguro con verle la cara de dicha la que se manifestaba en su accionar en la cancha. Recordaba al legendario zaguero teutón Franz Beckenbauer criollo, pero en Fucho nada de la seriedad del alemán, más bien siempre iba jugando muerto de risa como debe ser, disfrutaba cada palmo de la cancha, cada paso doble, cada música de los pies y los botines con tacos de goma. 

  • 2do… Drible: El general si tiene quien le escriba    

Como pasa a menudo lo duro no es escribir sino cómo. Es un entresijo adonde nace el sumario. Otro enigma paralelo al predecesor es el del papel en blanco, tan vacío como lo eternidad. Así la firma del general Fucho Arismendi iba a cancha. Risa y chute se aliaban y hacían su sinergia compartida. Un verdadero dolor de cabeza los dobles dribles de Fuchada. 

A la postre el general escribía sobre la explanada de tierra (cero césped) todo una poesía coreográfica que muchas veces finalizaba en anotación. Para el que le gusta el balón de pie o balompié, el gol es el clímax tanto para jugador como para el fanático.

Fucho no solo jugaba bien, era de los mejores porque sabía frecuentemente lo que hacía. Era un oponente implacable y muy difícil de descifrar en el juego. Además su sonrisa era una distracción, parte del llamado 2do. Drible. Me atrevería a pensar que era una marca personal de postín. No era una burla era mera suficiencia. La sonrisa catalizaba las movidas indescifrables para el opositor, pero jamás un enemigo. Eso era otra de sus características, la aristocracia de la agonística deportiva. Fucho era un gentleman en la cancha. Rara vez cometía falta, mucho menos intencionalmente. Era un gusto jugar a favor o en contra. Esa era su magia, su amor constante por hacer lo que amaba con entrega, calidad y convicción.

  • 3er DribleKaimana en boca de caño

Fucho no fue lo que se llamaba un playboy, más bien era un tipo amigable con las mujeres pero casi era una más. No se me mal interprete. La sensibilidad de Fucho provenía de un alelo femenil sin lugar a dudas. Ninguna mujer se resistía abrirse ante Rafael. Daba mucha confianza esa sensibilidad casi de gay, y para un aquelarre de locas era suficiente para abrírsele de lado a lado con sus confesiones más recónditas y secretas. Esa ventaja nunca fue manipulada por el amigo Rafael, al punto que su novia, fue la misma desde que tuvo una. Y vaya que la quería como loco. Ella mandaba los cuatro puntos cardinales, los alisios y las rutas que Fuchito tomaba. No tenía problema con dejarse llevar convencido y dócil, y para una mujer tener por pareja un obediente can siempre es una satisfacción para la reina del guaguancó de Quijada. Fucho disfrutaba ser un varón domado y ante eso nadie podía decir nada. Sarna con gusto no pica.

Una relación reina vasallo jamás fracasa si cumple con la siguiente condición. Uno: que la reina siempre manda y el vasallo siempre obedece. Dos: que el vasallo gusta de ser mandado y la reina, mandar. Y en la ecuación de esta pareja. Era una condición sin ecua non. En dos platos, la kaimana-coima mandaba más que la kaimana-futbolito, y que ni se le ocurriera decir lo opuesto porque iba al cadalso. La reina mandaba en el pantano con total tiranía, la kaimana-coima siempre estaba como kaimana en boca de caño.  

  • 4to. DribleLa reunión de la Pasta Amatriciana con Albahaca  

La hora durazno, como a eso de las 4 anunciaba la caimanera de futbolito. Luego de la ultima hora de clases universitarias nos íbamos a la cancha que construimos los primeros caimanes que la fuimos a pedir a la cañona a la autoridades locales. Lo gracioso fue que lo conseguimos. Sin embargo solo nos echaron el piso de una cancha de basquetbol sin más nada. Ni gradas ni malla ciclón y mucho menos luces. Fue tanta la rótula rota y las canillas con esquinces que nos pusieron al fin una malla ciclón y unos bancos para fans. Las luces llegaron con el escándalo para que nos dieran la mención Biología marina, que al final llegó hasta Acuicultura Marina. 

Las luces nos dotaron de una magia distinta. Con la brisa soplando fresca, el catire durmiendo y la gente alrededor, la fiesta entraba en fervor. Las reglas eran simples. Se hacían equipos espontáneos de cinco jugadores y quien perdía salían de la cancha y entraba un nuevo retador, y así sucesivamente todos tenían chance potencial y quienes más jugaban eran quienes más ganaban defendiendo su derecho a la cancha. El sistema era totalmente justo y democrático. Llego la época donde la celebración se expandía hasta la pasta en casa del inolvidable Nadia. Mientras Eduardo hacía la salsa, otro hacía la pasta al dente y nunca faltaba el toque de albahaca que le daba sabor a monte o pasto fresco (pesto).

La camaradería iba y venía como si ya estuviera practicada al extremo. Pero lo cierto era que todos formaban una sola magia única que fluía entre los participantes y se repartía profiláctica y homogéneamente. El mundo de la pasta pos caimanera era un folclor tradicional que se extendió por años hasta que Eduardo trágicamente murió. La muerte no paró de llevarse a varios de los futbolistas más queridos. Al final no había oponente más terminante y aterrador en el juego de la coexistencia que la muerte. El único contrincante que cuando juega, nunca pierde…          

MAFC

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