martes, agosto 16, 2022
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Maximiliano Pérez: El régimen trata de revivir la caficultura tras 22 años de estar destruyéndose #1Jul

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De acuerdo con la Oficina Internacional del Café, Venezuela tiene una producción similar a la de Gabón: 500 mil sacos de 60 kilos al año o unas 30 mil toneladas. No lo que dice el ministro de Agricultura y Tierras, Wilmar Castro Soteldo, de que aquí se están produciendo 6 millones 200 mil quintales y que somos un potencial en ese rubro.

El quintal es una medida castellana equivalente a 46 kilos. Pero, la mencionada Organización utiliza la denominación de saco de 60 kilos.

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La producción de café dista mucho de lo que dice el gobierno, según se dio a conocer en el  conversatorio “El café en nuestro tiempo”, efectuado en Cabudare, en la residencia de Maximiliano Pérez, fundador de la Federación Venezolana de Caficultores, fueron tratados diferentes aspectos relacionados con la caficultura que en nuestro país, data de 1.730 cuando ese tipo de grano comenzó a ser sembrado en Guayana.

En este conversatorio participaron el profesor Carlos Giménez Lizarzado, historiador, escritor y director de cultura de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado; la doctora Oxzalide Albarrán Alvarado, quien fuera reina del Café en Venezuela; Oswaldo Lozano, historiador; y Elba Torres, barista, todos miembros de la Asociación de Escritores del estado Lara (Asela). 

¿Cómo puede ser Venezuela un potencial productor cuando al café no se le ha dado la importancia que tiene?, es la pregunta que se hacen los pocos caficultores que todavía quedan en el país.

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Nicolás Maduro trata de revivir la caficultura después  que este régimen, en el curso de los últimos veintidós años, ha venido destruyendo esa actividad, dijo Maximiliano Pérez. Se ha violado la Constitución y las leyes de protección del ambiente que tienen que ver con la producción del café.

Revoluciones

En el conversatorio salieron  a relucir los establecimientos comerciales de Cafés, donde por casualidad políticos de todos los tiempos se reunieron para programar y desarrollar revoluciones. Así ocurrió antes de la Revolución Francesa, en París; en El Dragón Verde, de Boston, donde se reunieron los independentistas de los Estados Unidos; y en el Café La Habana, México, en la que Fidel Castro y Ernesto El Che Guevara, organizaron la llamada revolución cubana.

Destrucción

Cuando Hugo Chavez llegó al poder había en Venezuela 85 mil familias, que cultivaban y producían 24 millones 500 mil quintales de café, de los cuales 18 millones eran consumidos en el país y el resto se exportaba.

Al día de hoy quedan, aproximadamente, 8 mil familias que a duras penas pueden trabajar, ya que carecen de semillas, fertilizantes y otros insumos, además de que no cuentan con combustibles, ni con estímulo alguno.

El régimen ha dejado que se destruyan los nacimientos de agua en las montañas, donde tradicionalmente ha sido cultivado el café.

Venezuela tiene una característica diferente a otros países, como Brasil, en ese cultivo, ya que ese país por condiciones de suelo, se ha mecanizado el trabajo, lo que no se puede hacer en Venezuela porque se siembra en las zonas altas. 

Brasil que producía más de 63 millones de toneladas de café, bajó a poco más de 47 millones de toneladas el año pasado por las condiciones climáticas. Ese si puede decir que es un potencial porque es el primero en producción y exportación en el mundo.

No es verdad lo que dice el ministro Castro Soteldo, de que aquí se están produciendo 6 millones 200 mil quintales de café y que se pueden exportar casi dos millones del grano a una gran cantidad de países.

No puede compararse con ninguno de los países de Latinoamérica que producen café.  Por ejemplo, México tiene 500 mil productores de ese rubro. Y, como ya decía, Venezuela apenas unas 8 mil familias, quienes tienen todo tipo de dificultades para trabajar, porque  ni siquiera asistencia técnica, como la que ofrecía Agroisleña, existe, ya que la llamada Agropatria fue un fracaso. De modo que la caficultura en Venezuela está en su peor situación y será muy difícil reactivarla si no existe una política verdadera, que contenga estímulos y fondos económicos.

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