#OPINIÓN Tejido social y valores democráticos #9Feb

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Para describir de buena manera la situación actual del país es preciso abordar el estado real del tejido social, cuya situación se puede resumir como una configuración totalmente desmembrada porque sus cimientos están carcomidos, esto ocurre al no estar completas las estructuras familiares debido a la emigración de los últimos años que afectó el capital social operativo, y los valores no son transmitidos desde sus estructuras idóneas haciendo más visible las desigualdades entre quienes tienen mejores oportunidades y los que no las poseen. En tal sentido, la formación ciudadana se hace indispensable para lograr mitigar los desajustes causantes de la anomia social padecida actualmente. 

De igual forma, el emprendimiento necesita su institucionalización porque la generación de valor agregado que puede obtenerse cuando las ideas forman un círculo virtuoso ante las dificultades, necesitan normativas fuertes que les den el apoyo para que cuajen y logren abordar parte de los problemas latentes en nuestro territorio, los mismos solo necesitan ideas innovadoras para un abordaje eficaz. Por tal motivo, la formación ciudadana juega un rol preponderante porque son los individuos empoderados quienes vencen con mayor facilidad las limitaciones del entorno; siendo sus acciones más contundentes cuando están dotadas con motivo dirección y sentido según la circunstancia donde ejecuten.

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Por otro lado, las tensiones latentes del sistema son un gran caldo de cultivo para la desesperanza que no permite certidumbre en ningún aspecto de la vida cotidiana, lo cual minimiza toda iniciativa que busque resolver problemas comunes, porque en incertidumbre todos desconfían lo no conocido; ello dado que los sesgos de familiaridad se hacen más fuertes creando burbujas de comodidad infértiles para el sistema en general. Dicho panorama es propicio para que el liderazgo democrático realice formación ciudadana y pueda desmontar con su accionar las cadenas que hoy sujetan a una ciudadanía decidida a luchar por su futuro.

En resumen, el tejido social está ávido de una propuesta democrática diáfana que defina por medio de ideas las pautas para vida ciudadana, donde el individuo sea el protagonista en la ecuación, pues el colectivismo impuesto con la tutela del Estado fallido es inaguantable además de ser un esquema incompatible al siglo XXI. Porque en la posmodernidad lo infértil ideologizado es sinónimo de atraso y muerte, solo la creatividad junto con innovación permite el avance efectivo de las sociedades actuales, donde el sistema democrático pasa a ser un estilo de vida al colocar la norma como eje central de todo accionar humano.

Finalmente, las acciones que deben promoverse en el país pasan por una organización que responda a las interacciones comunes que nos permiten encontrarnos con nuestros vecinos y demás ciudadanos con quienes compartimos unos mismos valores, lo cual se puede hacer visible por medio de la formación ciudadana, como medio de empoderamiento social. Dicha tarea está en las manos de quienes son demócratas y buscan hacer que el país se enrumbe nuevamente en un sistema virtuoso; por lo tanto, auspiciar la participación ciudadana nos acercará cada día más a un triunfo contundente; donde los valores prevalezcan y sean cimiento en la reconstrucción de un entramado más justo apegado a la grandeza aspirada por todos. 

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Eduin Adjunta

@adjunta90

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