#OPINIÓN Pregón, pregonero, pregonando #18Feb

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Nuestro día a día está lleno de música. El ritmo al caminar o ese cantadito que, según dicen, tenemos los venezolanos al hablar, son tan solo una parte de estas expresiones musicales que nos acompañan inconscientemente a cada instante de nuestro tránsito por esta vida. La música está presente en muchas de las actividades caseras y laborales, desde el arrullo de los recién nacidos hasta los llamados cantos de trabajo en algunas faenas hogareñas o del campo. En las grandes ciudades también resonaron los cantos de trabajadores que vendían sus productos de puerta en puerta o en las afueras de los grandes mercados. Incluso en la actualidad, a pesar del bullicio citadino y los urbanismos multifamiliares que limitan el acceso directo hasta la puerta de los apartamentos, algunos vendedores ambulantes mantienen esta tradición y han encontrado nuevas fórmulas para hacerse notar entre la muchedumbre. Los pregones de venta o pregones a secas se caracterizan por una sucesión de frases largas emitidas por voces potentes sin ningún tipo de acompañamiento instrumental que utilizan muchos vendedores ambulantes para promocionar en espacios públicos la venta de productos, comida, talentos y oficios.

“Naranjas dulces, naranjas de Valencia” pregonaba con esmero aquel hombre que empujaba una gran carreta de madera con rudas matizada con los vivos colores verde y amarillo de las brillantes frutas que exhalaban sus aromas de azahares. “¡Floooooores, floooooores! Azucenas, pa’ las nenas” canturrea otro vendedor con una gran cesta de aromáticas flores a cuestas. “Conserva e’coco para los locos, conserva e`piña para las niñas” pregona la potente voz de una voluminosa mulata que camina manteniendo el perfecto equilibrio de su cargado azafate en la cabeza. El investigador y musicólogo cubano Cristóbal Díaz escribió profusamente sobre este género comercial-musical en su libro Si te quieres por el pico divertir: Historia del pregón musical latinoamericano. Díaz afirma que el pregón, tanto como anuncio oficial de las autoridades en la antigüedad o como expresión popular que acompaña la acción de vender, es tan viejo como las concentraciones urbanas de la civilización. 

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Muchos compositores, tanto populares como académicos, se inspiraron en estas tonadas callejeras para escribir obras en las que intentaban recrear el melódico y repetitivo canto de los vendedores ambulantes que recorrían las calles de muchas poblaciones del país. De la inspiración de algunos de los compositores nacionalistas formados bajo la tutela del maestro Vicente Emilio Sojo en Escuela Superior de Música de Caracas han salido temas como El pregón de los merengues de Manuel Enrique Pérez Díaz, Fresas Maduritas de Antonio Estévez o Naranjas de Valencia de María Luisa Escobar, por sólo citar algunos ejemplos. En la contraparte popular, en la región capital, recordamos a César del Ávila por El Manguero, a Cruz Felipe Iriarte por El Frutero, a Cony Méndez por Chucho y Ceferina o Rafael Salazar por su Chichero, que en sus temas recrean musicalmente los diferentes pregones de estos populares vendedores ambulantes. 

Pero miremos más allá de las fronteras capitalinas, en donde los vendedores ambulantes entonan sus pregones con los acentos propios de cada región. Cuando escuchamos los Pregones Zulianos  de Rafael Rincón González, inconscientemente asignamos un acento maracucho a la entonación de los versos del tema. El autor recopila los pregones de diferentes vendedores ambulantes que para entonces recorrían el centro de la soleada ciudad.

Va cantando el pregonero vendiendo su mercancía,

son las cinco y el lechero nos viene anunciando el día:

¡Alevántese, señora que se hace de mediodía!

la leche viene en los potes con espuma de alegría.

Aquí llegó el panadero: ¡Pan, pan, pan!

Hay galletas y bizcochos, marchante.

Y atrás viene el mandoquero: ¡Calientitas mis mandocas!

y atrás viene el mandoquero gritando ¡De a tres por locha!

En las dos primeras estrofas de esta popular danza compuesta en 1944 el autor nos presenta a la primera triada de vendedores de comida que salían temprano en la mañana a distribuir sus productos. El lechero dejando de puerta en puerta las botellas del blanquecino y espumoso producto lácteo. El panadero en su burro o bicicleta cargado de aromáticos amasijos, galletas y bizcochos. Y el mandoquero queriendo salir pronto de sus doradas rosquillas dulces ofreciéndolas a un precio inmejorable. Más tarde el frutero, el vendedor de periódicos, el vendedor de lotería, el carbonero, el limpiabotas y el carnicero, batallaban por ganar la atención de sus clientes habituales que se desplazaban con rapidez bajo los ardientes destellos del inclemente sol de esas latitudes. 

¡Llevo mangos, llevo piñas, guineos y chirimoyas,

también traigo ñemas frescas, gallinas gordas y pollos!

¡Panorama, Panorama con las últimas de hoy!

Un hombre que se ha guindao, desengañao de amor,

Cuando habla de guineos se refiere a los cambures mientras que la chirimoya o anón es un fruto pariente cercano de las guanábanas, de allí su parecido. El diario Panorama, el periódico más longevo de Maracaibo. 

¡Ya se acaba el primer premio un, dos, tres

sólo quedan dos quinticos para usted!

El carnerito, los bagres y un buen lomito de res,

el carnicero en su burro gritando de cuando en vez.

Caminando por las calles rumbo a la Plaza Baralt

un carbonero se empeña en que le deben comprar

El carbón de Asajarito, el mejor para planchar,

le apuesto a que a cinco reales nadie se lo puede dar.

Con el carbón de Asajarito se refiere a una popular marca de carbón comercial cuyo nombre correcto era Carbón El Sajarito

¿Cómo que no vais, muñeco, a limpiar?

Te los dejo muy brillantes, por un real.

Tengo pomo, crema negra y un marrón que es especial,

soy el mejor limpiabotas que hay en la Plaza Baralt.

Con la serenidad de los andinos, el maestro tachirense Luis Felipe Ramón y Rivera escribió un bambuco titulado Chicha y pasteles, en el que se escucha el sutil pregón del vendedor ambulante. 

Véngase compadre conmigo a la plaza,

le daré alegría, le daré emoción.

Si no tiene plata para parrandear,

cojo la guitarra, me pongo a tocar

¡Chicha y pasteles! Le ofrezco a mi novia,

se quema la boca y arde el corazón

¡Chicha y pasteles! Con ají sabroso,

si no los quieres, tú no eres de aquí.

La versión más conocida de este bambuco data del año 1962 y está incluida en el álbum titulado Brisas del Torbes que grabara Ofelia Ramón acompañada por el Conjunto Típico de Los Andes dirigido por el propio compositor.

Si de pasteles se trata, nadie nunca los pregonó con tanta originalidad como lo hizo el recordado “Che” Jiménez, quien hacía alardes de creatividad y picardía en sus versos para vender sus famosos pastelitos aliñados rellenos de carne, guiso o queso en las gradas del viejo estadio de béisbol de Barquisimeto, bien durante los partidos de las ligas menores o en la temporada profesional.

Yo recuerdo al Che Jiménez con amor y pastelitos, y me regreso a la infancia cuando estaba muchachito”, dice uno de los versos de un merengue larense que le dedicara Adelis Freitez a este popular personaje y que grabara la agrupación Carota, Ñema y Tajá. El “Che” Jiménez fue uno de esos tantos personajes que hacía más grato el ambiente de las gradas gracias a su chispeante humor y su habilidad para recitar o improvisar versos que llamaran la atención de su clientela.

No pudo canonizar el humilde Cirineo,

porque cargando la cruz, sin querer se le fue un “pe…

…ro dele que son pasteles” va cantando el Ché Jiménez.

A San Roque y a su perro los conozco desde lejos,

al perro por lo sarnoso y al santo  por lo pende…

…le que son pasteles va cantando el Ché Jiménez.

Si bien tenía la habilidad de improvisar ocurrentes rimas propias, con frecuencia echaba mano de versos de conocidos poetas y escritores criollos, como es el caso de los dos ejemplos anteriores pertenecientes a Miguel Otero Silva e incluidos en su texto humorístico Las Celestiales.

Bajo el título de Dele que son pasteles, pregón característico de este personaje, la canción recrea las típicas situaciones que se viven a lo largo de un partido de béisbol, tanto lo que ocurre en el terreno de juego como lo que acontece en el graderío. 

Hay tres hombres en las bases y en el bate un jonronero,

si la bola se eleva al cielo, el estadio se viene al suelo,

se desborda la emoción, Cardenales va el primero

y el coro que grita jonrón, va cantando un pastelero:

Hay tres bolas, dos strikes en la cuenta del jonronero

listo el pitcher, va el lanzamiento y se calla hasta el pastelero,

el jonronero se impulsa en la punta del talón

y la bola se va elevando… se fue de jonrón.

Con su potente voz y simpáticas rimas pronto se convirtió en todo un referente en las primeras dos décadas de pelota profesional en Barquisimeto. Con su ingenioso pregonar atraía rápidamente al hambriento fanático y una vez “facturada” la venta, agradecía la compra con uno de sus ocurrentes versos mientras resonaban las carcajadas en la tribuna.

El Che no vende pasteles porque se puso viejito

pero levantó a su familia entre versos y pas…telitos.

Poco se ha investigado y escrito sobre el pregón venezolano, con la honrosa excepción del musicólogo tachirense Luis Felipe Ramón y Rivera. Sin embargo, las voces callejeras que anunciaban las bondades de sus productos abundan en el repertorio venezolano: el manguero, el amolador, el pescadero, el frutero, el periodiquero, el pastelero, el cafecero, el billetero y muchos más son personajes que no pertenecen a la imaginería popular sino a la realidad de un país que evolucionó abruptamente hacia la modernidad. Vocalizaciones como como ¡El amoladoooooor! O ¡Mango, mangueeeeeero! todavía resuenan en las calles de las grandes urbes venezolanas, en desigual competencia con los perifoneo de los camiones de los gochos.

Miguel Peña Samuel

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