miércoles, febrero 28, 2024
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#OPINIÓN Los Diarios de Porlamar: Las Puertas (Parte 8) #12Feb

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Dedicado a Charlie Benatuer. 

“Las puertas que la providencia abre,

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…nadie las cierra”.

Anónimo.

“El progreso, es una idea moderna,

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…lo que equivale a decir que, es una idea falsa”.

Nietzsche.

“Abra las puertas de la oportunidad al talento y la virtud, y se hará justicia,

…y la propiedad, no estará en malas manos”.

Ralph Waldo Emerson. 

“Las puertas se abrirán para aquellos que sean lo suficientemente valientes…

…como para llamarlas”.

Tony Gaskins.

  • La Primera Puerta (o La Puerta de la luz).

Moisés Baruch, íntimo, por infinita vez, activaba una inspección familiar con la misma visual de economista con la que evadía desgastes suntuosos, y extendía el beneficio, en el demandante ardor parental, y exaltando, de todas, todas, con la fe de un profeta del viejo testamento, la ineludible comisión de la heredad. De cuna hebrea y fiel tradición sefardí, su riqueza principal, (además de una reveladora hacienda), siempre fue, la nobleza. 

Contrastaba con ese carácter sencillo pero retraído, con el que, así, como ahorraba el gasto superfluo, (aumentando el superávit, incluso existencial), ahorraba demás, el uso confuso de los discursos. Lo que sí sabía, (más por viejo que por diablo, pues ya entraba a la tercera edad), era que, siempre sale mejor parado el que aguaita tras la puerta, que el que anhela tras las angustias de la monserga y la elocuencia. 

Entendía lo delicado del pensamiento, sobre todo hoy que habían topado que la idea tiene masa, lo que quiere decir que, altera el medio natural y el ambiente social. Pensó, casi como filósofo israelita, (tal vez, era y no sabía), que la vida era algo así como una maniobra extravagante, donde se arriesga (ganando o perdiendo, al unísono) en una bolsa de valores.  

La idea era incierta, pero no carecía de sentido, ese pujante tanteo a lo teatral que nos resulta la existencia y aquél desnivel de incidentes continuos e imponderables que nos sacan del camino, sin darse prisa y nos van cambiando para siempre, sin darnos cuenta. A ese nivel de sensación, llegaba el judío maravilloso, sintiendo lo magnífico de vivir, teniendo abastanza caudal, pero sin perder de vista que a veces, la fortuna tiene la hondura de la piel. 

Moisés, no pasó bien la noche con la cuestión de la pensativa. Y en la sinagoga, fue el lugar donde escuchó que la paz, no es la ausencia de la guerra (en Gaza y el Sinaí) sino la presencia de Dios (Jehová). Bajo de talla, pero alto de perfil. Percibía la clara línea divisional entre la realidad y la fantasía. También percibía, como una epifanía, el valor de la amistad, porque presentía el vínculo, el eje singular con el que se fortifica la integridad de la persona para desenvainar a toda batería de vida, inversiones de vigor y vitalidad. 

Como persona, la suspicacia, era su talón de Aquiles, y solía ser más prudente, y pasar por ladino o descortés, que demostrarla. Pero su intuición sobre las cosas podían estresarlo a morir. Necesitaba siempre una salida de escape, una puerta de evasión secreta, que, por su divinidad de aspecto, claridad de símbolo, y solidez de forma, dicha puerta, como todo atajo, era tan forzosa como la luz. 

  • La Segunda Puerta (o la Puerta del Destino o de Pandora).

Moisés Baruch, como cualquier varón sensible, y capaz de distinguir el bien del mal, había heredado el peor confidente (que tiene el que tiene, y puede comprar sin preguntar su valor), la duda. Había pensado, con todo el titubeo que permite la vacilación, que la duda atrae la suspicacia, y la suspicacia es el cáncer de la paz. Nadie, en su sano juicio, quiere ser presa de cáncer, pero el chancro mental, va inmisericorde tras el que dios se la dio, sin avisar que todo don tiene su costo, y ese valor lo cobra sin mirar quién paga. Para los hombres que sufren de la cualidad, es difícil que se les entienda. Y es peor para éstos, tener confianza en quien por lo general desconfía de sí mismo. Los seres incomprendidos con caudal, son peor comprendidos, que aquellos que son obligados residentes de la pobreza y la inopia.

Moisés Baruch conocía muy bien, (aunque sin estar inmersa en ella) lo que equivalía ser pobre en un país rico en marginalidad, y oro negro, sin sembrar. Tal vez por eso se hizo economista, pero uno no sabe quién le teje los hilos del destino a cada quien. Las parcas (esas divinidades infernales, dueñas del destino y de la vida de los hombres), son únicas para cada uno, y tejen a su antojo, y casi siempre con el capricho de nosotros.

Cuando tocó teclear el CPU para indagar quienes le trenzaban la paciencia, averiguó del breve diccionario de mitología grecolatina de Germán Flores, que Pandora había sido la primera mujer creada por Hefestos, por orden de Zeus, la misma mujer que abrió la caja y dejó salir todos los males del mundo. Moisés se sorprendió con la vivacidad de la mitología grecolatina. 

La insignia de Pandora, dice que los dioses la dotaron de todas las gracias y talentos; entretanto, Zeus le dio una caja, donde estaban todas las desgracias y la mandó a Prometeo, que desconfiado, la envió a su vez a Epimeteo, quien se casó con Pandora que, por curiosa, abrió el cajón y dejó salir todos los males; sólo quedó al fondo, la esperanza. Otra versión cuenta que la caja estaba con las ofrendas que Zeus daba a Epimeteo, como regalo de bodas. Pandora la abrió por curiosidad, y todos los dones regresaron al cielo, menos la esperanza.

Moisés Baruch, en el diccionario halló que Pánfila, la hija de Apolo, era la divinidad protectora de las bordadoras de seda, y de las Parcas, averiguó que tienden a confundirse con las Queres y las Moiras. Hijas de Aquerón y Erebo, en general, las Parcas eran tres: Cloto, que presidía los nacimientos, y temía a la rueca; Láquesis, que giraba el huso, y Átropos que cortaba el hilo. Abajo, en el breve diccionario, a modo de colofón, tropezó con autores que solo nombraban 2 Parcas: Opis (o Némesis) y Adrastea, ayudantes de Zeus en la lucha contra los Gigantes y los dioses. Conocidas también como las Pepromenes

  •    La Tercera Puerta (o la Puerta de Prometeo).

En la vida de los que saben economía, paradójicamente son incapaces de administrar sorpresas, y es por eso que a Moisés Baruch lo sorprendió saber que Prometeo, (Hijo del Titán Japeto y de la Oceánide, Climene: hermano de Atlas, Menetio y Epimeteo; padre de Deucalión), creó al hombre del barro de las tierras y para darle vida, robó el fuego del cielo. Zeus le mandó con Pandora la caja con todos los males, a Prometeo, pero desconfiado se la mandó a su vez a Epimeteo. Hefesto por orden de Zeus lo encadenó en el Cáucaso donde un buitre devoraba firmemente sus tripas. Fue salvado por Hércules, mientras Quirón renunció a la eternidad a favor de Prometeo.

La revisión bibliográfica lo hizo revisar los personajes judíos célebres, y los primeros fueron Moisés y Jesús de Nazaret, profetas más conocidos si se comparan, por ejemplo, con otros profetas importantes (persas o indostánico) como Zoroastro o Buda. Jesucristo (0-32) conocido en el planeta como Jesús de Nazaret. Nació en Belén y se convirtió en predicador. Su muerte y sufrimiento le convirtieron en el Mesías, figura salvadora del judaísmo, y luego fundadora del cristianismo. La religión cristiana lleva el nombre por Cristo. Y Moisés el tocayo de Baruch. (s. XIV a.C.-s. XIII a.C.) venerado como profeta, legislador y líder espiritual, el profeta más célebre del judaísmo. Las creencias sagradas lo colocan como encargado de conducir al pueblo hebreo hasta la tierra prometida, liberándolo de la esclavitud en Egipto.  

Con el asunto del linaje, a Baruch, todo eso le concedía una seguridad para estar al tanto que el hombre y sus dolencias, son en sí manejables, si se tiene cordura y sabiduría. Dos de los instrumentos o valores agregados que no se compran en la botica. 

La investigación lo sorprendió incursionando en el mundo de la ciencia, la literatura, la economía y las artes. Si algo lo hacía rico, no fue su caudal en el banco, era su capacidad para discernir, que importaba saberse para trascender, y que debía prescindirse, para poder quedar como una tasa vacía, pues la mente solo puede usarse cuando está vacía, como una tasa, y que entonces así y solo así, puede rellenarse de cognición efectiva y productiva. Fue entonces que decidió traspasar la puerta de Prometeo o la puerta del hombre que del fango esculpió todo un cosmos mental a imagen y semejanza del mismísimo universo.    

Albert Einstein (1879-1955) y Julius Robert Oppenheimer (1904-1967) fueron los dos científicos judíos más influyentes de la historia moderna de la filosofía de la naturaleza o “la física” como se le conoce, además de ser expresión matemática de los fenómenos naturales. Einstein, quizá el más celebrado por la teoría de la relatividad y Oppenheimer por dirigir el proyecto Manhattan y la bomba atómica. Mientras el judío Sigmund Freud (1885-1939), inspeccionaba el fenómeno más complejo del hombre, su mente, a través del psicoanálisis, el otro cosmos íntimo, además de tipificar los complejos de Edipo y Electra. Una hilera de judíos maravillosos desfiló por los ojos de Baruch, que atravesó su propio mar muerto para enterarse de qué fibra sublime estaba hecho el pueblo de Canaán del que provenía. 

Albert Einstein (1879-1955) científico alemán de origen judío y uno de los personajes más relevantes del siglo XX, especialmente por su teoría de la relatividad. Fue ganador del premio Nobel de física en 1921. Julius Robert Oppenheimer (1904-1967) conocido como el padre de la bomba atómica. Fue un científico judío estadounidense y el primer físico teórico de su país. Sigmund Freud (1885-1939) calificado de las figuras intelectuales más relevantes del siglo XX. Fue un médico austriaco-checo de origen judío y es el padre del psicoanálisis. Jonas Edward Salk (1914-1995) Científico estadounidense de origen judío, por haber sido el epidemiólogo que desplegó la primera vacuna contra la poliomielitis.

Entre los escritores le llamó la atención Annelies Marie Frank (1929-1945), conocida por el libro Diario de Ana Frank, que describe cómo vivió ocultándose con su familia durante dos años y medio en Ámsterdam durante la 2da. Guerra Mundial. Norman Mailer (1923-2007) Uno de los grandes escritores del siglo XX, considerado, junto a Truman Capote, como el creador del periodismo literario. El autor norteamericano tuvo a su cargo la biografía de Marilyn Monroe y Lee Harvey Oswald (asesino de J.F.Kennedy) y ganó el premio Pulitzer por La canción del verdugo. Frida Kahlo (1907-1954). Amedeo Modigliani (1884-1920) Pintor y escultor italiano, murió a los 35 años de tuberculosis, antes de que su obra fuera valorada. Imre Kertész (1929-2016) Sobreviviente de los campos de concentración de Auschwitz y Buchenwald. Se consagró como escritor húngaro y ganador del premio Nobel de Literatura en 2002. Fue reconocido por su obra más notable, Sin destino, considerada una de las obras más importantes del siglo XX donde narra la historia del joven Imre Kertész en los campos de concentración nazis.

No podía faltar Karl Marx (1818-1883) economista, periodista, intelectual y escritor, fue quien cambió para siempre las ciencias sociales con sus análisis del capitalismo y la plusvalía. considerado el padre del comunismo moderno, el materialismo histórico y el socialismo científico. Convencido de que la revolución era la manera de superar las crisis del capitalismo, su principal obra fue El capital, publicada en 1867. Y su otro tocayo Baruch Spinoza (1632-1677) uno de los principales filósofos del siglo XVII, siendo Ética su obra cumbre. Racionalista, metafísico y crítico, en 1656 fue excomulgado de la comunidad judía por su heterodoxia sobre el concepto de Dios.

La lista se extendió a León Trotsky (1879-1941), Shimon Peres (1923-2016), Ariel Sharón (1928-2014), Elliott Abrams (1948); Woody Allen (1935), Steven Spielberg (1946), Oliver Stone (1946), Kate Hudson (1979), Harrison Ford (1942), William Shatner (1931), Gwyneth Paltrow (1972), Natalie Portman (1981), Paul Newman (1925-2008), Jerry Seinfelds (1954), Bob Dylan (1941), Primo Levi (1919-1987), Elie Wiesel (1928-2016) Roman Polanski (1933) y  Marcel Marceau (1923-2007). 

Cansado Moisés Baruch sin creer lo que sus ojos habían visto, se quedó dormido a un lado de la chimenea donde la Torá reposaba junto a la Menará y su kipá arrugado por el sudor de una mano apretada. Y a la sazón soñó con Pandora, y en su caja de pecho vivía intacta la esperanza, mientras todos los males del mundo habían regresado al paraíso y una hebrea sonrisa de deleite proyectaba de qué estaba hecha Canaán, su tierra prometida…     

MAFC

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