#OPINIÓN Morris Berman: Las patologías de América contemporánea #15Abr

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Morris Berman, nacido en 1944, abandonó casi a la carrera su país en 2005, casi una huida, pues como agudamente reflexiona “en Estados Unidos todo el mundo habla negocios, dinero y de nada más”, las relaciones son en tal sentido instrumentables, manipulables. Es mi patria -afirma este critico cultural, filósofo, poeta y matemático- un país sin centro moral, que va inexorablemente al derrumbe, se desmorona, algo que guarda notables semejanzas con la caída del orgulloso Imperio Romano de la antigüedad, afirma.

 Sus libros son increíblemente densos e interesantes y se constituyen como una requisitoria moral al arrogante mundo de la cultura de Occidente, y sobre todo a los Estados Unidos, un país que transita, afirma rotundamente, un callejón sin salida (América de la edad oscura.2007). Desde sus orígenes esta nación albergaba las semillas individualista, imperialista y maniquea, que se expresa en un discurso binario: nosotros somos los buenos, los demás son los malos. Estados Unidos es un país de ciudadanos ignorantes y cínicos para quienes los centros comerciales son los nuevos templos donde practican su religión civil.

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La evolución de la conciencia humana ha sido uno de sus temas preferenciales (Cuerpo y espíritu   ). Le tengo gran estima pues él ha comentado una idea que me ha cautivado desde hace décadas: el “Tiempo Eje” del filósofo alemán Karl Jaspers, una alteración profunda del pensamiento que se produjo entre el 800 y 200 antes de Cristo. El pensamiento humano pasó de lo mimético a lo mítico y a lo teórico con Buda, Moisés, Confucio, Thales de Mileto. 

 Sus afirmaciones de que “el marxismo y el antimarxismo son otras formas de tribalismo, pero conciencia racional y conciencia tribal se necesitan”, es verdaderamente sorprendente y original. Con Max Weber coincide Berman en que el judaísmo fue la primera religión racional, pero que con el tiempo se endureció en el legalismo y el fariseísmo, un ritual sin contenido.

Dos imperios decadentes: Roma y Estados Unidos

Dice que cuatro semejanzas guardan el decadente Estados Unidos de hogaño con el decadente Imperio Romano de la Antigüedad: profunda división entre pobres y ricos, unos 50 millones de pobres, se estima; una enorme deuda nacional en gastos faraónicos, unas 800 bases militares esparcidas por el orbe; Un gran capital de estupidez, cultura maestree; depresión psicológica y emocional que ha conducido a la gente al alcohol y las drogas masivamente, masacres en las escuelas. Existe un amor patológico entre los hombres y las armas. El crepúsculo de la cultura americana, 2000. Pareciera que el candidato a la presidencia Robert F. Kennedy Jr.  abreva y nutre del discurso de Berman cuando dice “mi tío ni mi padre reconocerían la versión de Estados Unidos de hoy. Nos hemos convertido en una nación de enfermedades crónicas, violencia, soledad, depresión y división.”

Y en ninguna parte, excepto quizás en la sociedad análoga de la Roma pagana, escribe el filósofo Morris Barman, ha habido nunca un florecimiento de lujurias y vanidades baratas, mezquinas y repugnantes como en el mundo del capitalismo, donde no hay mal que no sea fomentado y alentado por el bien de hacer dinero. Vivimos en una sociedad cuya política consiste en excitar todos los nervios del cuerpo humano y mantenerlos en el más alto grado de tensión artificial, tensar hasta el límite todos los deseos humanos y crear tantos deseos nuevos y pasiones sintéticas como sea posible, a fin de satisfacerlos con los productos de nuestras fábricas, imprentas, estudios cinematográficos y todo lo demás.

El desencantamiento y el reencantamiento del mundo

Es nuestro mundo hogaño un mundo desencantado por la ciencia y la técnica, un mundo que ya no maravilla y nada tiene de mágico como fue siempre antes del siglo XVI. La matematización de la ciencia moderna le ha quitado su encanto, ha muerto la conciencia participativa con la que se da inicio a lo humano hace miles de años. La primera y más brutal víctima de la matematizacion de la realidad natural fue la medida del tiempo con la invención del reloj mecánico, lo que ha creado una segunda naturaleza abstracta e impersonal, como sostiene el historiador estadounidense de la ciencia Lewis Mumford (Técnica y civilización).

 Con Descartes, Newton y Bacon se inicia nuestro extrañamiento fatídico del mundo. Ahora somos observadores externos del mundo y no parte de él. No hay fusión extática con el Universo sino distanciamiento. Ya no pertenecemos al Cosmos. No podemos volver al animismo o a la alquimia que interesó a Newton, debemos construir opciones nuevas de participación holística entre humanos y con la Naturaleza. Pero hay muchos charlatanes que ofrecen mundos paradisiacos, la New Age, una masa amorfa de ecologistas, ocultistas y románticos pastorales. Intentos ingenuos de volver a la época feudal o a un mundo feliz huxoliano.

Debemos plantearnos una ecología de la mente que reconecte a los seres humanos al mundo natural, volver a la enseñanza profunda contenidas en los mitos, la sabiduría de los primitivos, los algoritmos arcaicos del corazón. Occidente- escribe Carl Sagan- ha desconfiado secularmente de la intuición, los ensueños, fantasías, mitos (Los dragones del Edén. Especulaciones sobre la evolución de la inteligencia humana P.162). Se atreve Sagan definir la ciencia como pensamiento paranoide aplicado a la Naturaleza (p.190).

Debemos retornar sin complejos a la ensoñación, mitos y fantasías como formas legitimas de conocimiento. Reconocer que la mayoría de las enfermedades son respuestas a un ambiente física y emocionalmente perturbado.  El cuerpo debe ser visto como una parte de la cultura, lo que redundaría en una radical disminución de la represión sexual de la que nos habló Freud en El malestar de la cultura, 1932. Nacimiento y muerte deben ser tomados como algo natural. Renacimiento de las familias extendidas, abuelos y nietos cobijados bajo un mismo techo, un fin al juego de roles y a las falsas imágenes de sí mismo, la arrogancia del yo, que han desacralizado tanto a las relaciones humanas. El ideal sería una persona caleidoscópica, con muchas características, con una gran fluidez de intereses.   

La sociedad industrial ha creado sombras reprimidas de la civilización que deben emerger: la feminidad, lo salvaje, lo infantil, lo corporal, lo creativo, lo oculto, lo que pertenece al corazón y a la cultura de las periferias rurales, una auténtica “contracultura del rescate”, recuperar nuestros cuerpos, salud, sexualidad, la mente inconsciente, ligazón con los otros, tradiciones arcaicas, enraizamiento de la tierra (Topofilia, la llama Yi Fu Tuan).  Será un intento de rescatar lo que hemos perdido desde que se inició la Revolución Científica del siglo XVII. Es un intento de recuperar el futuro. El mundo deberá volver a ser animista y holístico antes que mecánico y distante del yo.

El sueño americano

Es todo lo anterior el dramático fracaso evidente del sueño americano, agrega Berman, un sueño que es imposible realizar porque necesitaríamos de cinco planetas Tierra para realizarlo, y ¡sólo tenemos uno! Se basa tal sueño en algo imposible: la expansión contínua y acelerada de lo económico y tecnológico. Acumular dinero y automóviles no es un camino espiritual. El crecimiento siempre ascendente del PIB es insostenible. Hace más de medio siglo que lo advirtió el Club de Roma, quien propuso el crecimiento cero para evitar el desastre. Pero parece que Occidente hace caso omiso a tan dramática y urgente advertencia. La patología consumista gobierna planetariamente en la actualidad. El sueño americano es el gran responsable de la gigantesca crisis migratoria sin control que sufre el continente americano.

La democracia en Estados Unidos

Para los estadounidenses la destrucción de la democracia por Donald Trump y sus secuaces no es importante. Lo que importa al ciudadano medio es la inflación y el precio de los comestibles, el precio de la gasolina. “Estoy seguro- dijo Berman en 2022- que Trump no irá la cárcel.”  Aquel asalto al Capitolio fue una herida mortal que no tendrá reparación por muchísimo tiempo. Es que la dualidad paradójica constitutiva de Estados Unidos, democracia hacia adentro, imperio hacia afuera, que dijera Carlos Fuentes, pareciera que se ha resquebrajado en ese enero aciago de 2022.  

La vicepresidenta Kamala Harris es, dice Berman, deficiente: contesta a las preguntas con tautologías y redundancias: “Hay una línea de tiempo que es una línea de tiempo.” Tener una vicepresidencia de ese nivel es increíble, dice Berman.

Capital de estupidez

Los muchachos en las escuelas norteamericanas no saben ubicar a Estados Unidos en un mapamundi, han olvidado la guerra de Vietnam, no conocen y no re-conocen los “Padres Fundadores.”. Una desintegración cultural. La cultura de la actualidad es una caricatura de la cultura que fue. Existe comida chatarra y chatarra espiritual. El entretenimiento masivo ha sepultado al pensamiento crítico.  No hay recuperación del ímpetu de los últimos 400 años, siglos de violencia y ajetreo, anti-intelectualismo y vacío espiritual. Apenas un único presidente intenta revertir la calamidad de la cultura alienada: Jimmy Carter, pero fue derrotado por un neoliberal a ultranza que fue Ronald Regan, quien ofreció más automóviles, más neveras, más ordenadores.

En México

 Ahora vive Berman en México, un lugar donde existe un espacio para la imaginación, los sueños y el delirio. El surrealismo camina por sus calles. Mi primera vistita-dice- fue en 1979 y de inmediato sentí una íntima conexión. No fue algo salido del intelecto, racional, sino que fue intuitivo, visceral. En México es posible la vida cotidiana, existe sentido espontáneo de colaboración y ayuda, lo que no existe en mi país, pues allí todo es valor económico. Las personas no son tal, son objetos. En México la amistad es real.

 El individualismo anglosajón y protestante va en vías de destruir la sociedad.  La Iglesia Católica, por el contrario, ha creado en Latinoamérica un sentido de lo comunitario y societal que no aparece casi ya en Estados Unidos. El resto de la humanidad ve este comportamiento como tóxico, supone la destrucción de la humanidad. Estas sorprendentes afirmaciones de Berman me hicieron recordar a Octavio Paz quien escribe El laberinto de la soledad precisamente como una contraposición (spoon-cuchara) al mundo anglosajón protestante visto desde su natal México. Es precisamente con el Nobel de Literatura mexicano con quien Berman comienza su libro El reencantamiento del mundo (The Reenchantment of the World):

“Dios no pudo convivir con la filosofía: ¿puede la filosofía vivir sin Dios? Desaparecido su adversario, la Metafísica deja de ser la ciencia de las ciencias y se vuelve lógica, psicología, antropología, historia, economía, lingüística. Hoy el reino de la filosofía es ese territorio, cada vez más exiguo, que aún no exploran las ciencias experimentales. Si se ha de creer a los nuevos lógicos es apenas el residuo no-científico del pensamiento, un error de lenguaje. Quizá la Metafísica de mañana, si el hombre venidero aún siente la necesidad del pensar metafísico, se iniciará como una crítica de la ciencia tal como en la antigüedad principió como crítica de los dioses. Esa Metafísica se haría las mismas preguntas que se ha hecho la filosofía clásica pero el lugar, el desde, de la interrogación no sería el tradicional antes de toda ciencia sino un después de las ciencias.”

Corriente alterna

A contracorriente del marxismo que encuentra que la crisis de la cultura de Occidente tiene raíces económicas y sociales, Berman enfoca las transformaciones de la mente humana, muy a la manera en como en su tiempo lo hiciera Max Weber, como indicador clave de la gigantesca problemática existencial que sufre tal cultura.  Una pérdida de significado religiosa y filosófica que tiene lugar en la modernidad europea temprana. Vivíamos antes del siglo XVI en un mundo encantado, donde por paradójico que perezca nació el pensamiento racional griego y santo tomas de Aquino escribió la Summa Teológica. Luego nos hemos distanciado del Cosmos, ya no somos parte de él, hecho dramático sucedido gracias a la visión científica del mundo que sustituye a la visión bíblica del mundo que daba cuenta y explicación satisfactoria de todos los acaeceres del mundo físico y espiritual.

La conciencia científica es una conciencia alienada.  Europa y con ella la cultura de Occidente perdió la razón colectivamente. ¿La solución? Volver de alguna manera al mundo encantado en que vivió la humanidad antes del siglo XVI. Propone Berman el “Nuevo Individuo Monástico (NIM), unos seres humanos que a semejanza de los monjes medievales salvaron la cultura greco-romana de la antigüedad refugiándose en el pensamiento sereno y la reflexión, aquellos que están dispuestos a rechazar la cultura chatarra en nombre de la verdadera civilización.

Morris Berman es destacado representante de una conciencia crítica americana que pugna por hacerse oír. Un nuevo profeta quizás. ¿Tendrá algún éxito esta voz que clama en el desierto? Solo el tiempo lo dirá.

Luis Eduardo cortés Riera
[email protected]

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