Las voces de Penélope – Las trompadas de Trump

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Lo único originariamente estadounidense son los escasos descendientes de la población indígena originaria, hoy recluida en las Reservas. El enorme territorio estaba allí cuando llegaron los colonos holandeses e ingleses. De toda Europa llegarían en sucesivas oleadas de inmigración, especialmente en barcos, los inmigrantes de diversos orígenes y religiones, quienes conformaron las primeras ciudades de las cuales, Nueva York es un buen ejemplo, cuyos fundadores, según datos recientes del historiador Russell Shorto, en “Manhattan, la historia secreta de Nueva York”, no fueron los ingleses sino los holandeses, los que fundaron en 1626, “Nueva Amsterdam”, en la punta de Manhattan, cuarenta años antes de la fecha “oficial” , que atribuye a los ingleses su fundación en 1664.
Archivos contentivos de unas 12.000 páginas de cartas, diarios y documentos legales, que permanecían ignorados aunque traducidos, en la Biblioteca del Estado de Nueva York, atribuyen a la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales, la fundación de una colonia cuyos pobladores iniciales serían «empresarios, exploradores, piratas, prostitutas y pícaros» de toda Europa. A la larga los nuevos espíritus libertarios y de tolerancia surgidos en Holanda, convertida en especie de crisol de las ideas de avanzada en Europa, a raíz de su desprendimiento del imperio español, traerían vientos de independencia en los pobladores ante la Compañía. Vientos frustrados por la guerra anglo-holandesa, al ser tomada por los ingleses, dada su importancia estratégica en el río Hudson.

Para el historiador, “Las colonias inglesas y holandesas representaban los extremos conservadores y liberales del siglo XVII”, lo cual nos da pistas no sólo históricas sino culturales. “A ellas -añade- se remontan las dos Américas de hoy, la urbana y la rural, la republicana, unitaria, y la demócrata, formada por muchos grupos. «Es una generalización útil para entender el país». País que integra lo mejor y también lo peor de ambos continentes, asunto que requiere más espacio para argumentarlo, pero que incluye la percepción de lo latinoamericano, como menos valioso y en consecuencia, sujeto a la dominación. Pensar que no sólo México ha de padecer el Muro sino que además ha de pagarlo, es un buen ejemplo.

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De dicha tradición viene el señor Trump: madre irlandesa, padre alemán y esposa de origen esloveno nacionalizada apenas en el 2016, lo cual da al hijo de ambos la condición de hijo de inmigrante. Afirmación que nos permite visualizar esquemáticamente lo que sigue siendo una sorpresa: que Trump sea presidente de los EEUU y Nueva York la ciudad más removida, no sólo por el conservadurismo sino por la enorme ignorancia del elegido. Aunque tomada por los ingleses, ya tenía dentro de sí la semilla de la diversidad, presente en las sucesivas oleadas de inmigrantes de todo el mundo, que conforman la cosmopolita ciudad, definida por sus rasgos comerciales y la variedad de sus orígenes étnicos y multiculturalidad, emblema de la nación más poderosa del mundo.

Sin olvidar el reiterado intervencionismo militar en otros países, las “trompadas” de Trump abarcan el afuera y el adentro de los EEUU. Expresan la exclusión, racismo e intemperancia, que alcanzan no sólo al sector de los inmigrantes, sino a su propia gente, especialmente a los que sí creen y defienden las formas avanzadas de la democracia y que deberán revisar, si de verdad es justo y representativo, su sistema de nominación y elección de candidatos. Trump no está haciendo nada diferente a lo que prometiera en campaña. Su discurso reciente será parte de la antología contemporánea de los desaciertos no solo políticos, sino de la humanidad.
Serrat resume lo que muchos pensamos: ”Los muros son el resultado de muchas fronteras anteriores, de muchos prejuicios, de muchos miedos, de mucho egoísmo. Todo esto no ayuda a que nosotros como especie avancemos por un camino armónico. A veces me pregunto si saben los que los levantan, que los muros dan a los dos lados. ¿A quién encierra la tapia, al que está a un lado o al que está al otro, al servidor o al servido? No es lo mismo que te impidan el camino cuando vas de paseo que cuando vas a ganarte el sustento. Y lo que muestra el muro, en definitiva, es incapacidad, impotencia, revela el miedo del que lo levanta.

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