#ESPECIAL El legado de Juan Páez Ávila

Juandemaro Querales / Foto: Archivo |

Este periodista atento a las noticias del país y del extranjero, para comentarlas y fijar una opinión, es también un escritor incansable a tiempo completo, que cultiva la novela, el cuento, las memorias, pensando en una sola cosa: sus lectores.

Lo he seguido a lo largo de muchos años, tomándole el pulso a su abigarrado y diverso universo de palabras. El campo, la ciudad, lo híbrido en una sociedad que ha tenido altos y bajos; como ahora cuando vive una honda crisis y se teme por su desaparición.

Ahora el autor caroreño le da calor al Centro de Estudios Literarios Juan Páez Ávila, adscrito a la Universidad Pedagógica Luis Beltrán Prieto Figueroa, de Barquisimeto. Instituto de investigaciones con unas líneas de trabajo epistemológico, basado en el autor epónimo, la literatura venezolana y latinoamericana, con especial énfasis en lo que se viene haciendo en nuestra región larense.

Este centro de investigación está conformado por escritores y poetas muy valiosos como Reinaldo Chaviel, Wilfredo Páez, Gorquin Camacaro, quienes llevan a cabo un trabajo de divulgación y creación que pone el acento en el texto y en el autor.

La teoría literaria, la crítica especializada, el ensayo universitario, que tiene a la academia como referencia obligatoria junto a este centro de alta formación académica, en un momento en que están asediados por los enemigos de la inteligencia quienes les niegan recursos financieros, y soportan una campaña de desprestigio, hacen más admirables su funcionamiento y se eleva el papel en estos casos de la autonomía y la democracia.

Carohana, órgano de divulgación del Centro, ventana virtual que ha preparado ediciones monográficas sobre escritores como Luis Beltrán Guerrero, Guillermo Morón y recientemente Umberto Eco, es un modelo a seguir ahora cuando escasean los recursos.

Este centro literario, heredero del Centro de Investigaciones Literarias Gonzalo Picón Febres, de la ULA, dirigido por notables académicos como Lubio Cardozo, Juan Pintó, Alberto Rodríguez Carucci; o el Centro de Investigaciones Literarias de la UCV, presidido por notables profesores de la talla de Gustavo Luis Carrera y Oswaldo Larrazábal, fijaron su momento en la historiografía de la literatura en Venezuela. Instituciones a las que se deben la publicación de El Diccionario de Autores Venezolanos; Los Mártires, de Fermín Toro, primera novela venezolana; estudios de autores paradigmáticos, movimientos estéticos como el romanticismo o el realismo americano, en su versión del llano, la pampa, la selva o la cordillera.

El Centro de Estudios Literarios Juan Páez Ávila promueve la investigación y la creación, manteniendo una programación de seminarios, talleres y simposios. Fomenta la crítica literaria, con el énfasis puesto en la semiología y la lingüística, con la profesora Daysi Orellana de Rosas; o el estudio monográfico de la cuentística de Guillermo Meneses, de Reinaldo Chaviel; también los trabajos sobre Alí Lameda y los escritos sobre efemérides de escritores, de Luis Cortés Riera, materiales que han sido resaltados en las páginas bimensuales de Carohana.

Quiero hacer extensiva mi admiración por el Centro de Investigaciones Literarias, proponiendo una alianza con la especialización en literatura hispanoamericana que mantenemos en el Ateneo de Carora Guillermo Morón desde hace algunos años, actividad que no se enclaustre a lo meramente académico sino con la actividad editorial, por lo que mantenemos publicaciones tradicional y virtual, con estrechas relaciones con escritores de la región, en especial con la vecina Colombia, donde vive nuestro mentor y maestro Gilberto Abril Rojas.

Sería ideal que uniéramos los esfuerzos que hacemos en nuestro querido estado y nos galvaniza, la academia de Vargas y los nombres de Luis Beltrán Prieto Figueroa y Juan Páez Ávila.

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