La historia de un yaracuyano contra los japoneses

Luis Alberto Perozo Padua Fotos y fuente: Instagram/Venezuela Inmortal | Fotografía: Archivo |

Manuel Antonio Prince Veroes nació en Aroa, estado Yaracuy, el 16 de junio de 1914, un
mes antes que iniciara la Primera Guerra Mundial. Cuando cumplió 13 años de edad partió
a Nueva York con su hermano mayor que lo invitó a buscar nuevos horizontes. Con poca
dificultad aprendió inglés y posteriormente se inició en el oficio de mecánica automotriz,
reparando los famosos taxis Yellow Cabs.

Las imágenes -bien conservadas-, obtenidas de la formidable cuenta de Instagram:
Venezuela_Imortal, reflejan que a pesar de los años, Manuel sigue siendo un hombre cuyo
ejemplo está latente.

Con su traje de gala, quepis, insignias y preseas, se nota que era un joven que había
encontrado disciplina en la Fuerza Armada. De cuerpo robusto, mediana estatura y una
mirada apacible, se aprecia claramente en las tres gráficas publicadas en la citada cuenta.
Pero detrás de estas fascinantes fotografías hay toda una fascinante historia, pues Manuel,
ya con una situación estable en América del Norte, su vida dio un cambio radical cuando
Estados Unidos declara la guerra a Japón tras el ataque sorpresa efectuado por la Armada
Imperial contra la base naval norteamericana en Pearl Harbor la mañana del domingo 7 de
diciembre de 1941.

Manuel fue enrolado en Us Army según la ley que obligaba a residentes con más de tres
años a luchar por ese país. Asignado al Batallón 182 de la División 23 del Ejército
norteamericano, mejor conocida como AmeriCal, esta unidad fue activada en Nueva
Caledonia en mayo de 1942, y se reconocía por su blasón azul con las estrellas de la cruz
del sur. Cuando Manuel ingresó a la citada unidad, estaba formada principalmente por
personal hispano.

Probado heroísmo

A finales de ese año, Manuel y su unidad, realizaron un largo periplo en los barcos de
transporte de las US Navy hacia las islas ocupadas por Japón. Sería en octubre de ese año
cuando lo encontró la guerra propiamente dicha, en el combate de Guadalcanal, en la
desembocadura del río Matanikau.

Los primeros en desembarcar fueron jóvenes marines de 18 años. Manuel tenía 28 años por lo que su división sería la segunda en bajar de los transportadores. La primera impresión lo paralizó, al subir a la playa y ver numerosos cadáveres de los marines sobre la arena y flotando en la orilla.

El refuerzo que dio su regimiento a los marines, les permitió a los estadounidenses tomar el monte Austen, en enero de 1943, consolidando el Campo Henderson que era la base aérea para los primeros ataques contra Japón.

Pronto sus compañeros latinos bautizaron a Manuel con el apodo de “el brujo”, debido a la
manera en que confrontaba el combate evitando la muerte pero enfrentando con coraje a
los japoneses. Pronto fue ascendido a sargento por el arrojo en el campo. Diestro en el
manejo de morteros de 81mm para apoyo avanzado.

Navegó Manuel por todo el Pacífico durante 3 años, obteniendo varias medallas en
reconocimiento a su valor en el campo de batalla. En 1945, cuando Japón firma la
rendición, el insigne yaracuyano retorna a Estados Unidos como héroe de guerra.
Un año más tarde, regresa a su natal Yaracuy con una pensión del gobierno norteamericano, y fija residencia en Barquisimeto, donde abrió un taller de reparación de vehículos que lo mantuvo activo hasta sus días finales ocurrido en el 2003.

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