Notas Pastorales – Vigésimo Octavo Domingo del Tiempo Ordinario /B: “La Salvación Eterna”

“Como saliera Jesús de camino, un hombre corrió a preguntarle arrodillándose ante Él: Maestro bueno, ¿Qué debo hacer para heredar la Vida Eterna? (Mc 10,17)

Salvarse de la muerte, es escapar de morir en un accidente o en una enfermedad por ejemplo. Quiere decir, conservar la vida en el tiempo.

La Salvación en ese sentido dice relación a protección, curación, vida o paz. En esta perspectiva, pero más integralmente, tanto en el tiempo como en la eternidad, Dios es Salvación

El concepto de que Dios salva a sus seguidores, a los seres humanos, es un lugar común a todas las religiones.

De esta manera, el pueblo elegido cuando en un momento difícil se siente librado por Dios, bien sea a través de un hecho milagroso, bien ofreciéndole un jefe o guía humano, que le sepa dirigir y llevar al triunfo en circunstancias tales, comprende lo que significa “La Salvación de Dios”

Así pues, por intermedio de David, salvó Yahvé, a su pueblo de la destrucción a manos de sus enemigos: “Y ahora háganlo así, porque Yahvé ha dicho a David, por medio de mi siervo, Yo librare a mi pueblo… de la mano de los filisteos y de todos sus enemigos”. Lo mismo hizo Yahvé, por medio de Saúl, Sansón y Gedeón, entre otros (Jueces 13,5; 6,14) En efecto, en el periodo del Éxodo, Dios rescata a su pueblo y lo Salva: “Moisés, dijo al pueblo, no teman, estén tranquilos y verán la victoria, que les dará Yahvé…” (Éxodo 14,13)

Pero también, ya anteriormente Yahvé, salva a los hijos de Jacob, por intermedio de José (Génesis 45,5)

También salva a Noé, de las aguas del diluvio: “todos los seres vivientes, sobre la superficie de la tierra, fueron exterminados, hombres y bestias, reptiles y aves del cielo, desaparecieron sobre la tierra, únicamente quedo Noé y los que estaban con él, en el Arca” (Génesis 7,22-23).

De este modo se entiende que en todo grave peligro, el pueblo elegido acude a Yahvé, para salvarse de ser destruido.

Ya que comprende que fuera de Dios, no hay salvación (Isaías 43,11; Oseas 13,4).

La salvación, entonces viene a ser el actor esencial de la justicia victoriosa   de Dios.

Hasta tal punto que las narraciones postexílicas, cantarán jubilosos el gozo inefable de esta salvación: “¡oh! Véanle, el Dios de mi Salvación, confío en él, no temo, porque mi fuerza y mi júbilo es Yahvé, Él es mi Salvación” (Isaías 12,2)

“Además los sabios, hacen también referencia a la Salvación de los justos, en el último día. Entonces   estará el justo con mucha seguridad, frente a los que le han oprimido y los que menospreciaron sus fatigas. Viéndolo temblaran con terrible espanto, al verlo salvo, contra toda esperanza.

Se dirán desengañados y gimiendo con angustia, este es el que en otro tiempo tuvimos por objeto de burla y prototipo de escarnio.

Necios nosotros, que tuvimos su vida por locura, y su fin sin honor. Cómo fue contado entre los hijos de Dios, y participa de la suerte de los Santos” (Sabiduría 5,1-5)

La Salvación pues, esta ligada al Reino de Dios, y es equivalente a la felicidad, paz íntima, y realización en el Todopoderoso.

Hemos hecho una síntesis de lo que significa Salvación, desde la perspectiva del Antiguo Testamento, en otras oportunidades, nos referimos a la Nueva Alianza.

La Salvación en el tiempo y en la eternidad, será lo que defina sustancialmente, nuestro éxito o fracaso en la vida.

Hay mucha gente, que cree que no va a morir nunca; se creen eternos; no piensan en la muerte, pero resulta que si fracasamos en la Salvación eterna, fracasamos como personas, como familia, empresarios, como sindicalistas, como obreros, como sacerdotes, como ricos o como pobres.

Solo si nos salvamos eternamente, hemos triunfado, somos triunfadores.

Seremos triunfadores si desde la gracia Divina y la fe con obras, nos salvamos, es decir podamos vivir para siempre con Dios.

Pensemos, luchemos y conquistemos desde la fe, la gracia y las obras buenas, la Salvación Eterna.

Hoy se celebra el día de la Evangelización en América Latina.

El drama de nuestro tiempo

Vaticano.- El drama de la soledad de las personas, en medio de un mundo que vive la paradoja de estar globalizado y en el que son cada vez más los que están solos. …en el que vemos tantas casas de lujo y edificios de gran altura, pero cada vez menos calor de hogar y de familia”. “Son cada vez más las personas que se sienten solas, y las que se encierran en el egoísmo, en la melancolía, en la violencia destructiva y en la esclavitud del placer y del dios dinero”. También recordó a las muchas personas “que de hecho se sienten solas, no comprendidas y no escuchadas; en los emigrantes y los refugiados que huyen de la guerra y la persecución; y en tantos jóvenes víctimas de la cultura del consumo”.

Evangelio

Marcos (10,17-30): En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.»…. Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.»…» Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

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