Lecturas de Papel – Aberraciones

La Venezuela decente se despertó, hace menos de un año, con la espantosa noticia del llamado “niño de Guanare”. El menor fue sometido a torturas y violaciones continuas hasta desprenderle varios órganos internos y morir en medio de terribles dolores. Fueron varios adultos quienes cometieron tan vil y horrendo crimen. Toda una comunidad se movilizó frente a este acto de barbarie e inhumanidad. Hubo saqueos en el pueblo e intentos de linchamiento para los criminales. Fue la comunidad la protagonista en la exigencia de justicia.
Después vino la calma. La noticia se fue difuminando en medio de otras que hacían de esta apenas una nota trágica. Ya casi olvidada supimos de otro horrendo crimen. Esta vez fue en la Costa Oriental del Lago, en Cabimas. Donde un desnaturalizado hombre sometió a torturas a un infante, menor de dos años. Lo violó y no contento con ello, le colocaba su cabeza dentro de un tobo lleno de agua intentando ahogarlo. El menor finalmente murió. Fue noticia de varios días.
Ahora viene otra noticia también funesta y dolorosa. La de una mujer quien mantuvo por meses encerrada en una letrina a su nieta. La alimentaba con restos de comida y a pura agua. Sucedió en Machiques, al sur del Lago de Maracaibo. De apenas cinco años. Cuando lloraba la aberrada mujer calentaba un tenedor y lo apretaba contra los labios de la niña.
  Los vecinos alertaron a las autoridades quienes encontraron a la niña en franco proceso de desnutrición. La mujer fue puesta a las órdenes de la justicia y la niña enviada a un centro de rehabilitación. Después, el Ministerio Público ordenó la liberación de la abuela con régimen de presentación cada 15 días.
  Estos tres casos son apenas una ínfima muestra de los cientos de historias a las que son sometidos diariamente miles de menores de edad. Habría que mencionar aquellos quienes mueren en los barrios, urbanizaciones y zonas rurales como consecuencia de las riñas entre adultos o por las llamadas “balas perdidas”. Además de las “muertes psicológicas y espirituales” por familias que desprecian a sus menores hijos y por un Estado que en la práctica mantiene en desamparo alimentario, educativo y sanitario a estos seres humanos.
Pero lo que llama la atención es darnos cuenta cómo cada día aumentan los casos de tortura y violación contra infantes y niños. Cómo algunos adultos se ensañan contra la población más desvalida: los menores de edad. Eso muestra inequívocamente que existe un proceso de “enfermedad”, de síndrome de podredumbre humana, de tufo social que está mostrando el lado más oscuro del venezolano. Su capacidad para hacer mal al semejante. Y es hora de indicar y llamar a las cosas por su nombre: el venezolano también es malo, agresivo, capaz de cometer aberraciones como las descritas anteriormente. Seamos honestos y reconozcamos que la sociedad venezolana está enferma y parte de sus dolencias las está mostrando con rasgos de una criminalidad espantosa y brutal, como los llamados “coliseos” que semanalmente se ejecutan en las cárceles, como en la de Uribana, en Barquisimeto. Allí también los prisioneros juegan al fútbol usando como pelota las cabezas de los recién linchados y “ajusticiados”.
Todos, absolutamente todos los ciudadanos venezolanos somos corresponsables de estos sucesos sino denunciamos y callamos. Denuncia a quien maltrate a un niño. No calles cuando veas a un adulto golpeando a un menor de edad. Escucha a una niña cuando señale a un adulto que la manosea en sus partes íntimas.
Dile a tus hijos que no reciban caramelos ni regalos de desconocidos. Está atento con las personas más cercanas del menor de edad: son quienes generalmente pueden abusar de los infantes y niños. Sé responsable y denuncia al agresor. Tu participación y protección al menor es determinante para salvarle la vida.

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