FOTOS Tercer día de incertidumbre en Uribana

Juan Diego Vílchez Valbuena | JDV |

De reos a informantes y de informantes a negociadores. La realidad dentro del Centro Penitenciario David Viloria (Uribana) de Barquisimeto está descifrada para las autoridades con fácil acceso al recinto, pero oculta a los ojos de cientos de familias que desde el viernes permanecen a un kilómetro de la cárcel, sin información oficial, pues los únicos datos conocidos provienen de los internos que poseen celulares inteligentes, a los cuales han tenido acceso los medios de comunicación social.

Los privados de libertad que mantienen secuestradas a 18 personas del Ministerio del Poder Popular para el Servicio Penitenciario tienen bien identificado sus objetivos: dialogar para llegar a acuerdos sobre el régimen actual y entregar el penal (quieren paz); solo si se les garantizan sus derechos humanos, que aparentemente, han sido violados. Pero señalan con aplomo: “Si vienen por las fuerzas, recibirán lo mismo, pero queremos tranquilidad”, se escucha a través del hilo telefónico. Solicitan además, la presencia de representantes de la ONU para que sean mediadores: “Ellos son los únicos que pueden acabar con esta situación”, explica un familiar.

Se sienten débiles, pero firmes, testifican sus parientes. Quienes pueden conversar con los reclusos, perciben serenidad cuando expresan las condiciones físicas y emocionales de las rehenes, algunas de las cuales manifiestan que reciben un trato respetuoso. “Se comportan como unos verdaderos caballeros”, dijo a EL IMPULSO una de las secuestradas. Aunque indican estar bien alimentadas, lo contrario ocurre con los encarcelados, quienes supuestamente llevan más de 72 horas ingiriendo poco alimento y agua. “Quieren caramelos, pero no los dejan pasar”, comenta una madre preocupada porque desconoce la situación de su hijo.

De dolor y angustia

Entre el frío de la noche y el sol ardiente del día, padres, madres, hermanos, hijos y primos, resisten a la incertidumbre que desde el viernes 18 de marzo los tiene sometido. Algunas personas entre lágrimas cuando escuchan la Palabra de los pastores que realizan prédicas en el lugar, y otras repitiendo a cada segundo “no sé nada de mi hijo”, se apoyan entre sí a la espera de que alguna autoridad gubernamental se apersone y explique cómo será el proceso de negociación dentro de Uribana. Algunos comentan que según el Estado no hay nada que negociar, pero existen esperanzas de que se lleguen a acuerdos con beneficios para todos.

Las circunstancias en el interior de la cárcel parecen ser tan dramáticas, como en las afueras de la misma. Entre el monte y las cunetas de concreto de la vía principal hacia Uribana, conviven las familias. Ya se acostumbraron a dormir diagonal a la carretera, cubiertas tan solo con cartones y alguna que otra sábana. A esto, se le suma el abuso con la venta de alimentos o la prestación de algún servicio improvisado: un vaso pequeño con agua puede costar Bs. 50 bolívares, ir al baño Bs. 100 y cargar el celular con dos “rayitas” por igual precio. Ciertas personas aprovechan y se llevan envases con el vital líquido, pero otras deben esperan a que alguien les ofrezca un poco.

Su desesperación por saber sobre los internos es tan evidente, que cuando llega algún medio de comunicación social o representante de una ONG, conversan de inmediato para que sean portavoces de sus inquietudes. La repetición de una misma información entre las personas es una constante, y lo hacen, porque están inquietas, ansiosas por saber si el herido que llevaron al Hospital Central Antonio María Pineda y lo regresaron de inmediato, está estable o no, expresó una señora de la tercera edad, quien comentó que su pariente recibió un impacto de proyectil.

Son rutinas que ya forman parte del día tras día de los afectados. Lo único que cambia cada cierto tiempo, es la cantidad de uniformados de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) que conforman un ‘muro humano’ el cual divide a las familias de la cárcel.

Voces de indignación

Dentro de Uribana hay personas especiales. Belkis Briceño, vocera del Movimiento de Madres y Padres con Hijos Especiales de Lara, inspectora popular y miembro de alguna UBCH, dijo en tono directo que sería clara: “Como mujer: Iris Varela eres mi camarada, aquí estoy, sin miedo. Tú me conoces. Te lo estoy pidiendo. Esos discapacitados que están allá me duelen. Hago un llamado a la Gobernación de Lara, presidente de Corpolara, y todos los entes. Pedimos que se cumpla la Ley para las Personas con Discapacidad. Yo soy una de las que va a morir ahí adentro, porque ahí está mi gente, soy madre adentro. Ministra Varela, avóquese al problema. Aquí estamos las mujeres aguerridas y no nos vamos a mover. No queremos violencia, queremos humanismo”.

Su preocupación es similar a la del evangelista Andrés Rodríguez. Aseguró que quieren la presencia de los entes internacionales (ONU y OEA), porque “ellos (reos) no creen en las personas de Venezuela, pues hay mucho maltrato hacia los muchachos, que se están muriendo de hambre y los están golpeando”.

Estas son algunas de las tantas personas que no callan y se mantiene apoyando a sus familiares presos en Uribana.

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