Aquella Navidad en el Zulia

Julio Portillo F |

El cristianismo tiene la historia de amor más sublime, convertida en fiesta universal. Dios niño nace en una población insignificante, teniendo por madre a una muchacha sencilla que dijo al Creador “hágase en mi según tu palabra”. Un padre carpintero que protege a la madre y al hijo, rodeados de ovejas, mula, buey y pastores.

La llamada Navidad se conmemora desde la llegada de los evangelizadores. En la novela “Alonso e Isabel” de la escritora Marisol Marrero, que narra el amor del descubridor del Lago de Maracaibo, Alonso de Ojeda y la india Isabel, se habla de panecillos de leche y miel para estos días decembrinos. Pero los historiadores nativos José M. Rivas, David Belloso Rossell, Abraham Belloso, Regulo Díaz, Ciro Urdaneta Bravo, Fernando Guerrero Matheus y Guillermo Bustamante Flores, cuentan en sus escritos cómo eran estas costumbres zulianas.

Todo comienza con “la bajada de los furros” para la fiesta en noviembre de la Patrona del Zulia, la Virgen de Chiquinquirá. Ambiente musical que es un torbellino de alegría. Son las gaitas que desde 1668 tienen en el Zulia historia y clasificación. El abanico de religiosidad bulliciosa seguirá el mes entrante el día de la Inmaculada Concepción en La Cañada, la devoción a Santa Lucía en El Empedrado, la Virgen de la Altagracia en Los Puertos y San Benito de Palermo en el sur del Lago.

Han pasado las lluvias y “entra la brisa propia del mes de diciembre con los serenos días de la Navidad” dice David Belloso Rossell. Asilos, orfanatos, hospitales, oficinas públicas, frentes de las casas, la entonces Isla de Providencia, escuelas y liceos se llenan de arbolitos con luces de colores. Vienen los intercambios de regalos.

Llegan los amaneceres de diciembre con “la diana bulliciosa de las gargantas de los gallos caseros” dice Curibinda. Quedan atrás los problemas. Se reciben las utilidades, se compran los juguetes colocados debajo de la cama en la Nochebuena, como regalos del Niño Jesús. Regresan los universitarios del exterior y otras ciudades para unirse a los jolgorios del terruño.

Toda la familia prepara la comida navideña: hallacas de maíz y de plátano, ensalada de gallina, majarete, dulce de lechosa, ponche crema. Concierto de olores y sabores. Raigambre culinaria que recuerda nuestra hispanidad. España nos transmitió su manera de comer, nosotros les descubrimos la sensación del paladar.

En la calle, veladas, repique de campanas, patinadores, misas de aguinaldo, fuegos artificiales, “hielitos de diciembre” niños vestidos de pastores cantando villancicos: “Si la Virgen fuera andina y San José de los Llanos, el Niño Jesús sería un niño venezolano”.

El 31 de diciembre es unión, amor y paz. “Faltan cinco para las doce y voy corriendo a mi casa a abrazar a mi mamá”. Resplandece la fulgida luna llena del mes de enero. La epifanía de los Reyes Magos le trae a Maracaibo tres regalos : “la alegría del zuliano, la franqueza de mi mano y el saludo de un hermano, Maracaibo de mi amor”.

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