Sonríe que te embellece

Dijo un desconocido “Sonríe aunque sólo sea una sonrisa triste, porque más triste que la sonrisa triste, es la tristeza de no saber sonreír”.

La mayoría a de la gente cuando tiene un minúsculo espacio de poder se trasforma en un monstruo insoportable, creyendo equivocadamente que el tiempo y las circunstancias se congelarán y olvida que las cosas en algún momento podrían dejar de favorecerles, incluso la vida misma, porque hoy estamos, pero mañana quien sabrá, y teniendo la oportunidad de escoger entre buenos recuerdos y maledicencias seguramente preferiríamos que nos persiguieran los primeros.

Según un proverbio húngaro, “aquel cuya sonrisa le embellece es bueno; aquel cuya sonrisa le desfigura es malo”. Por cuanto hay quienes fingiendo simpatía esconden su maldad detrás una sonrisa. Hay otros cuyo sonreír es una morisqueta, siendo una expresión de burla. Pero una sonrisa sincera es como una brisa fresca para el espíritu de quien la da y de quien la recibe.

¿En cuántas ocasiones al acudir a una oficina pública, los funcionarios o las funcionarias han sido incapaces de mostrar un rostro agradable, como un recibimiento afable y cordial?, ¿Cuantas veces incluso en una empresa privada, los empleados te han recibido con un rostro amargo y de pocos amigos?

Sea cual sea nuestro oficio o nuestra profesión y sea cual sea nuestra posición en la sociedad o en la familia, ¿qué nos cuesta sonreírle agradable y sinceramente a nuestros semejantes?

La responsable es nuestra soberbia, y ella es un pecado capital, que impide vernos en los demás, creyéndonos equivocadamente superiores y por ocupaciones o cargos circunstanciales pateamos nuestra propia esencia; siendo grotescos en el trato y en la mirada, displicentes en los gestos, jactanciosos en nuestro desenvolvimiento y en las relaciones con el prójimo.

Hay a quienes les resulta difícil mostrar cortesía hacia la gente que no conoce pero con la cual debe relacionarse a diario en ocasión a su trabajo, y en su trato con ellas están llenos de rudeza, de despotismo y de majadería y en vez de un gesto sonriente le exhiben una mueca que afea a su emisor y deja en su receptor la peor impresión; la sensación de haberse topado con el lado oscuro y perverso de aquel hombre o de aquella mujer.

Quienes así se conducen no tienen el menor cuidado, ni la menor noción de relaciones humanas y no se han dado cuenta que su trabajo existe porque existe el público y que sin esa gente a la cual maltratan, su puesto o su cargo no tendría razón de ser, ni ninguna utilidad.

Incluso en las circunstancias de dolor y de pena, cuando quien se nos acerca no lo sabe o aún sabiéndolo, nos ennoblece obsequiar una sonrisa; tal como lo dijo Gabriela Mistral, “hay sonrisas que no son de felicidad, sino de un modo de llorar con bondad”.

La sonrisa alimenta el espíritu, hace agradable el rostro de quien la tiene y predispone las buenas relaciones entre la gente, pues “una sonrisa sincera embellece más que el maquillaje”.

En la Biblia podemos leer que la sonrisa, como el amor, hasta que no la das, no la tienes… es privilegio del hombre y de la mujer, ¡ningún animal sonríe!… las caras serias, engendran amarguras hambrientas…, sonríe de verdad, con alegría, sin hipocresía… viste el mundo de poesía…siembra estrellas en las vidas,.., y, ¡qué maravilla!, ¡tú tendrás la sonrisa!, tu alma gozará en la dicha… (FiI.4:4-6).

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