LA LEY NATURAL EN LAS RELIGIONES

Según la fe cristiana esas tradiciones, a pesar de sus limitaciones y errores, constituyen como una cierta preparación para acoger las luces del Evangelio (cf. Comisión Teológica Internacional, junio de 2009: En busca de una Ética universal: un nuevo modo de ver la Ley natural, n. 12).
Se puede, por ello, hablar de un patrimonio moral común de la humanidad. Así por ejemplo, la llamada regla de oro de la moral (<No hagas a nadie aquello que no quieres que te hagan a ti”>, Tobías 4, 15), se encuentra, bajo diversas formulaciones, en la gran mayoría de las tradiciones éticas de los pueblos. Estas enseñanzas suelen presentarse como un requerimiento universal de la común naturaleza humana (cf. idem, nn. 13-17).
En las tradiciones hindúes el mundo está regulado por un orden o ley universal que todos deben respetar. Las acciones buenas o malas tienen su recompensa o su castigo. Esto implica la bondad y la tolerancia, y la no violencia. Las costumbres inmemoriales, de origen divino, imponen renunciar al egoísmo y no hacer a otro lo que se considera nocivo para sí mismo. Hay un paralelismo con numerosas exigencias del Decálogo.
En el plano ético el budismo preceptúa el respeto a la vida y a los bienes ajenos, una conducta sexual ordenada, huir de la mentira, evitar los productos intoxicantes que disminuyan el dominio de sí mismo. La tradición budista favorece la no violencia, la benevolencia y la compasión hacia el prójimo: reflejos de la regla de oro.
En la tradición china hay un profundo influjo del taoísmo de Lao.Tse. Se busca la armonía con la naturaleza material y espiritual. Confucio, por su parte, alienta la piedad filial y familiar. La virtud sed basa en el dominio de sí y la benevolencia hacia los demás. Y aconseja explícitamente la regla de oro.
En las tradiciones africanas resplandece el aprecio a la vida y su prevalencia sobre la muerte. Lo que daña al individuo o a la comunidad es considerado malo. Su vértice está en Dios, creador y fuente de la vida.
El Islam se pone en relación con la religión natural original, y se considera como una religión universal para todos los hombres. El bien consiste en obedecer los mandatos divinos y el mal en desobedecerlos. El hombre por su razón conoce los deberes morales: sabe lo que es bueno lo que es malo. Esta apreciación coincide, en buena parte, con los preceptos del Decálogo.

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