Asociación civil sin fines de lucro Nueva Vida: Consolidan espacio de interés comunitario

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Cuando la señora Elba Arriechi llegó al barrio El Jayo, en el norte de Barquisimeto, su único hijo tenía nueve años de edad (hoy tiene 32 años) y aunque no ha sido fácil su lucha, no abandona la confianza en Dios y tampoco la voluntad en salir adelante.

Fruto de su esfuerzo, es la estabilidad emocional de su hijo, una persona de condición especial, a quien además de suministrarle medicamentos, lo atiende con el más grande amor: el de una madre. Su ejemplo de constancia, de sencillez, da inicio a la historia vecinal que protagonizan justamente los desposeídos.

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La asociación civil sin fines de lucro Nueva Vida, adscrita a una iglesia evangélica del mismo nombre, tiene una tarea a favor de los más necesitados. Brindan la mano a personas como la señora Elba, la del testimonio anterior, en pro de mejorar la dignidad de quienes habitan en su entorno: en las zonas desantendidas por las autoridades.

Valores y formación

Lourdes Giménez de Leal y Anabella Marcano de Puerta, colaboradoras de la asociación, manifestaron que en la comunidad El Jayo, centran la atención en todos: grandes y pequeños. Abordan, principalmente, el tema de los valores.

Cuentan que los matrimonios disfuncionales, la violencia, desempleo, embarazo precoz, entre otras deficiencias de la sociedad, marcan al sector donde habitan.

Sin embargo, desde hace siete años, cuando comenzaron con el proyecto de la asociación, la realidad ha ido cambiando conforme a la formación que van recibiendo las personas. Dictan cursos de capacitación personal que atiende la autoestima, respeto por los demás, convivencia, entre otros asuntos, de interés comunitario y sobre todo de interés personal.

“Cuando cambiamos de pensar, nuestro comportamiento es otro; cambiar para bien, en pro de ser mejores seres humanos aunque tengamos pobreza alrededor, aunque vivamos en un barrio. Somos grandes por nuestro interior y no por las riquezas o bienes materiales”, sostuvo Lourdes Giménez.

Construyen su espacio

Gracias a la donación de un particular, de un terreno de mil metros cuadrados, ubicado en El Jayo, parte alta, ahora cuentan con un espacio propio donde comenzar a dar mayores frutos. Cada domingo, se reúnen para compartir enseñanzas de estilo espiritual, vecinal, entre otros temas, y también para participar de talleres o cursos de oficios socio-productivos.

Por lo pronto, lo único que tienen levantados son los sanitarios y un pequeño salón donde niños reciben clases de manualidades. La meta es hacer del lugar un complejo comunitario, de usos múltiples, que genere nuevas oportunidades para las familias de la barriada. Cuentan con un horno para panificadora y, en este sentido, planifican contar con una panadería donde pudieran sumarse mujeres de la comunidad y, de esta manera, conseguir el empleo que tanto anhelan.

A través de verbenas, de actividades pro fondos, organizadas por los propios vecinos, hacen realidad poco a poco la infraestructura que promete grandes beneficios para la comunidad en general. “Nos resulta difícil por el costo que representa una construcción de gran dimensión, sin embargo, confiamos en la generosidad de las personas”.

De hecho, empresas privadas con pequeños y medianos aportes, también ponen su granito de arena en la obra. Aquellos empresarios interesados en colaborar o personas de buen corazón, son bienvenidos a la iniciativa social que hacen desde los pequeños hasta los adultos. En El Jayo, la opinión de todos cuenta y, por esa razón, se esfuerzan en atender las sugerencias de todos sus integrantes.

Contra la deserción escolar

En la Unidad Educativa El Jayo, la asociación civil sin fines de lucro Nueva Vida, hace un aporte importante: educan en valores pero también incentivan a los estudiantes a no abandonar sus estudios. Los miembros de la asociación observan con preocupación la deserción escolar que ocurre incluso en las comunidades aledañas.

Hay niños que fijándose en el ejemplo de familiares directos, de lleno en el alcohol, drogas y delincuencia, se separan de los libros, para ser como su parentela. Mientras hay otros casos aún más dramáticos en los cuales dejan de estudiar porque, a pesar de ser niños o adolescentes, tienen que salir a la calle a trabajar.

Impedir que por cualquier motivo dejen de formarse académicamente, es lo que tratan de evitar los colaboradores de la iglesia evangélica y, sacando de sus propios recursos, en ocasiones suplen las necesidades económicas en otros hogares con el firme propósito de que las nuevas generaciones se eduquen como es debido.

“La mujer es maltratada”

En los sectores populares, explica Lourdes Giménez de Leal, se evidencia el maltrato contra la mujer. Una alta representación de las mujeres en el sector El Jayo, son maltratadas, vejadas, insultadas, por alguno de sus seres queridos; en la mayoría de casos, por la pareja o hijos con más de 16 años.

Cambiar el dolor por fortaleza, no es nada sencillo, sólo que afortunadamente tampoco es imposible cuando hay la disposición en avanzar, de salir del abismo. “No hay derecho a robarle la sonrisa a una dama”.

Hay situaciones muy dramáticas en la comunidad, como el embarazo precoz. Niñas tienen que enfrentarse a procesos muy fuertes: el bebé, la pareja, el rechazo de sus familiares, la inestabilidad emocional, habitacional, económica, entre muchas otras”.

En la asociación, dijo Giménez, la persona no es juzgada por su presente o pasado. El interés que mantienen es sacar de los estados de depresión a quienes atraviesan momentos difíciles. Llevan hasta el barrio a especialistas que brindan asesoría, tratamiento, totalmente gratuito, a las mujeres sumidas en el abandono.

Su ayuda es importante

No obstante, hace falta un mayor número de especialistas de buen corazón, interesados en ofrecer sus conocimientos y atención, a los humildes sin esperar recompensa alguna más que la superación de las crisis en las personas de la popular barriada.

Se requiere de voluntarios, especialmente, para las jornadas en las que ofrecen atención médica, psicológica, nutricional, cultural y deportiva, son áreas valiosas para aquellos sin posibilidades económicas de costear por los servicios de profesionales en centros privados. Para mayor información pueden comunicarse a los teléfonos 0414-5306346; 0416-1511700; 0414-3541914. El Jayo, es una comunidad de la parroquia El Cují, con acceso por la intercomunal Barquisimeto-Duaca.

Fotos: Daniel Arrieta

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