Crisis-diálogo-crisis, por: Ramón Guillermo Aveledo

Crisis-diálogo-crisis

Venezuela está en crisis. Todo el mundo lo sabe, incluso el Gobierno. La diferencia es que éste no lo reconoce. He allí la primera dificultad.

Sabe que hay crisis y por eso se ha visto obligado a reconocer a los demás actores sociales, pero no admite que hay crisis, entonces dialoga por encimita, sin atreverse a ir a lo hondo, porque acostumbrado a la idea de que la política eran ellos solos, les cuesta acostumbrarse a la realidad de una sociedad plural.

En medio de la crisis, la oposición política y los empresarios están dialogando con el Gobierno, ese Gobierno que lo sabe y no lo reconoce. Tanto en el mundo de los sectores de la producción y el comercio, como en el de la política, hay gente que no está de acuerdo en dialogar. La diferencia es que, en términos generales, la disidencia en el seno del empresariado ha sido más discreta. Es lógico, por la naturaleza de uno y otro espacio.

También la comprensión de la sociedad ante una actividad y la otra es diferente. Políticos y empresarios han sido los “malos de la película” en el guión oficial de estos quince años, pero ha sido mayor la comprensión acerca de la presencia de la dirigencia empresarial, una decisión correcta, en la “Conferencia de Paz” con todo y cambote, que la de la Unidad en el diálogo, aunque tuvo más condicionamientos. En ambos casos, las siguientes reuniones no han sido públicas, como es lógico, pero son más los que quieren saber qué se discute en el diálogo político que en el económico, aunque las consecuencias de las equivocaciones e indecisiones en la economía se sienten a diario en la escasez y la inflación. Y en el diálogo económico no han estado los trabajadores.

Tanto el diálogo económico como el diálogo político no avanzan como hace falta por lo mismo. El gobierno ha dado el paso de sentarse a conversar, con esfuerzo y muchas contradicciones abiertas y encubiertas. Pero no se atreve a dar el paso de rectificar o no puede, porque hay otros camaradas al acecho para cobrarle tal debilidad al que tenga el coraje de asumirlo.

El martes 13 en la tarde, al mes y tres días de iniciado el diálogo político, la Mesa de la Unidad en rueda de prensa exigió al Gobierno que se defina. Presentó una lista de temas tratados, en los cuales no se avanza o no de un modo suficiente como para apreciar que el proceso sea viable. Que el diálogo continúe o no está ahora en manos del Gobierno, porque no se puede dialogar indefinidamente sin resultados. Y es imposible sostener que se quiere dialogar y, al mismo tiempo, se insulta a los interlocutores, se recibe con indiferencia o con burla sus planteamientos, y se descalifica a la contraparte.

El viernes 16 leí en La Nación de San Cristóbal, declaración del Presidente de Fedecámaras. Según Roig, las cosas “van en el camino correcto” aunque “demasiado lentas”. El diálogo gobierno-empresarios lleva tres meses, y ese sector “va a seguir sentado”, de acuerdo al declarante.

No es fácil saber cuánto tardará el empresariado en reclamar concreciones como condición para seguir adelante. Pero lo que es cierto es que a los problemas económicos de la vida real no se les ve mejoría. Todo lo contrario.

Que Venezuela quiere diálogo es cierto. La abrumadora mayoría lo hace. Que el diálogo hace falta, es más verdad todavía. Que el diálogo puede sobrevivir depende de que dé resultados, y esto depende de la capacidad y disposición del gobierno. Y eso está por verse.

Por lo pronto Venezuela está en crisis. Y el diálogo está en crisis. La prueba para el liderazgo es suprema.

Convit, prócer del trabajo

A los cien años murió Jacinto Convit, un venezolano con méritos para enorgullecernos a todos sin excepción. Premio Príncipe de Asturias en 1987 y nominado al nobel un año más tarde. Desarrolló la vacuna contra la lepra y la inmunoterapia contra la leishmaniasis. Fue lo que llamaría Chío Zubillaga, un prócer del trabajo.

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