El ojo del escorpión – ¿Contra quién luchamos?

Alexander Cambero |

El ciudadano venezolano no solo enfrenta a una oprobiosa dictadura, desde hace dieciocho años combate a todo un sistema de perversidades, que son el componente perfecto de una podrida evangelización revolucionaria, han creado un culto con deidades que beben en las aguas pestilentes del engaño. En definitiva no son demócratas que juegan limpio, su mecanismo es la trampa, a la cual le agregan su amplia dosis de maldad. Construyeron un sistema con una red de abusos, que fue conectándose con las insatisfacciones propias de los pueblos olvidados, teniendo como resultado un cúmulo de variables que son las que los atornillan en el poder.
Ellos saben utilizarlo y lo hacen con toda la fuerza que brinda el tener el control absoluto. Aparte de lo antes expuesto este régimen cuenta con su propia oposición. Son los que se prestan a su juego, acuden a procesos eleccionarios, sin las debidas garantías, para hacer de su pobre participación el gran negocio. Es un juego macabro en donde el fuego amigo es mayor riesgo que los que están en la otra orilla, son los disfraces que anhelan un tórrido romance político con el bautismo en las paradisiacas playas dominicanas.
A la última entrega del complot en contra de Venezuela, acudieron más asesores que una agencia de guardaespaldas, se alojaron en hoteles cinco estrellas, exigiendo los platos más caros de la carta, todos para lograr un raquítico ejercicio de promesas que las depositará el viento en la próxima estación de la mentira. Una larga lista de líderes de las cúpulas de los partidos políticos, negociando en nombre del país al que olvidaron hace mucho.
El régimen logró sembrar la duda hasta del voto. El escepticismo hace que densos sectores no crean en este instrumento fundamental de la democracia, la realidad es que el acto del sufragio no es responsable de la presencia de muchos pillos escudándose en su nombre. Detrás de la participación sin garantías está el lavarle el rostro a la dictadura, cumpliéndose el deseo de varios dirigentes dizques democráticos de dejar gobernar a Nicolás Maduro.
Esa es parte de la primera estrategia, la segunda es lograr que los organismos internacionales desistan de sancionar al narco- estado, esgrimiendo el pobre argumento según la cual los asuntos venezolanos solo lo resolvemos nosotros, olvidándose que los crímenes de lesa humanidad pueden ser condenados por cualquier órgano mundial. Fíjense en que ninguno de los representantes en la veraniega mesa de diálogo; habla del gobierno venezolano en términos contundentes. Ese contubernio entre opacos personajes del acuerdo marrullero, es el mejor aliado que puede tener un régimen con el nivel de rechazo más grande del planeta.
Hacer del gobierno un culto religioso es su asalto final. Crear una epopeya revolucionaria con sus héroes como tarjetas de álbumes para los niños. Que el ciudadano olvide sus necesidades y le entregue hasta sus tripas hambrientas al proceso. Buscan sustituir la crisis espantosa: con la lealtad que esté por encima hasta de la propia necesidad de la gente. Una religión tan profunda que pueda quebrar cualquier resistencia, ajustar los sueños de la gente al soplo de la dádiva. Hacerlo rehén del sistema, invitarlo a no pensar, sino en ser un simple ovejo dócil que llevan al matadero. Que sus aspiraciones de trascender en la vida quepan en una bolsa de comida, que siempre tendrá: mientras no muestre autonomía de pensamiento, en la medida en que se arrastre mejor, será el perfecto imbécil revolucionario.
Los venezolanos nos enfrentamos al mayor desafío de la historia reciente. Ya no son las azarosas esprintadas a caballo tras el laurel independentista, ahora la lucha es en contra de un sistema que plantea el quedarse para siempre como gobierno, es fundamental estar alerta para descubrir al verdadero enemigo y sus cómplices, afortunadamente existen factores verdaderamente democráticos que acompañan al pueblo en la titánica tarea de lograr la libertad definitiva…

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