SEPTIMO DIA 04-02-2018

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En esta oportunidad hemos decidido abordar algunos temas, que tienen que ver con la jerarquía de la Iglesia Católica, dentro y fuera del país, los cuales de alguna manera tocan la solidez de la fe y las creencias de la población cristiana.
Así tenemos, como en la reciente visita del Papa Francisco a Santiago de Chile volvieron a la palestra los escándalos de “pederastia”, cuando alrededor de 80 sacerdotes abusaron de menores desde el año 2.000, todo lo cual originó diversas protestas en la población, que dejaron más de un centenar de detenidos.
Si bien es cierto, el Sumo Pontífice abordó el tema con humildad y vehemencia al señalar: “que no podía dejar de manifestar el dolor y la vergüenza que sentía ante el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia, además de pedir perdón y ofrecer apoyar con todas las fuerzas a las víctimas”.
Sin embargo, esto pareciera no ser suficiente, mientras no se aplique con todo el rigor necesario la justicia terrenal a estos delincuentes, quienes por años escondieron debajo de su “sotana” sus instintos criminales; esa sería la pena a aplicar y a la cual aspira todo el mundo católico.
Por otra parte, en Venezuela, específicamente en el Estado Lara, en ocasión de la visita 162 de la Divina Pastora a la ciudad de Barquisimeto, se realizaron dos homilías: una en la Iglesia de Santa Rosa oficiada por Monseñor Antonio José López C., arzobispo de Barquisimeto, y otra en la Santa Catedral de Barquisimeto oficiada por Monseñor Víctor H. Basabe, obispo de San Felipe.
En ambas homilías, los obispos oficiantes hicieron serias y severas reflexiones en relación con la grave crisis que atraviesa el país, describiendo los hechos con meridiana claridad y en términos muy claros, llamando las cosas por su nombre, e interpretando el sentir de la población allí presente.
No obstante, el contenido de las expresiones vertidas por los clericós causaron malestar en el “oficialismo” por considerarlas ofensivas, lesivas y con un disimulado sesgo político por cuya razón, el alto gobierno se dispone a solicitar a la A.N.C. y al T.S.J., estudien la posibilidad de que los términos emitidos sean sancionados por lo establecido en la Ley contra el Odio.
Como podemos observar, se trata de circunstancias muy distintas pero ambas inciden negativamente en la realidad de la Iglesia Católica, ya que por una parte, la autoridad eclesiástica no ha castigado con la severidad que impone la Ley y la justicia en los tribunales a los sacerdotes pederastas y se han limitado, a segregarlos de su filiación con las congregaciones religiosas católicas.
Por lo que se refiere a lo ocurrido en nuestro país, nos parece exagerada la postura asumida desde el alto gobierno ante los señalamiento emitidos por los clericós, por cierto avalados por la C.E.V. como máxima autoridad eclesiástica, ya que los mismos se corresponden con la real crisis existente y no hacen otra cosa que corroborar, las penurias y calamidades de la población, cumpliendo así con la función social que predica la iglesia.
En conclusión los fieles de la Santa Iglesia Católica, seguiremos a la espera de la aplicación de todo el peso de la Ley a los sacerdotes que incurrieron en “pederastia”, en cualquier parte del mundo, a la vez que nos mantendremos de pie al lado de nuestros valientes obispos venezolanos, los cuales con su actitud han desmontado aquella vieja y corroída frase de Karl Marx, uno de los ideólogos de la perversa doctrina “comunista” quien decía: “las religiones son el opio de los pueblos”. Valor y Pa´lante.

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