#OPINIÓN Pedro León Torres y sus hermanos murieron por la independencia #6Nov

Juan José Peralta | Foto: Archivo IMP |

Cuando escuchamos en la voz de la ignorancia llamar a la plaza Pedro León Torres de Barquisimeto como de la moneda, sentimos pena por la ignorancia y el desconocimiento de nuestro pasado y de los héroes que protagonizaron y hasta ofrendaron sus vidas para darnos nacionalidad.

Hace varios meses la alcaldía de Iribarren remodeló la pequeña plazoleta dedicada al héroe de Arenales ubicada frente a la actual sede de la gobernación del estado Lara. A los libreros allí instalados les acomodaron su ilustrada desorganización en bonitos y coloridos anaqueles de una librería a cielo abierto, para darle un toque de orden al viejo montón de libros y revistas que ocupan este espacio hace buen tiempo, en muchos casos rincón para hallar el texto escolar o universitario desaparecidos de las ventas formales de libros o la vieja novela extraviada de los catálogos tradicionales. Allí quizás también encontremos las revistas de modas de antiguas colecciones y unas cuantas curiosidades, sorpresas editoriales traspapeladas en sus anaqueles.

Se logró una nueva cara a esta pequeña plaza ocupada por el bronce a un general héroe de la independencia de gesta desconocida, donada en 1940 por la municipalidad de su región natal. Muchos en su ignorancia o por facilismo e inmediatismo la llaman plaza de la moneda, por un viejo edificio de ese nombre ubicado en una orilla.

Tras comprobar entre los contertulios de la ocasión el desconocimiento del héroe, vale la pena sentarse a la sombra de sus pocos árboles y resumir en una crónica su valentía en la lucha por la emancipación. Y la de sus hermanos, tan valientes como él.

Tenía unos dos meses de haber cumplido 34 años, cuando murió en un hospital realista de Yacuanquer, en Colombia, de las heridas sufridas en su último combate en Bomboná donde peleó con la mayor fortaleza luego de un error al incumplir una orden del Libertador, quien lo consiguió con sus tropas almorzando mientras los realistas ocupaban la colina que le había mandado tomar.

Enfurecido Bolívar le pidió la espada y la partió al llamarlo indigno de servir a la patria, relevándolo del mando. Torres le arrancó el fusil a un soldado y le respondió que si no podía servir como general, le permitiera hacerlo como soldado. El Libertador le entregó su propia espada y le devolvió el mando. Torres comandó los batallones que atacaron frontalmente con grandes bajas, siendo él mismo herido y tomado prisionero por los españoles. No se recuperó de las heridas y murió el 22 de agosto

Pedro León Torres, cuyo apellido nombra a uno de los nueve municipios larenses –el de mayor superficie en la entidad– se unió temprano a la lucha republicana junto a sus seis hermanos, llamados Los Siete Infantes de Lara o Los siete Macabeos de la Independencia.

Sólo uno sobrevivió a la guerra, el coronel Francisco José del Rosario (1790-1850). El resto murió en plena juventud: el comandante Juan Asisclo (1783-1813) de treinta años en Bobare, el teniente coronel Bruno del Rosario (1785-1820) en la Campaña de Guayana, el capitán Miguel María (1793-1814) a los veintiún años en el asedio a Santa Fe de Bogotá, ogotá,  Bernardino

Antonio (1796-1814) a los dieciocho años fusilado por los realistas cerca de Sarare y Juan Bautista (1789-1814) a los veinticinco años quien perdió la vida en el asalto a Barquisimeto.

El de mayor jerarquía, general Pedro León Torres, fue nombrado por Bolívar, en 1822 Jefe del Ejército del Sur, destacado para someter Popayán y la enconada resistencia de los habitantes de San Juan de Pasto.

El valiente general de la causa patriota, Pedro León de la Trinidad de la Torre y Arrieche, nació en Arenales, pueblo vecino a Carora, el 25 de junio de 1788 y muy joven –de 21 años, en 1810– se unió al ejército libertador.

Al paso por Carora del Ejército Expedicionario del marqués del Toro para someter a la Provincia de Coro en rebeldía contra la Junta Suprema, después del 19 de abril de 1810, Pedro León y sus hermanos se le incorporaron. De regreso a su pueblo se le nombró capitán de la Compañía de Arenales y Atarigua. Al intentar sofocar la deserción del indio Reyes Vargas fue hecho prisionero y enviado a Puerto Rico en 1812, devuelto a Venezuela para enjuiciarlo fue puesto en libertad al año siguiente.

Al iniciar el coronel Simón Bolívar la Campaña Admirable en 1813, los hermanos Torres se unieron a sus tropas y participaron en los combates de Los Horcones, Niquitao, Los Taguanes, San Mateo, Araure y la primera batalla de Carabobo. Cuando la segunda república cayó tras la derrota de La Puerta, el comandante Pedro León emigró a la Nueva Granada, con los restos del ejército patriota al mando del general Rafael Urdaneta.

Bajo las órdenes de Bolívar venció en Bogotá al dictador Álvarez en diciembre de 1814. Participó en el asedio de Cartagena de Indias, en defensa del fuerte San Felipe, irremisiblemente tomado por los realistas comandados por el general Pablo Morillo en diciembre de 1815. Con coraje rompió el cerco y huyó a Jamaica.

Con la ayuda del presidente haitiano Alejandro Petión, Bolívar a la cabeza, en 1816 los patriotas organizaron la Expedición de los Cayos y tras el fracaso en Ocumare de la Costa formó parte de la Retirada de los Seiscientos con Grégor MacGregor y Carlos Soublette.

En 1817 en la batalla de San Félix fue ascendido a general de brigada por Manuel Piar y después formó parte como vocal del tribunal de guerra que lo sentenció a muerte en Angostura. Fue gobernador de las fortalezas de Guayana y diputado al Congreso de Angostura en 1819.

Es una pena que ni siquiera los habituales visitantes de esta plaza conozcan las glorias del general Torres y bien valdría la pena -tarea para el Cronista ausente y clandestino– se colocara en una placa de mármol o una humilde cartelera un resumen biográfico de este valeroso general que junto a sus hermanos ofrendó su vida para darnos nacionalidad.

 

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