#OPINIÓN Cronicario: Hay que reponer el busto para honrar la memoria de Hermann Garmendia #11Dic

Juan José Peralta |

El busto erigido a Hermann Garmendia en la avenida que lleva su nombre en una primera ocasión fue desfigurado y le destrozaron la nariz. Algún tiempo después desapareció. Tenía tan poco parecido con la verdadera imagen del periodista que quizás fue una venganza ante tal pieza que parecía comprada en una tienda de bustos de alguna escuela de aprendices de escultura.

El 7 de junio de 2017 se cumplieron cien años del nacimiento en Barquisimeto, de este periodista, escritor, humorista, crítico de arte, historiador y Cronista Oficial de Barquisimeto entre 1967 y 1990, quien nos legó importantes páginas sobre la vida de la ciudad desde su fundación y su historia, además de otras sobre filosofía, arte, poesía, música, teatro, danza y cine y la ocasión es oportuna para hacerle una nueva estatua y rendirle muchos otros honores muy merecidos.

Sobre Garmendia escribió otro Cronista de la Ciudad, Ramón Querales: “Amaba la escritura llana mediante la cual expresaba su apasionado deseo de llegar a las más amplias capas de la población para entregarles los vastos conocimientos que poseía tomados de los libros y experimentados de su propio vivir. Profundizó en la sabiduría que dimana del pueblo y fue también acucioso folklorista, como tal nos entregó ricas páginas sobre las costumbres y usos del pueblo larense en crónicas salpicadas de buen humor y decir elegante”.

Su columna “El camino y el espejo” publicada por años primero en *El Impulso* y después en *El Informador*, diarios de Barquisimeto, era espacio de necesaria consulta para sus lectores quienes la apreciaron como “fuente inestimable y culta de información y aprendizaje”, como la calificó Querales quien recordó también la publicación los lunes de la “Reseña de la Añoranza, polifacético reportaje fotográfico de la vida y milagro de la ciudad de todos los tiempos”.

Garmendia desarrolló una labor altamente meritoria como cronista de la ciudad en tiempos cuando no contaba con los recursos presupuestarios, técnicos ni apoyo de personal de la oficina actual y fue gracias a su gestión personal como logró la publicación de importantes trabajos donde destacó su labor de investigación como activo y agudo periodista.

Hermann Garmendia, fue mi tío político. Se casó con mi tía Ofelia Díaz Lugo, hermana de mi papá, contaba su sobrina política Gisela Díaz, quien lo describe como “un hombre delgado y alto, que siempre vestía de traje y corbata. Sólo conversaba de temas que le interesaran, que estimularan su talento. Era una delicia escucharlo, mezclaba hechos históricos con humor y sabiduría, de esa que sólo sabe transmitir quien posee una mente aguda”. También destacó sus buenos modales, “un finísimo sentido del humor” y su vínculo familiar con su hermano menor más reconocido como escritor y hombre del cine y la televisión, Salvador Garmendia.

Cuando falleció, se perdió parte de nuestra idiosincrasia, de esa naturaleza larense que teníamos como pobladores de esta tierra guara, escribió Gisela Díaz. Muy pocos tal vez lo recuerden, muy pocos tal vez estén al tanto de su legado literario. Lamentablemente nuestros valores regionales, son poco transmitidos a las nuevas generaciones y los condenamos a la muerte del olvido.

Además del busto, hay que hacer reconocimiento a su labor profunda y destacada por la barquisimetaneidad, por nuestros valores.

Imágenes cortesía Gisela Díaz y El Impulso

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