#OPINIÓN ¿Qué es el pueblo? #5Feb

William Amaro | Ilustración: Victoria Peña |

Los estudiosos  afirman que esta palabra pueblo, es un término ambiguo, que puede designar a la población; o asimilarse al concepto de país con un gobierno definido. “Del latín populus. Ciudad o villa. Conjunto de personas de un lugar, región o país. Gente común de una población. País con gobierno independiente.” DRAE

En una fecha como ayer 4 de Febrero,  es propicia la ocasión para hablar de este término, por cuanto los acontecimientos que recuerdan,  tiene que ver mucho toda la población venezolana. Seguro, los personeros del gobierno lo recordaron con bombos y  platillos, que si bien  es cierto,  fue visto con simpatía en el pasado por una gran mayoría del pueblo venezolano, hoy, lo recordamos con terror, porque lo que sobrevino ha sido catastrófico.

La forma como utilizan los políticos este término y la  relación entre la definición y el concepto estudiado no lo tengo muy claro. Cuando escucho con atención limitada los discursos, me confunde.  Oigo sus piezas “maravillosas” de oratorias cuando  aluden al pueblo, se llenan la garganta, el verbo, toda el alma. Colman  la mente, el pensamiento, el raciocinio hasta la saciedad. Saturan de verbosidad inútil a la gente. La tensión arterial sube. Las manos se mueven con fiereza. Los ojos se desorbitan de sentimientos “sinceros”, “amor” y pasión desenfrenada. Sudan, se secan el sudor y quedan afónicos, exhaustos y plenos de “patriotismo” pero, todo orientado a captar el sector poblacional  de menos recursos económicos para usarlo.  Y preguntamos ¿Es que los otros sectores de la población no son pueblo?. Por ningún lado el concepto de pueblo nos enseña que son los habitantes de menores recursos de un país el único pueblo de una nación.

 Soy un convencido que el pueblo, la gente, es de solo uso utilitario para los propósitos políticos de los dictadores. Y son las necesidades que los hace pueblo de ellos. Son la herencia que dejan los que ya han gobernado. Son  producto de la ignorancia inducida por ellos mismos. Son las apetencias personales las que llevan a la creación de un pueblo que sirva para eso. Para su uso. Lo vemos en campañas electorales. En contingencias sociales. Por la influencia poderosa de los medios y los razonamientos ideológicos impartidos. Con mentiras  disfrazadas de ideologías van conformando su propio pueblo. ¡TRISTE!

Quien sí define cual es su pueblo es el mismo Dios. Y lo hace a través de la expresión máxima de su existencia. Las Sagradas Escrituras.  Por lo cual nadie refuta, por cuanto contra la palabra de Dios no hay razonamiento humano que valga. No hay filósofo o filosofía que pueda. El mismo Pablo se metió en El Areópago griego con el Evangelio de Salvación. Máximo exponente de la intelectualidad humana en ese tiempo y lo único que pudieron hacer los grandes estadistas, fue echarlo. Hoy, el mensaje del evangelio de Cristo es el mismo que predicó Pablo en el Areópago y que ganó la voluntad de Dionisio, un consumado miembro aeropagista, que luego entregó su vida a Jesús. Este Evangelio sigue vigente, trayendo esperanza verdadera, poder, fuerza y fortaleza para vivir en medio de esta tormenta. Y se expande en  el  tiempo de manera inexorable.

Dios sigue aglutinando su pueblo con el objeto de compensarlo con su promesas que ya ha cumplido y que pronto terminará de cumplir. De allí el llamado que nos hace de manera clara y el ofrecimiento que obviamente lo hará realidad “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansa” Mat.11:28.

Hasta la semana próxima Dios mediante por la WEB.  

William Amaro Gutiérrez.

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