#COLUMNA El rincón de los miércoles: Cuando un amigo se va… #31Jul

Luis Rodríguez | Foto: Archivo IMP |

La noticia sobre la salud del empresario Homero A Izquiel no fue buena en las últimas semanas. Ya los médicos  presagiaban un desenlace no deseado, como en efecto sucedió la noche del 29. Fueron inútiles los esfuerzos de la ciencia y la atención de su familia para detener el avance de una enfermedad implacable.

La vida de este hombre, nacido en cuna humilde en el municipio Crespo del Estado Lara, puede calificarse, sin duda alguna, como ejemplar desde muy joven cuando llegó a Barquisimeto de la mano de Clementina de Pinto una de sus hermanas, que lo alentó a estudiar los últimos años de la educación primaria y luego la secundaria hasta ingresar a la Universidad Lisandro Alvarado y, finalmente, al Instituto Politécnico.

Sin embargo, su vocación fue más fuerte que el deseo de egresar con un título universitario. En su adolescencia sintió una gran atracción por el mundo de los negocios aprovechando solamente la experiencia adquirida en los seis semestres de administración Comercial cumplidos en la Universidad.

Lanzado al mercado laboral de la región, Izquiel fue relacionándose progresivamente con la dinámica de una ciudad en pleno crecimiento poblacional. Su agudo sentido de observación, unido a su propio instinto,inició una trepidante carrera en el sector inmobiliario.

En sus inicios, desde un pequeño despacho del centro de Barquisimeto, y con la ayuda de varios colaboradores Homero se fue haciendo conocido en  el medio hasta codearse con los más veteranos y avanzar sin detenerse hacia la consecución de un sueño que más tarde se haría una gran realidad.

Rápidamente su cartera de clientes aumentó hasta constituir a CICA, una corporación creada para asumir el reto del  vertiginoso crecimiento de la ciudad crepuscular. En una entrevista publicada en El Impulso, Homero Izquiel revelaba algunos de sus secretos inmobiliarios que no eran otros que el aprovechamiento de los espacios más atractivos para desarrollar sus proyectos. No dudó nunca en asesorar a sus clientes sobre la mejor forma de inversión, motivo por el cual su cartera de clientes experimentó un enorme crecimiento.

Sin embargo, no se detuvo en su sueño de convertirse en un empresario más productivo. Cuando lo invitaron a formar parte de un grupo de promotores bancarios no lo pensó dos veces hasta llegar a la Junta Directiva del naciente Banco Central y de Seguros Los Andes, donde se desempeñó como vicepresidente. En su hoja profesional figuran cargos importantes en otras empresas de carácter financiero. 

Homero Izquiel, el mismo lo pregonaba, era, sin embargo, un hombre enamorado del sector agrícola y en ese sentido no vaciló en hacer inversiones en la región. Sus fines de semana eran dedicados a trabajar en varias agropecuarias y disfrutando del ambiente campero que tanto le atraía.

II

A pesar de su éxito profesional, Homero Izquiel nunca dejó ser una persona sencilla y generosa. Sus amigos y su familia pueden dar fe de su desprendimiento a la hora de ayudar a las causas nobles, donde se pone  a prueba la verdadera dimensión del ser humano.

Seguramente su ausencia física deja un gran vacío en la tierra que lo vio nacer. Deja, en consecuencia, un legado importante para sus hijos, Andrea, Enrique y Gustavo y los muchos amigos que sumó en su vida.

¡Que la tierra que amó le sea leve!

LRM       

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