#OPINIÓN Carta a un soberano irresponsable #5Sep

Alfredo Álvarez | Ilustración: Victoria Peña |

Desestimado señor:

Ciertamente no tengo el aborrecible disgusto de conocerle y no creo que este no sea un evento de importancia para ninguno de nosotros dos. Usted se supone que cuenta entre sus obligaciones el ocuparse de los asuntos concernientes al servicio eléctrico en nuestra ciudad y a mí, me corresponde pagar por el importe de ese y otros servicios públicos. Más allá de esas precarias circunstancias, no hay mas nada de lo cual usted yo tengamos que hablar, y en lo que a mi concierne, así están bien las cosas. Le recomiendo, que por ahora y siempre, permanezca en su insondable anonimato.

Yo pago por mis servicios y usted desatiende sus deberes. El mal llamado servicio eléctrico entre nosotros es de pésima calidad. Es algo inexistente, que nos remite a los problemas de la fe. Existe, pero no se ve. Estamos conscientes que por algún lado debe andar, pero no tenemos manera de demostrar que efectivamente es así. En la lógica de ese pensamiento podríamos asegurar que usted es también es una ficción, un mal momento para la ciudadanía, un peor ser humano y un funcionario absolutamente prescindible. A usted, en este momento lo fulmina un infarto, con toda seguridad el equilibrio del cosmos permanece inalterable.

Aun así, le informo que a la luz de los acontecimientos, usted incumple con todos sus deberes y eso lo hace ser el peor incordio posible. Incumple con su deber, no lo hace como se espera y deba hacerlo un funcionario público con tal responsabilidad. A su vez, debo entender que no lo hace como se estima, porque nunca estuvo facultado para cumplir con esa compleja responsabilidad, o sencillamente, no le importa el daño que su negligencia causa entre los ciudadanos de esta urbe. Nosotros, los usuarios del servicio eléctrico, podríamos desaparecer como los dinosaurios a causa de su total incompetencia y usted no se enteraría.

Lo que tengo que decirle es todo a título personal. Deseo que se entere y sepa, que habrá que inventar una palabra más descriptiva que desprecio, para referirme a usted con la propiedad que exige mi molestia. Sospecho sencillamente que usted medra y se dedica a procrastinar en los espacios de una oficina del estado, donde no hacer nada trascendente, es la norma y la ley. Su ausencia y carencia de notables resultados laborales, se debe simplemente a que tiene otras cosas más importantes de las cuales ocuparse, o que llegó allí por el azar de la lotería laboral del populismo socialista.

Infiero, con la audacia de quien supone lo contrario, que deben ser de su intransferible responsabilidad los indeseables apagones que cada día nos torturan hasta los revulsivos límites de la más absoluta y cruel desesperación. Ese imprevisible servicio eléctrico, ese servicio que fingen ofrecer, como los orgasmos comprados en la subasta vespertina de un animado mábil, es tan errátil por su naturaleza, como confuso por su definición. Créame ustedes liquidan progresivamente todo vestigio de civilización entre nosotros y lo exhiben como su mayor logro.

Le informo que todas sus víctimas somos gente de bien, muy diferentes a usted y todos los suyos. Somos un resultado verificable de lo que se llama la evolución cultural de una sociedad promisoria y, además, el mágico producto del proceso de transformación de aquella ruralidad que nos caracterizó durante el siglo 18 y nos trajo hasta la post modernidad. Somos una confiada ciudadanía que alcanzó a mirar con sana esperanza los desafíos que le planteaba la modernidad, la ciencia y el conocimiento. Usted se ubica en la acera contraria de estos propósitos. Apoyado por esa caterva de indeseables socios, con los cuales cuenta para destruir el sistema eléctrico más confiable de américa latina hasta hace 20 años, serán para la historia los únicos responsables de este patético desastre. Una calamidad que nos lleva a la velocidad de la luz, hasta la era de las cavernas. Ustedes avanzan al sonoro grito de leña, carbón y carburo, venceremos.

Por si lo ignora, le comento que el desarrollo en Venezuela comenzó precisamente con la electrificación del país. El alumbrado público hizo posible la vida social más allá de nuestros hogares y de nuestros espacios más íntimos. El alumbrado eléctrico hizo posible el espacio público, mas allá de las 6.00 pm. Existe la referencia histórica que nos sugiere como un hito pionero el 28 de octubre de 1873, fecha en la que se registra la iniciativa de iluminar con un dinamo impulsado por una máquina de vapor, la Plaza Bolívar de Caracas. El mérito corresponde al químico Vicente Marcano y la cosa ya venía haciéndole carantoñas al Libertador. Vea usted que el fastidio Bolivariano no es cosa nueva.

Posteriormente el 7 de noviembre de 1874, durante la inauguración de la estatua ecuestre de El Libertador, se volvió a iluminar con luz eléctrica la plaza Bolívar de la ciudad de Caracas. Puerto Cabello y Maracaibo serían posteriormente reconocidas como las primeras ciudades del país en suscribir contratos con particulares para la prestación del servicio eléctrico continuo. Pero es en Maracaibo, justo en 1888, cuando se concertó -por primera vez en toda Suramérica, la creación de una empresa de servicio eléctrico como Dios manda. Se invirtieron en su creación la cantidad 336.000 dólares y se le llamó la Maracaibo Electric Light. Con su creación Venezuela entraba a la esfera de la modernidad y los espantos y fantasmas pasaban a retiro laboral. Ustedes los han traído de vuelta.

Le cito de memoria estos hechos, para endosarle todos los méritos de su aborrecible impropiedad. Porque son precisamente ustedes los únicos responsables de retrotraernos a una etapa ya superada hace 131 años. Su jeringonza tropera, hueca y anodina, acostumbra -al hablar ante el público- a dibujarnos un país potencia que solo existe en su muy limitada imaginación. Permítame recordarle que en un país potencia como el que se suponen ser, no se suspende en forma tan arbitraria e irresponsable el servicio eléctrico. En una potencia no se va la luz, porque eso es algo muy improbable. Aquí, ni siquiera en Guri hay potencia y eso es algo que deberían ustedes saber.

Ahora bien, si tal impropiedad acontece, la autoridad en materia de prestación del servicio, ofrece una obligante explicación a la ciudadanía de porque el servicio presenta esas condiciones tan infames de funcionamiento. En los países serios -y una vez lo fuimos- un vocero de la empresa presenta excusas por su incompetencia y sugiere públicamente los términos en que se reparará el despropósito causado a todo un país. A la fecha hemos padecido cerca de 8 megapagones a escala nacional y una cantidad inimaginable de cortes inconsultos en cada una de las ciudades del interior del país. Bajo ninguna circunstancia hemos observado a nadie del gobierno, explicarnos, porque un país con los recursos disponibles, no tiene un sistema eléctrico sano y confiable. Solo sabemos de esas odiosas dosis de patria que a diario nos brindan y las cuales nos hacen terriblemente improductivos e infelices

Aquí, en este país potencia del cual ustedes hablan, lo normal es que no dispongamos de un servicio eléctrico continuo y disponible durante las 24 horas al día. En su ridículo país potencia, lo realmente extraordinario es que no se te haya ido la luz durante una semana, y que tampoco se te hayan achicharrado tus electrodomésticos por las constantes alteraciones del voltaje. Hasta el mes pasado, se contabilizaban 13.140 apagones en toda Venezuela, afectando al 88 por ciento de la población y a no menos de 28 millones de personas. Usted, ni ninguno de los suyos les ha dicho a los ciudadanos que les pagan su salario que fue lo que aconteció. El servicio es cada día más pésimo, no tienen capacidad ni para cobrarlo, mientras ustedes andan por las calles y cadenas de radio y tv como si la cosa no fuera con ustedes.

En un país serio – y me consta que lo fuimos- un aspirante a canalla como usted renuncia a su cargo y reconoce públicamente su incapacidad para ejercerlo. En un país serio, su gremio profesional debió haber evaluado su procaz desempeño y expresado su lastima y su vergüenza. El colegio de Ingenieros debió haber medido los KWH de su incapacidad y de resultar como lo que ciertamente es su gestión, un perfecto bodrio, lo increpa, y lo sanciona por palurdo, parejero y ramplón. No obstante, bajo los postulados de la moral socialista usted seguramente será elevado a los altares de la devoción patriota y será considerado un héroe del siglo 21. Usted será el Rey del Apagón con Pollo

Usted debería tomarse un tiempo e intentar respetar al ciudadano como este bien lo merece. Debe informar que hará con el errático servicio que mal administra y peor dirige. Un servicio que se muere de mengua en sus manos. Es su obligación alertar al empresario para que este reprograme sus actividades productivas, no siga acumulando pérdidas y no se eliminen más puestos de trabajo. Las clínicas y hospitales se inhiben de salvar vidas porque las plantas de emergencia ya no son suficientes. Seremos una masa analfabeta, informe y grotesca porque, las actividades escolares se suspenden, no se completan, porque se fue la luz.

Por falta de electricidad no existe la actividad comercial. La vida se convirtió en una aborrecible parodia porque no hay suficiente electricidad para iluminar el alma de los venezolanos que decidimos quedarnos en este erial para refundar la república civil. Intente, si es que puede, actuar como un ser humano movilizado por la empatía y el respeto. Traté, así no lo logre, porque sé que no puede, devolvernos el país que nos robaron. Renuncie, encienda la luz y no sea tan miserable.

Alfredo Álvarez

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