#OPINIÓN Tratado con el Demontre #23Sep

Marcantonio Faillace | Ilustración: Victoria Peña |

A los diablos y sus pupilos…

Si no vas a amar sus demonios, no intentes sacarla del infierno…

Después de ciertos infiernos no cualquier demonio te quema…

-Anónimo

Un amigo es alguien que nos conoce pero nos ama de todas formas…

Jerome Cummings

¿En qué creen muchachos que se asemeja el des-gobierno de turno con el Demontre? Arquímedes Pérez profesor de historia y filosofía pregunta a uno y a ninguno de los oyentes en un día cualquiera en un aula universitaria casi vacía donde hacía tiempo que la verdad y la filosofía sabían demasiado a ayunos y tiranía, a insatisfacción e indecisión poblacional, toda una pregunta transparente como el viento que aunque invisible vivimos de sus aéreas clemencias y su oxidante inclemencia. Respirar realidades es tanto como inspirar al país, indicó poético el profesor al alumnado que poco entendía más allá de sus narices frías, valga decir, comprende poco menos que algo…

O sea (pregunta Catalina en voz alta, una de las pocas asistentes a clases de historia de la filosofía) que vendría a ser un equivalente de la miseria y el hambre sufrida por la multitud pues significa que estados mal gobernados, mal encaminados, malcriados de origen, con la peor gerencia jamás vista por el hombre en la historia de la economía universal por aprovechados megalómanos déspotas, serían entonces objetos de su propia destrucción, y le pregunto si ese argumento está bien y guarda sentido contrastar todo eso con la célebre afirmación del Libertador de las Américas, donde los pueblos (sordomudos e ignorantes) son objetos ciegos de su propia destrucción?…

Definitivamente sí. Respondió el profesor que poco le faltó para ponerse de pie y como orador de ágora griega aplaudirla y con la mano diestra como si guardara un reloj de leontina en un chaleco virtual e igual como si tuviera bastón y bombín se puso una sonrisa de gusto didáctico catedrático porque no se concebía cómo esa verdad sin sentido a la que se refería Chesterton, él la enseñarla a toda costa a todo tren a todo ese que quisiera conocer qué acaso podría intentarse con esa incierta verdad.

¿Y usted se llama? Pregunta aristotélico Arquímedes…

Catalina la O. Me lo puso mi papá en honor a la canción del sonero  portorriqueño Justo Betancourt. Me encanta por cierto.

No diga más. Qué maravilla de cantante y canción. Pues bien por papá y por Justo que no hubiera sido más Justo reconocerle la majestad y la inolvidable grandeza de su portento de voz y de swing de vuela cerca o vuelta completa con 4 en bases, contestó el profesor Arquímedes Pérez con tono de Grand Slam.

El ocaso no podía ir más cónsono con la  circunstancia. Anublados exteriores, con o sin luz o con ella cortada, escasez de agua y caros alimentos, pleno de liquidez y quién sabe si con la mujer en tono desleal y el perro como soplón de la CIA de acuerdo a investigación cerrada del diputado Carreño que por gracia divina el Woodpecker no tiene nada que ver con la sangre familiar del autor, pero sí de seguro de un pariente de vieja datación del di-puteado con una tuerca suelta en su árbol genealógico de pájaros locos…

Los oyentes no aparecen rodeando la casa de las luces en cuotas normales el Alma Mater, igual es, o los sedicentes la convirtieron, en otro exilio obligado. Junior que no pudo irse del país a tiempo, anda en silla de ruedas y no tiene cómo pagar el bús o el desayuno que apenas alcanza a imaginar para saciar un alma sedienta de país y urgida de una salida que no sea crónica de una muerte sin aviso ni protesto que por lo general es cruel cuando no inesperada como esos disparos locos que perdidos asesinan niños, ancianos, e inocentes todos los días donde doñita desgracia no discrimina a quiénes se nos lleva hoy sin recado de acuso ni menos de protesto.

Julio es uno de miles de fastidiados alumnos sin estudios ni ganas de estudiar. Arquímedes es otro de miles de docentes que todavía están allí, mal abonados, malcomidos, abochornados, que hacen esfuerzos serios por principios propios tanto para dar las clases, como para soportar darlas a esos tres pelagatos que se preguntan sin respuesta para qué carrizo van a servirle los estudios en un país sin oferta laboral ni calidades de vida.

A todas estas, la muchedumbre como recua va a la desbandada entubada al desfiladero sin saber qué fue lo que hizo para acarrear tanta desdicha tan sólo en cuatro lustros, que a decir verdad, no es tanto como debería serlo para una democracia diluida entre políticos malignos y en vías de un retraso grotesco e inesperado.

Para cada quien, estos tiempos han sido como el fantasma de la navidad de Scrooge de Dickens, ante la visual preocupada y gástrica del inope-rante que sobra. Sólo que el fantasma conserva borceguí castrense, es brutalmente bruto, jala mecate, cobarde, vendido, corrupto, además de vil. O sea, la pura indignidad como divisa. El mundo lo sabe y ellos también pero siguen haciéndose los locos, acabando con los recursos minerales y naturales que sudan en el subsuelo y arriba de este, muy mal administrados por hampones del régimen a través de patrocinios militares de pillos y acomodaticio adláteres. En clase siguen los estudiantes o sea los pocos que están recibiendo en lisa diatriba metafísica, estratégica y de cuando en vez, pero en otra escala, en insultos crematísticos y execraciones a todo dar en lo referente a lo marciano de lo marcial.

¿Usted piensa profe que debería dialogarse o bien tratarse con el Demontre?. Catalina la O, única adalid de la razón que se impone al sigilo de esa asistente minoría de holgazanes que han disipado, entre otras cosas, el apetito del saber de buena tinta y el sentido de lucha por la existencia y no sólo por la mera supervivencia. Qué mayor invasión que el apetito sin cuartel? insiste Catalina a voz quebrada como si las lágrimas fueron juristas protectores de causas perdidas de antemano. De qué hablan? Desde cuándo un jefe castrense manda al civil a investigar qué significa el término paz? Doctrina Monroe versus doctrina robó-ilusión-aria, pues bolivariana, nunca jamás?… TIAR con todos ellos profesor Pérez, expuso con suspiro final en el tono de voz que aparecía facilitando las palabras cargadas con el plomo de la indignación.

Arquímedes se quedó en una sola pieza como si de pronto él fuera el aprendiz y Catalina la O, la profesora. Recordó que enseñar es aprender dos veces, tal vez por eso le daba esa sensación tan fuera de lugar o en todo caso tan poco común de esa inversión de roles. Pero es intercambiarse de sexo peor, pensó, a modo de broma, pues la gente especial trata de bajarle dos a la fatalidad con ese humor negro que acaba por soltar el humo-r blanco, ese humo-r de cardenal protodiácono del no habemus entendido un cuerno panita…

La clase tomó rumbo contra la AN de nuevo cuño que ha pactado con el Demontre a contracorriente del presidente de la asamblea nacional, con muy poca gracia y muy desgraciadamente… Todos oían en voz alta…

Cada sujeto, cada contraparte, todo cabildo, vecino, habitante, industria, ama de casa, alumno, obrero, campesino, tutilimundi, tienen que ver con la reconstrucción de la república, así nos alega fantásticamente el artículo (Siete aliados para reconstruir Venezuela) del economista y profesor del IESA Gerver Torres. No tardó en recordar al economista estelar, el profe Pérez, quien viene pensando en el futuro país desde esa obra de investigación única y de cita bibliográfica obligatoria, hoy más que nunca <<Un sueño para Venezuela>> agregó con la típica articulación de un profesor de filosofía e Historia que ha venido ganando inercia en la certidumbre de su propio desconcierto…

La tarde se alarga rodeada de nubes, cada uno es como un retiro con cercado, una pieza del todo olvidada, un incomunicado total pero en partes que actúan para un fin cualquiera que pueda notarse y no un mediano andamiaje, un medio panorama, un jamás finiquito donde se prometen ir desde el principio y casi siempre es un inicio que jamás comienza. Es como la apertura de un cine pero sin un filme de estreno. Como una novela que debe tener trama, sostener cuerpo, e ir a destino aún sin ser editada. El cuerpo político, si viene muy enfermo en proyección está ya sentenciado a la desaparición.

Arquímedes va dando clases en ondas mayéuticas. Se respira un heleno irse por lo íntimo, por lo propiamente mágico. Por el claroscuro que nos envuelve y revuelve la república asesinada y degradada a capitanía general por cobardes con botas y zurdos ñangaras y su combo original grecolatino y caribeño. Microcosmos cultural homogéneo en su heterogeneidad y heterogéneo en su informe uniformidad. Demasiadas verdades en este mundo llegan con poco sentido y ante eso nos toca accionar con igual magnitud y en sentido contrario. Todos y todo se lleva a discusión en el aula qué no se hace esperar con Catalina la O catalizando la reacción química de sentimientos encontrados. Con una voz gruesa entre la ronquera y la iracundia, entre el frustre y el despropósito, ella se atreve a preguntar preguntándose por si misma y por los vagos callados  sentados atrás en pupitres olvidados al fondo, como un pueblo apaleado que no alcanza a reclamar sus derechos y por tanto olvida ejercer sus deberes o cree no tenerlos. Al menos morir a sabiendas de lo que pasa y nos sobrepasa o al menos ir tras una aproximación a la verdad de las mentiras y a las mentiras de la verdad, escribiría Pantaleón y sus visitadoras. Ella escribiría quemar mariajuana con butano y elaborar THC y hasta un TLC Salvador Garmendia. Catalina la O que día a día como cualquier criolla-o debe poder hacer alquimista o mago para poder cocinar sin gas o electricidad, enjuagarse sin agua porque bañarse es para sauditas y robo-lucionarios, hacer compras sin cash o en dólares porque los soberanos son billetes de monopolio, o en último caso, ya en la desesperanza de la estupidez general, navegar en internet sin red porque se palearon los propios empleados de corpoelec todos los cables telefónicos de ABA y [email protected] O debería hacer un diplomado en ilusionismo a la David Seth Kotkin Copperfield o al menos esa tipa de tipo Jesucristo súper star que transforma penes en panes y nos devuelva los 4 puntos putos cardinales que el cretinismo del gobernante de bigote cursi e ideología de trapiche piche, alteró, inventando 5 puntos vaya usted a saber de qué.

¿Cómo digerimos que una pareja de digamos veinte años de edad ambos requieren de trescientos años de sueldos mínimos para pagar entre los dos un apartamento tipo estudio de 50 metros cuadrados?… Catalina toma aire como si le faltará fuelle mientras el profesor le responde:

No hay cómo justificarlo señorita la O. Tal vez sí explicarse, pero a costa de un disgusto que quizás se justifique pero que al final no vale la pena, le confesó e profe a la muchacha que le volvía el color al cuerpo, mientras Arquímedes con la carne del cuerpo colorada ante el calor lo raspan de hambre las horas de los almuerzos.

La vespertina empeora los cúmulos y cirros que se acumulan como algodón de azúcar de feria en la bóveda del cielo, pero no nublan a Catalina la O que acarrea pensamientos cero octavos dirían los meteorólogos por ideas despejadas sin una sola nube de dudas… La hora y media de clases, se alargó una hora más.

Surgen los textos silentes y las afirmaciones firmes de la adalid de la O. Junior apenas vuelve de una noche de un sueño con verano del bueno pero con cara de malo, mientras una luz ámbar tímida atraviesa la romanilla del metal, acanalándose de resplandor, la sombra nada muda del aula, esa cebra espacial que nos rodea, ese traje de reo que no nos libera del mal nacido proceso comunal. Catalina la O, nada tiene que ver con la O por lo redonda, más por su esférica compostura inevitable, con manos duras y sangre, indestructible.

Han visualizado los 4 mosqueteros este día en el calor colado tras romanillas y atendido el murmullo poco compasivo de las cortinas de hierro. Escucha garua de lluvia que cae en un vaso de plástico desde el ventanal y se entretienen con el olor de la humedad. Arquímedes mandó a abrir las claraboyas y a respirar el secreto olor de los hedores y los aromas.  Allí tenemos de vecino el tufo del Guaire o el dulce aroma de los bosques de montaña del Ávila. El olor de las frondas de verano con sus hojarascas secas crujiendo en las aceras o del polen pre navideño de noviembre que baja de la falda del cerro agrandando las narices de reno de los sufridos  de sinusitis. ¡Ah sí! Flamboyanes y Araguaneyes por florear o ya floreados rojo y amarillos. Los humores rancios del Jardín Botánico como patrimonio de la humanidad que muere bajo la mirada inútil de las autoridades. El dulzón olor a piñas abiertas del mercado por un tajo de machetes. Humores de cerveza y tabaco trasnochados a la sombra. La oleada olorosa del mar que trae el salitre caribe que chocan con la falda costera del Guaraira Repano, despeñando por el funicular que acopia las partículas del cloruro de sodio, yodo y magnesio en todo el cristal empañado.

Ya con el tiempo agotado de la clase de filosofía e historia. Hubo que darle prisa al buen paso y al mal paso también. Pérez da el finiquito hasta la próxima clase con swing de leontina y bombín…

Darse cuenta debilita dijo, el color, los tactos, el ruido, los olores el gusto es alargar los brazos y sostenerse del aire para no caerse en la ciénaga del caos. Nos convierte en víctimas cuando te enteras de que sólo nosotros daremos cuenta de las fuerzas que no sólo nos contarán, tampoco nos tomarán en cuenta…

El recreo del mediodía sonó y aún nadie entendía nada o poco, pero todos salieron por la misma puerta por dónde corresponderá salir el recurso para un país, uno que ahora de nadie, sale de esas voces insatisfechas de muchas Catalinas y Junior sin respuestas a sus sospechas. El matiz verde del Ávila desciende hasta la mirada triste y mal alimentada de una aula de alumnos universitarios a los que se le han robado futuros linchándoles pretéritos plus cuan perfectos que acaso imperfectos volverán para enseñarlos que el caos no tiene plural…

Marcantonio Faillace

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