#OPINIÓN Cabudare sediento #13Oct

Jorge Euclides Ramírez | Ilustración: Victoria Peña |

Como telón de fondo del drama económico que se abate sobre Venezuela con pronósticos devastadores, sobre Barquisimeto y Cabudare se cierne la amenaza  de  tiempos de sed.

La Represa Dos Cerritos ya cumplió sus años de vida útil, no obstante continúa surtiendo de agua a Barquisimeto y esto se explica porque en el cálculo de los proyectistas se contempla un tiempo extra para que funcione como margen de seguridad y sirva a los gobernantes  para  la construcción de obras de reemplazo.

En Cabudare el suministro de agua es a través  de pozos profundos, los cuales van reponiendo su vaso con las lluvias y aguas subterráneas que fluyen desde Terepaima. Pero lamentablemente la situación actual de estos pozos es de suma precariedad y según estimaciones técnicas en un lapso de uno o dos años no habrá agua suficiente para satisfacer la demanda actual de la población residente en Palavecino.

Actualmente hay sectores que reciben el servicio uno o dos días a la semana, los más privilegiados la tienen un día de por medio y los afortunados todos los días pero con horario reducido. Pero todo esto está por agravarse ya que al secarse los pozos no habrá agua para nadie y esto es una verdad que manejan con suma discreción las autoridades pero es una verdad demoledora y trágica.

La solución para este gravísimo problema está en la construcción de la Represa Dos Bocas, la cual surtiría de agua a Acarigua, el eje Sarare La Miel, Cabudare y Yaritagua. Como todo en este país este proyecto está paralizado porque no se ha inscrito dentro de las prioridades políticas.

Por ello es indispensable que desde las organizaciones y grupos sociales que hacen vida en las comunidades de Cabudare se instale esta preocupación y se inicie una etapa de lucha para que en el menor tiempo posible se construya esta Represa. A diferencia del problema de Barquisimeto y Dos Cerritos donde el colapso se puede retardar mediante esfuerzos técnicos, la realidad de Cabudare es dramática, ya que al agotarse los pozos no hay manera de exprimir agua del barro.

Jorge Euclides Ramírez

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