#OPINIÓN El hombre que fue miércoles #25Feb

Marcantonio Faillace Carreño | Foto: Cortesía |

…Más atravesado que un día Miércoles…

Refrán Criollo

Día 1                                    

En la reunión, la familia Semana sigue sin obtener concierto. El Sr. Lunes o Lunas, insiste que el Sr. Miércoles o Mercurio vive de mensajerías, demasiado atravesado y estresado, por zapatillas que aprietan, y alas que dan calor. El Gral. Martes o Marte y Jueves o Júpiter, no se sientan en el diván pues solo vale la opinión de los del fin semanal. Como buen militar, lamen bota. Por supuesto que la Sra. Viernes o Venus, reclama derechos de pernada porque ser una Afrodita de Milo, vendría a dar como un Mr. Sábado o Sabbat menor (día de reposo descanso escribían sumerios… La calma del corazón) o sea, distinción que pueden solo tres en el escudete familiar; todos ansiaron inculpar a Mr. Domingo por ser inspirado, arduo y además el rotundo de la familia. Otros no dicen así, sino que testifican su genial estilo único; se sumó una terciaria opinión, pero nadie al fin se puso de acuerdo, sobretodo yo, que poco opino nada, porque siempre voy con mensajes de otros. No consideré más de lo que suponía el resto ¿suponía qué? Suponer no va con uno, de día o de noche, y tampoco de tarde. Nunca hemos visto al día común calificar de excepcional como los del final de la semana, que en la casa son las jornadas del solaz, la devoción y claro está, del saludable, y a menudo sugestivo, fin de Semana familiar…

Día 2                             

Ser día Miércoles fue para mí un atentado olímpico del Padre Cronos; si es que ese animal existe, afirma Lunas que continua viajando al lado oscuro de la Luna y no cree en nadie y por eso le consideran el lunático familiar. Este día, la multitud despunta mareada u odiando lo que los señores del fin de semana pusieron en los sorbos pasaditos de Fiebre de Mr. Sábado en la Noche.

No obstante, el desfile va por dentro ¿Por qué tocó la mitad y estar en medio? Ni idea. Pienso que pude haber sido un Sr. Muérgano o Muérdales, pero se comieron la luz con el rojo rojito de Tirano Banderas dejándome expuesto, y atravesado en marras.

Día 3

Como no soy resentido me la cargo dando club con los jefes Marte y Júpiter, y cuando no, las invento con la Viernes y Sábato. Con Mr. Domingo es otra cosa, es arduo con él pues es muy engreído, y con Lunes no lo intento porque uno nunca sabe cómo acabamos con el dolorón de cabeza que se trae del fin de semana, y con la nota de ido que lleva cada vez que baja de la órbita Selenita. Capaz termina de rayar la reunión como la de la Asamblea Nacional rara, que nada concluye y nunca clausura bien. Estoy en el medio del reguero, perdí la sensación de certidumbre plena decrecimiento y acopio, la fantasía que sustenta por las calles del medio y para no quedarme en medio de la calle. Como en efecto, me siento. Que no importo ni un medio de miércoles.

Día 4

Hoy he sido un día difícil. Para lo de medio soy peor; te caen encima de un lugar u otro y todos piden hacerte a un lado cosa que no te nace. Así que sales empujado pero siempre al mismo lugar. Es una maldición de toques al empujón para nunca ir a ningún sitio. Un mito de Sísifo. Por eso deshonré al Tata Cronos y a los rancios Titanes que se hicieron la vista gorda con el indolente Mercurio. La pelea inter-días es natural y desde que el calendario fue de Juliano a Gregoriano, infame. Nunca nos enfermamos, pero sí nos cambia el humor si nos mollina o el ardor domina. Así nos damos ánimo para seguir Semana a Semana, una ideal familia desamparada de 7.

Día 5

Lunes tiene días perdidos. Domingo se ríe porque sabe que no debe estar como el hijo de Lindbergh. Los jefes lo saben y no se inquietan. Igual se gasta el caudal de los amigos enchufados, es decir nada le cuesta un zipote porque paga la bolsa del pueblo. Para eso viene el comisario político cuadrando Betas, conviniendo horarios a provecho, atrasando los clementes oficios, interrumpiendo la vida ciudadana sin que el sueño sacuda de verdad y con tal fortuna sisada que velar sobran las noches despiertas, y nuestro nombre a diario de Lunes a Domingo,rueda por el país en manos de pillos y oportunistas ¡Thanks godis Friday! dicen los que les concierne el tirabuzón Dólar Today porque les rebosa del verde vergel los verdes billes piti-Yanqui.

Día 6

Mr. Sábado, es el día intermedio de los privilegiados del fin semanal y los consentidos de la familia Semana. A mí, Sr. Miércoles, me da recelos ir lejos de todo y estar a mitad de nada. Soñaba con la ligereza de mi hermano Lunas. Alguien que simulaba nada importarle o más bien importarle todo. Lunes certificaba que el galáctico de la patria grande tenía sus lunares para empezar lo que jamás terminó, para ofrecer lo que no cumplió. Para hechizar al arruinado arruinando su existencia, para alardear de revolución que no pasó de una sangrienta robolución, para acabar con el país que mal abrigó adentro un gran En-Chávez por fuera.

Día 7 

La invitación siempre está extendida. La familia Semana se reúne con Mr. Domingo para desayunar y discutir lo de siempre, y para tratar de no ponerse de acuerdo que es el ánimo de la entrega final. Si acordara algo seguro no me incluiría, los atravesados no son tomados en cuenta, solo acaso como estorbos al final de la jornada. Pero mi soltura de miércoles reside en la imparcialidad, en mi forma de no ver a un sitio en particular y al mismo tiempo ver a ambos lados de la divisoria. A nadie, por no decir a todos, le gustan los indecisos. Son pavosos y no se conforman aunque la conformidad pueda ser una armadura de doble filo: Si te conformas, das tela para descoserte, si no te conformas desgarran las telas para recoserte. La vida es un telar. Están los hilos conductores que mueven las tejedoras antes que las parcas tomen el mandado al corte del hilo vital. Están los titiriteros que interesa la dramática. Y están los días de la familia Semana que pasan eternos en un país donde los semanarios parecen perennes y los años, cursos de satrapía local que hace del territorio una prisión detenida en el tiempo con días que van salvando como si nunca hubiesen existido…¡miércoles!…me oí gritar.

Marcantonio Faillace Carreño

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