#OPINIÓN Por la puerta del Sol (71): El escritor y la lira de sus vuelos #30May

Texto y foto: Amanda Niño de Victoria |

A veces por razones valederas o no, perdemos un amigo dentro de esos espineros que no dejan de mostrarse para incomodarnos y pincharnos el alma. Hoy he recordado a dos amigos que en momentos rudos estuvieron hombro a hombro conmigo, luchando por los derechos y libertades que perdimos. Uno de ellos escribió “Proyecto novel de vida” , el otro amigo nos ponía el corazón acelerado con su “Campana en el desierto”.

Algunos seguimos siendo hijos de El Impulso, otros posiblemente ya no tengan nada que ver con la casa grande que tantas veces nos reunió por razones culturales, sociales, por conferencias o por otras que no vienen al caso.

El artículo de hoy ” El escritor y la lira de sus vuelos” envía un abrazo fraterno a esos dos amigos que se me traspapelaron en esos ruidos nacionales que a tantos han afectado.

Cuando miro hacia atrás, pienso y recuerdo las valiosas cosas que hemos dejado ahogar en el fango de la sin razón, perdidas en los últimos veinte años.

La riqueza más grande de un escritor es la de saber que su semilla ha caído en tierra buena y crecerá como esos árboles que brindan sombra al caminante y son sus frutos alimento de esperanza.

Articulista es aquel cuyos conocimientos, pensamiento, experiencias y sentir, tienen el poder de espolearle el alma día a día, impulsándolo a desparramar sobre hojas blancas todo lo vivido a lo largo de su vida y almacenado en la memoria. Las metas como sus sueños son imparables y extensas, dentro del breve tiempo de su existencia.

El articulista sabe cómo y cuándo emplear su aluvión de metáforas, capotea con maestría la crítica salvaje, ante la cual algunos sucumben. Él escribe con el idioma de sus sentimientos, otros se cansan y prefieren ahogar su pluma en el tintero, los que no se dejan amilanar siguen manteniendo altivo su espíritu como su bandera, firme el pulso y sin mancha el honor. Son escritores cuyo genio poderoso, indómito vive emancipado de preceptos arbitrarios, llevados solo por el ímpetu de su inspiración apasionada y franca.

Periodistas y articulistas, son portadores de un riquísimo arsenal de noticias y eventos que la mano aleve de la sin razón – por ahora- ha logrado acallar, negándole su libertad de hacerlo.

Aún están presentes los que desde el punto de vista literario son un verdadero océano de prosa rimada, los que emergen trecho a trecho como islotes de fino y vigoroso aliento, son aquellos cuyo alto vuelo atrapa la atención del público que reconoce la grandeza de un autor de la talla de quién asiduamente nos hacía llegar a través de Campana en el desierto relatos que servirán al historiador que en el futuro de manera brillante y clara enseñe al universo de las venideras generaciones los sucesos y luchas de la Venezuela a la que la tiranía destruyó todos sus valores, principios, riquezas humanas fraternales históricas, culturales, educativas etc. etc.

Allí podrá el futuro joven confirmar indudablemente la elegancia de un estilo sin par, que sigue brindando a la cultura nacional su brillo y su prestigio, además de la útil labor de la gran ilustración literaria que atesora el autor de “Campana en el desierto” porque es él quien mejor y de manera más real ha sabido sembrar en el espíritu de todo un pueblo cómo se vive, se sufre y se escribe desde el sentir del corazón, la historia de las lamentables y crudas realidades de una nación, porque como dijera Nietzsche “Quien siembra en el espíritu planta un árbol a larga fecha”.

El escritor sabe dar rienda suelta a su imaginación, florece su idea, fantasea, aprende a pesar destellos sobre el viento, a calcular el tiempo del no tiempo, a atrapar la idea hasta convertirla en luz de su inspiración, idea que entretiene, subyuga y estruja el corazón del lector que convierte sus escritos en lectura preferida.

Quienes escriben no solo son testigos del acontecer del mundo, también son sus protagonistas. Cada uno cuenta y narra con lógica y precisión, están expuestos a la crítica, también son críticos, unos son los maestros, otros los noveles y los alumnos que buscan poder llegar un día a escribir derecho sobre renglones torcidos en el arte de las letras…

La riqueza de enseñar como la de aprender no tiene fecha en el calendario ni límites, mientras mantenga activas y ocupadas las neuronas y no de tregua a los oficios de la mente.

…Porque escribir es ese sueño que no muere y que llevamos dentro que nos inunda y nos unirá, mientras sigamos siendo saludados y bendecidos por las albas radiosas de la mañana y en la tarde por la belleza crepúscular de Barquisimeto.

…Seguiremos escribiendo hasta que nos venzan los años, porque como dice Isabel Allende: “escribir es como el ilusionismo pues no basta con sacar un conejo del sombrero, hay que hacerlo de la forma más natural posible, convenciendo e influyendo al gran público, he allí la diferencia entre un aficionado y un intelectual”.

Amanda Niño de Victoria

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