#OPINIÓN La soledad como único refugio #5Jul

Jorge Euclides Ramírez | Ilustración: Victoria Peña |

Al planeta le dio una gripe mortal y  la humanidad descubrió que no hay refugio  social contra el miedo a la muerte y por ello se ha visto obligada a despojarse del velo de las apariencias para enfrentar su destino con las existencias básicas que caben en el morral del alma.

El mundo se había convertido en un gran espectáculo dominado por héroes glamorosos fabricados en el taller de las emociones  y desde las tribunas virtuales millones de individuos confinaban su vida al rol de espectadores. De esta forma los escenarios de la vida centraban su atención en los goles, las canciones, bailes de moda y el affaire de los famosos y millonarios, mientras que lejos en las páginas amarillas de los diarios o los tediosos informes de la ONU estaban las estadísticas de muerte, hambre y enfermedades.

 Pero de pronto las estadísticas mortales comenzaron a contar en el contrarreloj personal de cada uno y el pánico se convirtió en huida masiva hacia la profundidad del hogar y la familia, reducto que sin la magia del circo mediático solamente podía funcionar como protección si era reivindicado como faro de ilusiones espirituales. entre las penumbras creadas por las incertidumbres y las aspiraciones de metas  postergadas.

Muchos han sucumbido en esta búsqueda y antes que seguridad y cobijo, su intimidad se les transformó en tedio y calabozo donde el silencio de los gritos y los aplausos son una derrota de las casas frente al imperio sonoro de los estadios y las plazas. Pero para algunos la reclusión fue traspasar la membrana del cotidiano cascaron para extender alas hacia la simplicidad grandiosa de la música, la poesía y la contemplación del cielo como vecino próximo.

Entonces los balcones, patios y aceras salieron del anonimato y la rutina para mostrar su calidad de teatro universal del arte y la coreografía, donde para celebrar lo hermoso no se requiere de montajes de alto costo y rutilante tecnología sino simplemente de talento y compromiso con la autenticidad.

 Desde el fondo de la infancia emergieron siluetas familiares de amigos reencontrados en las redes sociales y con ellos el dialogo ha sido urdimbre de nostalgias y recónditos paisajes donde el sol fue compañero de aventuras.

El planeta entró en pánico por un apocalipsis que se sufre en varias dimensiones, desde las calles donde la desolación tiene rostro de tragedia y desde el celular y la televisión como silla numerada desde la cual colocamos a  la muerte tocando el timbre de nuestras casas.

Gradualmente pero como quien pisa arenas movedizas hemos vuelto a los lugares de costumbre pero ya no tenemos sobre ellos sentido de pertenencia, son sitios tomados por el miedo y nosotros insectos en peligro de ser aplastados por un manotazo del destino.

La humanidad ahora no es la misma, humillada por lo invisible recuesta su cabeza en el descanso de la fe, no tiene otra opción que volver a los remedios caseros y la oración, mientras espera el milagro de una ciencia que en estos momentos más que nunca muestra también su desconcierto ante lo desconocido. Pero Dios sigue allí, imperturbable y protector, como siempre y para siempre. Dios está con nosotros.

Jorge Euclides Ramírez

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