#OPINIÓN Miradas que matan #25Ago

William Amaro Gutiérrez | Ilustración: Victoria Peña |

No me imagino la mirada que un acérrimo opositor político de este gobierno puede hacerle al Presiente de la República de este país. Ni tampoco la mirada que un acérrimo defensor de este gobierno pueda hacerle a un profundo opositor. Igual puede sucederle a Ud. con un amigo que le frustró, un compañero de trabajo, un vecino con quien tuvo una diferencia o hasta con un familiar cercano. La rabia, el resentimiento y hasta el odio se trasmite con una simple mirada. Pero el amor también.

A veces creemos que el que nos ofende o nos falta es quien está obligado a acercarse a nosotros a pedir perdón y ese es un error. Cuando concebimos la vida a la luz del simple pragmatismo corremos el riesgo de vivir vidas de muerte. Si, por cuanto una persona que vive con resentimientos, con rabia y odio no es una persona que vive, sino que muere lentamente. Imagínense cuanto podrá durar una agonía en nuestras vidas si esperamos que el cónyuge, un hermano, amigo o familiar que nos ofendió se acerque a nosotros a disculparse. O que quienes gobiernan se vayan voluntariamente. Que esperemos anhelantes que nos den una satisfacción por la afrenta que se nos hizo. Eso, para aquellos que creemos en Dios o le creemos a Dios no es recomendable. ¿Dónde estaría el plan de salvación de Dios si el Señor Jesucristo hubiese esperado que el cruel pecador fuese a pedir perdón por haberle crucificado? Sería absurdo. Sin embargo, muchas veces pensamos y procedemos así.

Cuando Pedro negó a su maestro, lo cual fue una traición tan parecida a la de Judas, no se encontraba a sí mismo. La tortura que este hombre llevaba en su mente con seguridad debe haber sido horrible. A pesar de estar verdaderamente arrepentido, no soportaba la tortura mental. Tal vez se preguntaba, ¿Cómo pedirle perdón a mi maestro, si iba camino al calvario? ¿Cómo decirle, Señor, perdóname por favor?

“Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces” Luc.22:61. Lo más extraordinario de este pasaje, por demás dramático fue: 1º.- Lo que hizo el Señor. 2o.- Lo que Pedro recibió. 3º.- La tremenda enseñanza que nos dejó a todos su seguidores. Lo que hizo Jesús. “vuelto el Señor, miró a Pedro”. ¿Será que esa mirada era de resentimiento o de rencor? Por supuesto que no. Con seguridad fue una mirada tierna, de amor y de profunda comprensión. Una mirada donde le decía: “Hijo yo te perdono”. Pedro recibió entonces, el perdón que necesitaba y que lo capacitó para convertirse en uno de los baluartes de la predicación del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Y para nosotros, dejó una enseñanza vital para el cristiano: desarrollar la capacidad para perdonar toda ofensa que nos hagan. Y salir a buscar a aquellos, que de alguna manera se han alejado de nosotros con molestia y nosotros no sabemos la razón.

“La manera en que el Salvador trató a Pedro encerraba una lección para él y sus hermanos. Les enseñó a tratar al transgresor con paciencia, simpatía y amor perdonador. Aunque Pedro había negado a su Señor, el amor de Jesús hacia él no vaciló nunca. Un amor tal debía sentir el pastor por las ovejas y los corderos confiados a su cuidado. Recordando su propia debilidad y fracaso, Pedro debía tratar con su rebaño tan tiernamente como Cristo le había tratado a él…” Elena de White.

Mi apreciado lector, si guardamos rabia y rencor por alguien, llámese político, ex amigo, vecino o algún familiar, es el momento de pedir a Dios nos de la sabiduría para perdonar de verdad y tratar de vivir en paz. Eso lo demostraremos haciendo el ejercicio al encontrarnos con el personaje y que no nos salga esa mirada de odio o resentimiento que viene del corazón. ¿Fácil? No es. Pero si lo intentamos, con voluntad sincera, Dios a través de su santo Espíritu va lograr una victoria en nosotros, entonces seremos más felices.

¡Hasta la semana que viene Dios mediante!

William Amaro Gutiérrez

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