#OPINIÓN Se busca un Emprendedor: Exprese sus ideas con claridad #17Nov

Italo Olivo | Ilustración: Victoria Peña |

“Procura, no que alguien te pueda entender, sino que nadie pueda dejar de entenderte”

Quintiliano

A veces suponemos que la gente puede leer nuestras mentes, por así decirlo. Cada vez que empleamos una palabra, corremos el riesgo de que nuestro interlocutor la malinterprete.

Los buenos comunicadores no obligan a los demás a ser capaces de «leer la mente». Se expresan con claridad y con varios ejemplos, y van al grano de forma concisa y breve. A menudo, la gente que no sabe comunicarse con los demás, resulta pesada y difícil de comprender.

Todos tendemos a hacer las cosas según nuestra costumbre, esto no significa que no pueda cambiar, sino que debe buscar razones para motivarse e intentarlo. Si piensa en las situaciones de su vida cotidiana en las que una mejor comunicación le ayudaría, podrá establecer las compensaciones concretas que recibirá si trabaja para mejorar esa habilidad. No olvide que cuanto más personal sea el beneficio, más poderosamente le motivará para cambiar.

La gente que posee un alto coeficiente de inteligencia interpersonal, disfruta de un nivel de comunicación claro y sin equívocos. ¿Cómo lo logran? Saben cómo explicarse de forma concisa, directa, hablan claramente diciendo lo que piensan y sienten y no se van por las ramas y saben incluir al oyente en su discurso, permitiéndole hacer preguntas, clarificando aún más su mensaje.

Los buenos comunicadores no piensan en voz alta, se organizan y priorizan los mensajes que quieren transmitir, destacando lo esencial. Es fácil escucharlos porque piensan antes de hablar. Usted puede ser como ellos si prepara lo que quiere decir en lugar de hablar impulsivamente, en especial si el mensaje que quiere transmitir es complicado.

Si el oyente recibe la información de antemano, en un breve avance, y el orador recapitula los puntos clave al final de su discurso, es más probable que el mensaje se transmita efectivamente.

A menudo deberá́ tomar la decisión conscientemente y hacer un esfuerzo para escuchar y observar con atención, y por eso es un proceso activo. Los pasos clave son centrarse en la persona que habla, mostrar interés y saber leer el lenguaje corporal.

La buena comunicación requiere reflexión y esfuerzo. Cuando se tome el tiempo de pensar claramente en lo que quiere decir y encuentre las palabras justas para expresarlo, sin duda habrá́ avanzado un gran trecho en su objetivo de explicarse con más claridad y efectividad.

Los buenos comunicadores son gente directa, que deja muy claros cuáles son sus sentimientos e intenciones. No confunden a los demás con insinuaciones, medias tintas o yéndose por las ramas. Pero para muchos de nosotros, hablar sin tapujos puede ser muy difícil. La idea de ser tan directos puede ser intimidatoria, o bien puede preocuparnos parecer mandones o demasiado insistentes. Para hablar sin rodeos debe estar dispuesto a sostener lo que diga, hacer sentir cómodo al oyente y ser coherente. Responsabilícese de sus afirmaciones cuando quiera compartir sus sentimientos o sus puntos de vista.

Si nuestras palabras dicen que no, pero nuestros ojos y demás lenguaje corporal dice que sí, la gente terminará por sentirse confusa. La comunicación clara y sincera se basa en la congruencia de sus mensajes verbales y no verbales. A menudo, la gente es ajena a las discrepancias existentes entre sus palabras y su lenguaje corporal. Por ejemplo, no se dan cuenta de que están evitando el contacto visual con su jefe, al tiempo que le aseguran que el proyecto sigue según el calendario previsto, o bien responden a su esposa que sí están escuchándolas, mientras siguen con la vista pegada a la pantalla del televisor.

Definitivamente, los buenos comunicadores piensan antes de hablar, resumen sus ideas y orientan al oyente, y utilizan imágenes vividas para ilustrar sus argumentos.

Italo Olivo

www.iolivo.com

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