#OPINIÓN Elecciones parlamentarias: voltear la tortilla y control de espacios de poder #21Nov

Freddy Torrealba Z. | Ilustración: Victoria Peña |

Participar o abstenerse en unas elecciones de cualquier tipo no es un asunto de principios, legal, moral o sine qua non. Constituye un hecho eminentemente práctico condicionado por el requisito indispensable de la existencia de condiciones reales para votar y elegir para lograr los objetivos planteados.

Se interviene por existir el juego ventaja y ganancia bien sea por la conquista de espacios o su preservación. Es lo que define el asunto para las fuerzas en pugna, sobre todo para las que no lo tienen. Así es correcta la línea de la intervención. Pero el mismo brilla por su ausencia actualmente en Venezuela.

Ciertamente una tiranía totalitaria nunca va ofrecer garantías a sus contrincantes en unos comicios. Es cuando la cosa se plantea en términos de reto y no una barrera insuperable en función de avanzar, acumular fuerza o hacerse del poder de forma legal y pacífica. Esa es la línea de voltear la tortilla con la participación masiva de la población en las votaciones para desenmascarar al régimen que ciertamente suele funcionar.

En ese sentido unas de las experiencias más citada por quienes creen en la participación electoral en América Latina es lo ocurrido en Chile durante la dictadura del general Augusto Pinochet. Pero dicha experiencia es necesario verla en contexto específico. Cuando en el país sureño son convocadas las elecciones Pinochet ya había cumplido con su misión de reordenar política y económicamente al país, es decir estaba de salida. Además, debe tenerse presente la presión de EEUU de que abandonara el poder en condiciones de ventaja para los jerarcas de la tiranía. Se planteó entonces las elecciones como un desafío en la línea de voltear la tortilla con la participación masiva de la población. Ello más el alivio de que el dictador se marchaba. Si bien las condiciones electorales no eran las óptimas había surgido la necesidad de retornar a la democracia. Los de arriba no podían seguir viviendo a la antigua lo que genera el abandono del poder por Pinochet. Había necesidad del retorno a la democracia, aunque en precarias condiciones como el hecho de garantizarle una senaduría al dictador. Es más, EEUU era abierto partidario de esa salida tras más diez años de dictadura fascista. El dictador ya no era útil a las clases dominantes.

También fue correcta la participación de la resistencia de AD y PCV en las elecciones a la Constituyente en noviembre de 1952 durante la dictadura perezjimenista. Pese a las desventajas la misma tenía un amplia y significativa representación en el Consejo Supremo Electoral. Cuando la dictadura desconoce la victoria de URD sus integrantes renuncian provocando una crisis institucional y política que no se esperaba Pérez Jiménez. Otra cosa es que Villalba no haya peleado su triunfo en la calle. Pero se tenía una significativa cuota de poder legal en el CSE a favor de las fuerzas democráticas que se supo aprovechar. Habían posibilidades de voltear la tortilla a favor del cambio.

Luego de la derrota del régimen castro chavista en los comicios parlamentarios de 2015 anuncia descaradamente que en los sucesivo no se harán elecciones si no están seguros de su victoria. A la anulación dela Asamblea Nacional se une la inhabilitación de los principales partidos opositores. Eso hace del proceso una farsa. Unos comicios al mejor estilo estalinista en que no se elige, pues están decididos de antemano los resultados a favor de la tiranía. tal como sucede en Cuba donde todo se lo lleva el partido comunista. Hemos llegado a una situación de compromiso histórico en que nada cambia por el mecanismo electoral concebido para negarlo. El cuadro existente en Venezuela no ofrece perspectivas de cambios reales como en los 2 ejemplos revisados.

En esas condiciones es de ingenuos participar. Lo planteado, como decía Lenin, es “desechar las ilusiones, prepararse para la lucha”. El régimen tiene el dominio absoluto del proceso.  en que sería de ilusos el planteamiento de voltear la tortilla aún con la participación masiva del electorado. En ese sentido nos asalta además una razonable duda: ¿De obtenerse una victoria quién la va defender? Acaso una dirigencia de micrófono y redes sin trabajo social y de masas caracterizada por sus sospechosos errores, omisiones, silencio, pasividad y negocios con el régimen en lugar de negociar soluciones a la crisis.  Esa es también una forma de cohabitación con la tiranía mientras el pueblo pasa las de Caín.

Freddy Torrealba Z.

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