#OPINIÓN El Acueducto de Carora, inaugurado el 19 de diciembre de 1914 #17May

Luis Eduardo Cortés Riera | Ilustración: Victoria Peña |

Un libro escrito por la historiadora Yolanda Segnini llamado Las luces del gomecismo trata de mostrar que no todo durante el largo gobierno de 27 años del presidente Juan Vicente Gómez fue atraso, oscurantismo y terror. No es así. Recordemos que fue gracias al presidente andino y por intermediación del general tachirense Juan de Jesús Blanco, que la ciudad de Carora ve la ansiada reapertura del Colegio Federal Carora en 1911, institución de educación secundaria fundada al calor del “patriciado caroreño” que fue clausurada en 1900 por el presidente Cipriano Castro y su ministro de instrucción, el célebre escritor Eduardo Blanco. En 1915abre sus puertas el Liceo Contreras para señoritas, obra del doctor Rafael Tobías Marquís Oropeza, y que en 1925 el Gobierno del Benemérito General Gómez crea la Escuela Torres para señoritas. A ello debemos agregar la fundación de la Biblioteca Pública Ildefonso Riera Aguinagalde por Chío Zubillaga en el ocaso de la dictadura, en 1934.

El general Juan de Jesús Blanco, progresista militar andino, afincado emocionalmente en la ciudad, fungía como Jefe Civil y a él le debemos el Parque (Plaza) Bolívar, la red de telegrafía de nuestro extenso Distrito, y el nuevo Acueducto que fue inaugurado el 19 de diciembre de 1914. Esta obra sanitaria iba a sustituir la llamada Cisterna Guzmán Blanco, obra construida por el Ilustre Americano durante el Septenio, 1870-1877. Estaba ubicada al lado del Hospital San Antonio que fundaran los presbíteros Carlos Zubillaga y Lisímaco Gutiérrez, y se nutría de una pequeña y corta quebrada que bajaba paralela a la calle Lara y que ya no existe, tal como me dijo mi padre, el ecologista profesor Expedito Cortés.

El nuevo acueducto de Carora fue construido, dice el Dr. Ramón Pompilio Oropeza en 1921, bajo la dirección técnica del bachiller Rafael Lozada, nativo de Siquisique, alumno y fundador del Colegio La Esperanza o Federal Carora en 1890, y quien obtuvo el título de Agrimensor Público en tal Colegio en 1896. Se encargó como preceptor de la escuela de primaria anexa al Colegio Federal. Fue además miembro fundador del selecto Club Recreativo Torres.

En octubre de 1913 esta obra sanitaria estaba paralizada, cuando ya estaba construida la caja y se esperaba la maquinaria para instalarla, según refiere el Semanario Labor de José Herrera Oropeza. La obra costó al Gobierno unos 60,000 bolívares, dinero con el cual se cubre el importe del edificio, la construcción de la caja o depósito, de la maquinaria y el transporte de ésta. Faltan, agrega Labor, unos 12.000 bolívares para comprar los tubos galvanizados para garantizar su permanencia. Esta cantidad, que hogaño nos parece insignificante, era poco menos que una fortuna, y por ello fue “reunida por los hijos de Carora, nunca zagueros (últimos) en ofrecer sus esfuerzos para toda obra que se emprenda para el progreso de su tierra”.

Se convoca para tales fines a una reunión con “las personas pudientes de esta sociedad, con el objeto de organizar una recolecta entre todos nuestros capitalistas, a los que seguirá el pueblo en general”. Entre estos capitalistas estaban “la primera riqueza de Carora” Andrés Tiberio Álvarez, Flavio Herrera, Amenodoro Riera, el socio de La Rosa de Oro, Miguel Ángel González, Aníbal Aldazoro C., entre otros.

Agrega don José Herrera Oropeza que “Esta obra es muy necesaria, por lo exiguo del río Morere, las constantes sequias que se sufren en esta calurosa región, y la relativa poca durabilidad de la existencia de agua en la Cisterna Guzmán Blanco, hacen que la población continuamente se vea expuesta al martirio de la sed.” Y más adelante dice: “Recientemente ocurrió este caso: presentados todos los inconvenientes citados, vino a complicar la situación el hecho de que, habiendo llovido en las cabeceras del río Morere, el agua que éste traía era horrorosamente revuelta, próxima casi a coagularse en barro, (esto sucede aquí con harta frecuencia); en tan angustiante caso, no hubo más recurso que mandar por agua a los campos, agotar la de los pozos, y, en fin, resignarse a pasar largos ratos de sed por parte de las personas más pobres.”

El muy ingenuo José Herrera Oropeza escribirá de seguido en su Semanario Labor, que es antecedente del Diario de Carora: “A nadie se escapará que, una vez terminado el acueducto, no volverá Carora a verse en tales apuros.” En los inicios del tercer milenio sufrimos consuetudinariamente la falta de tan elemental líquido los caroreños, teniendo a nuestra disposición dos represas gigantescas: Los Quediches y Atarigua. Toda una paradoja que habría desconcertado al director del Semanario Labor.

La Junta del Acueducto que se forma para impulsar la obra sanitaria, aclara que no hace falta la recolección de dinero que se había anunciado, porque la Junta pedirá al Gobierno la cantidad que falta. Un lujoso programa se imprime en los talleres del Semanario Labor de José Herrera Oropeza para la inauguración de la obra en 19 de diciembre de 1914, que coincide con los 11 años de la Rehabilitación Nacional, suceso que ocurre en 1908 y en el cual Juan Vicente Gómez le arrebata el poder a su compadre general Cipriano Castro quien en viaje de salud estaba en Alemania.

Este moderno Acueducto, construido con iniciativa y talento caroreño, lo que es digno destacar, estaba ubicado en la calle Bolívar, esquina de la calle Falcón, a una cuadra del Puente Bolívar, sus ruinas podían verse aun en la década de 1970. Se nutría de las aguas del “hilo de miel”, nuestro río Morere, hogaño convertido en gigantesca y nauseabunda cloaca, funcionó hasta que fue sustituido por las perforaciones del Puente de La Miel, situadas en la carretera Lara-Zulia y que nos proporcionaron un agua subterránea salobre y gris.

La ciudad de Carora era por aquel entonces la capital del Distrito Torres y tenía una pequeña población de 10 mil habitantes, una sociedad en cuyo vértice se hallaba el “Patriciado caroreño”, clase social que ejercía una verdadera hegemonía ideológica y cultural, hablando en términos de Gramsci. El general tachirense Juan de Jesús Blanco congenió de buena manera con los godos y con el populacho. Se hizo miembro del selecto Club Torres. En la sala de sesiones del Concejo Municipal fue colocado el 19 de diciembre de 1914, solemne Día de la Rehabilitación, un retrato suyo que fue pintado al óleo por Julio Teodoro Arze, en reconocimiento a los desinteresados servicios prestados a la ciudad y al Distrito Torres. Después de entregar el poder se residenció Blanco en el pueblo de Río Tocuyo, funda allí una hacienda a la que coloca el nombre de Montenegro, en homenaje a la pequeña y sufrida nación de los Balcanes. Tuvo descendencia acá y entre ellos destaca el simpático músico, locutor, comerciante, humorista y político Nelson Pérez, fundador de Los Trovadores Caroreños y militante comunista de gratísimo recuerdo.

Luis Eduardo Cortés Riera

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