#OPINIÓN Chile y Allende… 45 años del Golpe Militar (2/2)

Pedro Rodríguez Rojas  | Ilustración : Victoria Peña |

Así mismo es necesario mencionar que las ideas socialistas surgen tempranamente en Chile: en 1912 el Partido Obrero Socialista, 1922 el Partido Comunista, en 1933 el Partido Socialista, en 1936 la Confederación de Trabajadores, en 1953 la Central Única de Trabajadores, en 1956 Frente de Acción Popular que une a socialistas y comunistas. Debemos destacar la experiencia de la “República Socialista” de 1932 que sí bien duro apenas doce días, demostró la madurez política y revolucionaria del trabajador chileno y el nuevo papel de los jóvenes militares que propiciaron esta experiencia. Esta fuerza del Movimiento Socialista hizo posible su presencia en varios períodos gubernamentales pero siendo constantemente traicionados por los aliados pequeños burgueses y sus divisiones internas (comunistas, socialistas, anarquistas, entre otros) le produjeron más de una derrota incluyendo la de 1973.

El triunfo del Socialismo en Chile, en 1970, tiene razones de peso en el proceso histórico chileno. Durante cuarenta años una serie de contradicciones, traiciones habían impedido el triunfo de este movimiento. Pero debemos también tomar en cuenta el contexto internacional, marcado por un amplio desarrollo de los movimientos nacionalistas y tercermundistas, de victorias del socialismo en países pequeños como en Cuba y la derrota histórica del imperialismo norteamericano en Vietnam, como si todo esto fuera poco, a finales de los años sesenta se produce un profundo estancamientos de las economías capitalistas a nivel mundial llegando a su fin el auge de la postguerra.

Es necesario reconocer que en el Gobierno de derecha de Frei, lleno de grandes contradicciones, se dieron avances en las luchas económicas nacionalista y en el desarrollo de las organizaciones sociales pero que al fin no encontraron soluciones definitivas a sus presiones, lo que llevaron al repudio definitivo hacia estos sectores conservadores y la alianza definitiva que aseguró el triunfo en 1970. Sin embargo, es necesario aclarar que la reacción en contra del triunfo de Allende se produjo desde las mismas elecciones, desde el principio de este año se descubrió un intento de golpe que intentaba impedir las elecciones y que fue neutralizado por la actitud patriótica del General René Schneider, comandante en jefe del ejército y quien al poco tiempo después cae asesinado; poniendo en evidencia lo que sería el signo retaliador de las fuerzas reaccionarias.

Igual maniobra se intentó hacer con un intento fallido de reformar la Constitución para ilegalizar el Frente Popular. Durante el Gobierne de Allende, estas fuerzas reaccionarias desde el Congreso, en la clase empresarial, en las Fuerzas Armadas, en los sectores económicos extranjero, desde la CIA se aliaron para conspirar y encontraron el lamentable apoyo de un sector de la izquierda que exigió cambios radicales en forma inmediata. A pesar de todo en las elecciones parlamentarias de Marzo de 1973 el Frente Popular obtiene un amplio triunfo contando con el 44% de los electores, dándole total legitimidad al Gobierno. Sin embargo, el Congreso, en agosto de ese mismo año, apoyado por el Colegio de Abogados, aprueba una reforma Constitucional donde se daba legalidad a un golpe de Estado que “restableciera el orden social”.

La posición del Gobierno norteamericano fue determinante en el golpe de Estado, no sólo en la participación de la CIA sino del propio gobierno, como se comprueba en unas declaraciones del secretario de Estado H. Kissinger – antes de las elecciones de 1970- citados por Koroliov y Mhudachkin en el libro *América Latina: Las Revoluciones en el Siglo XX:* “No veo por qué tendríamos que observar impasibles como un país se hace Comunista debido a la irresponsabilidad de su gobierno”. (pág. 166).

Sin embargo, igual que la fuerza de los movimientos adversos al gobierno socialista fue la tenacidad de estos últimos encabezado por el Presidente Allende, quien cae muerto en el asalto al edificio La Moneda y quien había definido desde 1971 cuál sería su posición ante un intento de derrocamiento: “Sólo acribillándome podrán impedir mi voluntad, que es cumplir el programa del pueblo” (Entrevista en Enero de 1971 del escritor Francis Regis Debray).

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