#ESPECIAL FOTOS: Peligran sectores vecinos de quebradas y bucos

Hugo J. Boscán | Fotos: Iván Piña |

Las familias que residen en comunidades inmediatas a quebradas y bucos temen lo peor cuando se inicia cada temporada invernal pues, debido a los obstáculos que presentan, en muchos casos por culpa de los mismos vecinos, las aguas de lluvia están impedidas de circular libremente, saliéndose de sus cauces e invadiendo las viviendas, en su mayoría de precarias construcciones.

Con las precipitaciones del fin de semana, muchas fueron las familias que, sobre todo en el suroeste de Barquisimeto, pasaron horas sin poder dormir ni estar tranquilas debido a las crecidas que registraron los bucos y las quebradas, principalmente La Ruezga, donde caen los torrentes procedentes de las montañas ubicadas al sur de la ciudad.

En sectores como San Francisco y Santa Isabel, aunque, afortunadamente, no hubo pérdidas humanas ni materiales que lamentar, las preocupaciones no faltaron en aquellos residentes en las cercanías de La Ruezga por la altura que registró la quebrada.

“Esto hace tiempo que no lo limpian y además del monte que ahí crece mucho por el agua, algunos vecinos contribuyen con el problema echándole basura por montón”, manifestó Fernando Escalona, quien en sus más de 30 años en el sector ha visto muchas veces cómo la quebrada se ha desbordado impidiendo incluso el paso normal de vehículos por la avenida.

El domingo no fue la excepción, lo que pudo ser comprobado el lunes al ver las marcas que las aguas crecidas dejaron sobre los bosques reproducidos en su cauce.

Incluso, bajar a la parte inferior del puente de San Francisco permite observar algunas fallas en su estructura, en especial sus bases, debido a los golpes que recibe de las tormentosas corrientes.

El caso es que, a pesar de la peligrosidad que siempre ha representado ese cauce de aguas de lluvia desde su nacimiento en el suroeste, en sus orillas se han multiplicado barriadas como Brisas del Mayorista, donde unos veinte ranchos, construidos con la anuencia o instigación de politiqueros en busca de votos, están en inminente peligro de desplomarse pues la tierra sobre la que se asientan se derrumba con cada aguacero.

“Cuando llueve duro en la cabecera esa quebrada da miedo porque el agua nos llega hasta aquí arriba”, explicó una de las amas de casa de Brisas del Mayorista cuya precaria vivienda está prácticamente en el aire y ella, con sus hijos, esperan que algún organismo la reubique en un sitio seguro.

Pero, a pesar de que los desperdicios caseros también impiden el normal desplazamiento de las aguas de lluvia, desde las casas, con el argumento de no disponer de servicio de aseo urbano y domiciliario, lanzan la basura al cauce con la esperanza de que la corriente la haga desaparecer rápidamente, lo que no siempre ocurre, sobre todo cuando esos desperdicios son colchones, muebles, cocinas y hasta neveras viejas.

La situación de peligro no sólo existe en San Francisco y Santa Isabel sino en gran parte de la parroquia Juan de Villegas, o sea, todo el suroeste de Barquisimeto, donde existen unas 100 comunidades.

El Tostao, pasando por Santa Rosalía, El Trigal, El Calvario, 24 de Julio, La Batalla, Los Horcones, barrio Bolívar y otras comunidades de la zona son cruzadas por numerosas pequeñas quebradas o bucos que, por falta de limpieza la mayoría, constituyen un riesgo tan pronto llueve fuerte en la zona montañosa.

Además, muchas de esas corrientes, en temporadas invernales, impiden el tránsito automotor por vías principales de cualquiera de esas barriadas, al menos por unas horas, obligando a transportistas y pasajeros del transporte colectivo urbano a cambiar de rutas o suspender sus servicios hasta que el paso por las “bateas” pueda ser restablecido.

Desde Imaubar se habían emprendido hace algunos meses operativos destinados a limpiar de escombros y basura los canales de agua de lluvia que cruzan barriadas del suroeste, oeste y norte de la ciudad, pero, aparentemente por insuficiencia de equipos y las últimas semanas por carencia de combustible para movilizar las pocas maquinarias disponibles, fueron suspendidos, precisamente cuando comenzaron las lluvias.

Desde Protección Civil se han hecho advertencias a quienes habitan en las cercanías de quebradas, mantenerse vigilantes cuando llueve para no ser sorprendidos por las aguas desbordadas de algunas de ellas.

Incluso, técnicos en emergencias de ese organismo tiene clasificados como peligrosos numerosos sectores de la ciudad, pero, lamentablemente, no parece haber autoridad que haga ver a las familias el riesgo en que se encuentran por las crecidas que experimentan los cauces cerca de los cuales construyeron sus viviendas.

Sin embargo, con frecuencia se puede ver cómo en, además de montañas o en sectores cruzados por canales de aguas de lluvia, de la noche a la mañana aparecen ranchos habitados, no sólo por parejas de adultos sino también por niños, inocentes del peligro al que los han llevado quienes tienen la obligación de cuidarlos.

Aún hay tiempo para prevenir tragedias y no esperar a que ocurran para actuar, es lo que dicta la conciencia ciudadana.

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