#OPINIÓN Desde aquí… (3)

Amanda de Victoria | Foto: Archivo |

Los años solo nos limitan si nosotros dejamos de luchar. Por rudo e imparable que corra el tiempo, cada época tiene sus propias glorias, sus obsesiones, sus alegrías, sus temores, sus dudas, sus siembras, sus frutos y sus crisis. “No todos podemos ser fructíferos ni sagaces por siempre. También el talento y capacidad tienen su límite, su naturaleza, su alcance, su fuerza y el final de su ciclo de vida” (Philip Roth).

A través de los últimos veinte años gracias a la oportunidad de escribir que me brindó el periódico EL IMPULSO, comprendí que por difícil que sea abrirse camino, al frente siempre habrá quien nos abra una puerta que nos permita manifestar nuestras inquietudes, aumentar los conocimientos, aprender y enseñar a otros. No pierdo el tiempo en lo que puedo hacer sino en lo que quiero hacer. No hay impedimento cuando la voluntad es grande. Mi lucha está en llegar a ser con mis experiencias una escuela en el futuro o dejar lecciones de vida para mis hijos y nietos, manteniendo igualmente mis sueños y planes ocupados, haciendo frente a mis retos y seguir conservando erguidas las neuronas para dar sentido a la existencia. Escribir como leer es una manera de viajar.

Desde aquí… por un tiempo iré dejando la historia de veinte años de artículos que guardo en mis archivos y guarda mi casa querida de EL IMPULSO, (periódico que ante la negativa del régimen de permitirle acceso al papel se vio obligado a cerrar sus puertas, hasta que regrese la libertad a esta tierra cruelmente maltratada por un sistema feroz e irracional, destructor de la prensa y pensamiento libre).

Esta es la razón de la enumeración de estos artículos que llevaré a través de la página web de EL IMPULSO y de Facebook, acerca de aprendizajes y experiencias que compilaré por largo tiempo a través de mi columna -Por la puerta del sol- De esta manera seguiré agregando ladrillos a la construcción de esta parte de mi historia y del futuro que no está escrito, por eso soy yo quien lo escribe, arando de aquí para allá el surco bueno con el surco malo con los únicos bueyes que poseo…Entre otras cosas como dijera el pensador Bukowski lo hago “Para vivir tan feliz la vida que la muerte tiemble al recibirme”.

Siguiendo con el tema de los años, aunque todavía el lujo de la sangre circule por nuestras venas, atrás quedó el tiempo de amor primaveral que abrazado al verano se inclinó hace rato en espectacular despedida, incendiando con crepúsculos la tarde bajo la que ya caminamos dentro del otoño que avanza raudo sin descanso. Dentro de él seguiremos trabajando por largo tiempo antes que el invierno aparezca y nos cierre el camino, se nos acaben las fuerzas, la tinta, el espacio en el cuaderno y también el tiempo. Seguiremos escribiendo “Porque en la pluma tenemos la lengua de nuestra alma” (Cervantes).

Ni la historia ni la gloria se escriben sobre frágiles tableros; nuestra sangre no ha perdido su linaje ni el amor que sembraron nuestros ancestros por la nacencia, somos raza y esencia de lo que el corazón de esos bardos peregrinos cantaban a la vida y a Natura. A estas alturas de los años ya no nos inquietan las lunas sin fin de las teorías que los políticos, los dogmas, la sociedad y la religión se empeñan en poner insistente frente a nuestros ojos. En la larga travesía hemos aprendido que la piel resiste más donde cicatrizó mejor la herida.

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