#OPINIÓN Levadura de corrupción y de maldad

Maximiliano Pérez | Foto: Archivo/Referencial |

“… María Magdalena fue muy temprano, oscuro aún, al sepulcro, y vio la piedra apartada del sepulcro. Entonces fue corriendo a Simón Pedro y otro discípulo, y les dijo: “se han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde lo han puesto”.

Salieron Simón Pedro y el otro discípulo corriendo los dos juntos; el otro discípulo corrió más que Pedro y llegó antes al sepulcro, y, agachándose vio los lienzos tirados, pero no entró. Seguidamente, llegó Simón Pedro, entró en el sepulcro, y vio los lienzos tirados, y el sudario que había estado sobre su cabeza, no tirado entre los lienzos, sino envuelto en un lugar aparte, entonces entró el otro discípulo que había llegado antes al sepulcro, y vio, y creyó; pues no había entendido aun la Escritura según la cual debía Él resucitar de entre los muertos…”. Evangelio según San Juan… ¡Gloria a ti, señor Jesús!

Al igual que los católicos del mundo celebramos la “Pascua de Resurrección”, por ser el día más grande para la humanidad porque es el día cuando Jesús venció a la muerte y nos dio la posibilidad de la vida eterna a su lado, según nuestro propio albedrío, los ciudadanos venezolanos, “todos”, estamos en la obligación de rescatar a la “patria”, que nos forjó.

Es perentorio lograrla “Resurrección de Venezuela” sustituyendo la levadura de corrupción y de maldad con la cual elaboran el pan de dádivas para tapar la avaricia desmedida, la ideologización nefasta y fracasada, la delincuencia invasora, saqueadora de propiedades y de bienes, asesina y cruel, el enriquecimiento ilícito y el asalto al erario público amparados en la impunidad que destruye la justicia, … con una nueva levadura saturada de educación, principios, valores, ética, moral, urbanidad y buenas costumbres; de la valentía necesaria para vencer los miedos y recordar que quienes ejercen el oprobio, “siempre” son líderes con pies de barro que caen ante la brisa suave pero firme que impulsan los ciudadanos de buena voluntad.

Las razones para expresar la inconformidad están suficientemente analizadas, los diagnósticos hechos, las soluciones han sido propuestas y son conocidas por la mayoría de los ciudadanos que han aceptado la responsabilidad de conducir los destinos de la nación por senderos de paz y de prosperidad, venciendo la vileza para lograr la libertad y la democracia, siendo para ello imprescindible “el restablecimiento del Orden Constitucional, elecciones libres, en igualdad de condiciones y plenamente confiables”.

Hasta tanto no haya Justicia verdadera no podemos olvidar los desmanes cometidos; jurídicamente están suficientemente sustanciados pudiéndose activar “La Convención de Palermo y/o El Estatuto de Roma de la Corte Panal Internacional”.

Las manifestaciones tienen ciclos determinados, mientras las protestas por la cada vez más grave situación socio económica, léase: hambre, desnutrición, desabastecimiento de alimentos, medicamentos, agua potable, gas doméstico, energía eléctrica, etc., deterioro de los servicios de salud y públicos, de la infraestructura, como ya lo han descrito politólogos como Luis Salamanca… tienen carácter crónico y permanente. Son situaciones inéditas, por tanto, debemos recurrir a soluciones inéditas. Tenemos la obligación de innovar o de renovar el espíritu libertador heredado de nuestros ancestros, es imperioso e imprescindible articular al estamento político con el ciudadano común que esté dispuesto a reconstruir al país.

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