Reflexiones en Positivo – Las contradicciones del productor del campo

José Gerardo Mendoza Durán |

Cada vez que visito un mercado, lo hago para informarme del costo de los productos y no dejo de alarmarme y sentir frustración de lo que pasa, que si a ver vamos no debería suceder.
Me gusta observar la disciplina social, que no es otra que el cumplimiento de las leyes ciudadanas en forma voluntaria y espontanea.

Ese hecho me obliga a escribir hoy para dar respuesta a una cantidad de interrogantes que tiene la población en el acontecer diario: ¿Por qué el precio de tal producto? La respuesta tiene que ser dada por el dueño de la carnicería. Hoy en día ese comerciante manifiesta que son tantas las prohibiciones, trabas o inconvenientes para realizar tal actividad, que prácticamente manifiesta que está en el negocio simple y llanamente porque tiene esperanzas de que pronto va a cambiar, no le echa la culpa al productor agropecuario, lo defiende (como debe ser), porque es quien origina su trabajo; no le echa la culpa al basamento jurídico que establece normas de comportamiento social, que garantizan que esta actividad pueda ser rentable y sustentable, permitiendo que le llegue el producto a la sociedad a un precio justo, pero la cadena de inconvenientes comienza con que si la guía del SADA… Es lógico que los gobernantes tengan que controlar la movilización de los productos con un régimen de autorizaciones por arriba de un régimen de prohibiciones. Lo positivo es decir, escribir, ordenar y aceptar por todos aquellos que tienen facultades de control lo que en cualquier parte del mundo se cumple. “A toda persona le está permitido hacer lo que la ley no prohíbe expresamente”, es decir, estas guías deben tener como doctrina social que tanto a transportistas, intermediarios, depositarios, distribuidores y compradores les esté permitido reclamar, protestar, denunciar cualquier atropello de un funcionario que, valiéndose de ese régimen de prohibiciones, proceda en forma abusiva y por arriba de lo pautado en la ley, a retardar, buscar incongruencias, de tal manera de caer en la provocación de corruptelas por parte del trabajador o el funcionario, que ya no se le puede llamar inspector, puesto que es simple y llanamente un mala conducta.

Me he referido solo en el renglón de productos cárnicos porque me lo manifestó abiertamente un amigo que me decía: “Yo no puedo mantener todos los cuarteles de policías y otras instituciones de seguridad que vienen a inspeccionar; no puedo cumplir las normas inmediatas que a cada uno de ellos se les ocurre; no puedo satisfacer con mi presencia la forma que solicita el inspector del momento, de tal manera de serle tal vez agradable en su requerimiento. Esto en vez de ser un trabajo agradable como lo siente la persona de trabajo que desea ser útil para otros, es una incomodidad porque parece que tiene mas creencia quien se ocupa de entorpecer que el que desea hacer.

Lo positivo en estas reflexiones es que este trabajador no pierde las esperanzas para continuar trabajando por la sociedad en forma voluntaria y espontanea, que espera que quienes ejercen el poder tarde o temprano tendrán que tomar las acciones que permitan el cumplir la disciplina social por arriba de la disciplina militar y la policial, que sus normas y cumplimientos se basan en la obligatoriedad.

Ahora más que nunca el campo es la solución, unidos todos por la Paz, la Convivencia, el Respeto y la prosperidad de nuestro país……

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@JGMendozabargto

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