Guaros de Lara, contra la historia

Francisco Vega Riera/Enviado especial | Foto: Daniel Arrieta/Archivo |

Las posibilidades de que los Guaros de Lara logren el primer campeonato de su historia en la Liga Profesional de Baloncesto (LPB), pasan por darles un golpe a los Marinos de Anzoátegui, a los que aventajan 2-0 en la serie final de la edición 2017, cuando los enfrenten a partir de esta noche a las 7.30 en el gimnasio Luis Ramos, mejor conocido como “La Caldera del Diablo”.

Los crepusculares llegan a un escenario en el que solo han ganado 2 de 35 partidos de por vida en ronda eliminatoria y en el que juegan para 0-8 en series de postemporada (0-4 en series finales), por lo que de alguna manera, esta noche saltarán al tabloncillo a jugar también contra la historia y no solo contra un equipo al que ya golpearon en par de ocasiones en el Domo Bolivariano de Barquisimeto, 96-94 y 99-85.

Ha sido una campaña de romper paradigmas y esta no será la excepción para los del argentino Guillermo Vecchio, que arriban a este momento con una seguidilla de nueve triunfos en playoff (10-1) y con 20 victorias en los 23 cotejos dirigidos por el coach que reemplazó a Jorge Arrieta y tomó el testigo del interino Yonaiker Ecker en plena segunda mitad del calendario regular.

La meta es romper con 34 años de sequía y que no sean solo las Panteras de Lara (1983) quienes han logrado levantar el título nacional por esta entidad. Guaros ya lo tuvo cerca en tres ocasiones (2005, 2006 y 2015) y tuvo que conformarse con el subcampeonato.

Además, busca sacarse la espina de ganar en casa tras haberlo hecho en el ámbito internacional gracias a sus dos trofeos de Liga de las Américas (2016 y 2017) y el de la Copa Intercontinental (2016).

Las claves

La defensa mostrada por los larenses en el segundo de la serie fue una señal de lo que más precisan para contener a su rival, al que el primer día sometían hasta por 17 puntos de diferencia (41-24) antes de bajar los brazos, quedar diez unidades atrás (86-76) y luego ganarlo con sufrimiento, 96-94, gracias a un inspirado Nate Robinson (27 puntos y seis asistencias) y los oportunos Heissler Guillent y Luis Bethelmy.

Guaros fue capaz de encestar 27 triples en dos partidos y de repartir hasta 42 asistencias por apenas 19 pérdidas pero afrontó problemas cuando dejó de proteger el cerco rebotero y le permitió segundas oportunidades a los entrenados por el boricua Tony Ruiz, algo que aprovecharon jugadores como Christopher Massie, Juan Herrera y el panameño Michael Hicks para hacer daño y respaldar la ofensiva de Gregory Vargas.

Si bien en el primer juego los porcentajes no estuvieron en el nivel deseado para los jugadores de la pintura por el conjunto crepuscular, en el segundo Gregory Echenique (de 7-7 en tiros de cancha), Lazar Hayward y Néstor Colmenares demostraron que “no solo de triples vive Guaros” y que, si se ataca a Massie y se le hace trabajar en defensa, hay oportunidades de producir o su salida por faltas o puntos desde zonas de amenaza con mayores posibilidades de acierto.

El juego de espaldas al canasto pero además el pick and roll o la penetración y descarga de los bases o de aleros con esa característica como Hayward, hacen de Guaros uno más versátil al acometer el aro y, por ende más impredecible para los ajustes defensivos de los anzoateguienses. Incluso, cuando estos han tenido éxito, aparece el recurso de llevar la bola de adentro hacia los perimetrales, que andan con la mano caliente al rozar el 43 por ciento de acierto colectivo.

Marinos en su casa va a pegar más al defender, buscará acelerar para generar otra vez un ritmo de juego que haga que se superen las 150 posesiones entre ambos equipos, les permita anotar en superioridad numérica y hacer que Guaros no pueda imponer su juego.

Tiene a un gran arquitecto en Gregory Vargas, fajado ante Nate Robinson y Heissler Guillent, mientras que Hicks demostró, pese a su reciente arribo, que tiene puntos en la mano. Massie, con todo y sus 39 años, intenta hacerle frente a Echenique. Pegar en su llegada es casi titularse para Guaros pero tendrá que dejarse la piel en el tabloncillo.

 

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