El deterioro económico

Gerardo Álvarez / Composición Ronald Rodríguez |

La situación económica del país se hace cada día más difícil de afrontar, al punto que el propio Presidente de la República la califico de “crisis catastrófica“ en su presentación ante la Asamblea Nacional de la Memoria y Cuenta correspondiente al año 2015 el pasado mes de febrero.

Y tiene razón el ciudadano Presidente: Jamás en los anales de la historia republicana se había presentado una situación similar. Bastante se lo advertimos los analistas económicos, tanto nacionales como internacionales, desde hace varios años, pero lamentablemente no nos oyeron, ni él ni su equipo económico.

Las medidas económicas que se anunciaron no contribuirán lamentablemente a salir de la crisis que atraviesa el país, catalogada por el economista y ahora diputado José Guerra como “la peor crisis económica desde 1959” (EL IMPULSO, 21 de enero de 2016, pág. A3). El aumento del precio de la gasolina, la devaluación y el incremento del salario mínimo y del ticket de alimentación, que ya es un segundo sueldo, no son las soluciones más eficaces para enfrentar esta grave situación aunque, a decir verdad, le genere flujo de caja al Gobierno nacional, es decir, le aporta parcialmente liquidez en bolívares pero no en dólares, que tanto necesita en estos momentos.

A un mes de haber tomado esas decisiones aisladas del contexto macroeconómico, permanecen intactos algunos elementos que han caracterizado a nuestra economía, a saber: no hay incremento de la producción nacional, condición fundamental para la recuperación del país, no se vislumbran inversiones privadas dada la falta de confianza del empresariado hacia el Gobierno nacional y viceversa.

Según firmas internacionales tales como Barclays Capital, J. P. Morgan y Bank of América la disminución en el producto Interno lo calculan en cerca del 4%, mientras que el Fondo Monetario Internacional lo estima en 8%. Estas no son precisamente las mejores condiciones para intentar enrumbar la economía nacional. La consecuencia inmediata de estos dos hechos no es otra que la escasez, el desabastecimiento y la profundización de la recesión. Si a esto le agregamos la constante y perversa emisión de dinero inorgánico por parte del Banco Central de Venezuela que alimenta artificialmente el consumo, aunque con bolívares devaluados, frente a una oferta de bienes cada vez más escasa y sin posibilidad de sustituirlos por importaciones tenemos como resultado la inflación más elevada del mundo, aun estimada desde los mismos cálculos muy conservadores y sesgados del instituto emisor.

Adicionalmente, Petróleos de Venezuela no está en capacidad ni a corto ni a mediano plazo de aumentar la producción diaria de barriles de petróleo por razones harto conocidas y la indisciplina fiscal sigue siendo la constante en la gestión financiera del Estado.

La vorágine del gasto público nos está devorando internamente. De hecho , según declaraciones del Presidente, el dinero que se recibirá por el aumento en el precio de la gasolina será destinado al pago de las llamadas Misiones Sociales, que no es otra cosa que gasto publico vía transferencia de dinero, pero no se destinara a cubrir los costos de producción del combustible, que fue como inicialmente se planteó.

Por ello, tanto Pdvsa como el fisco nacional seguirán dependiendo del financiamiento a través del Banco Central de Venezuela, a pesar de los nuevos ingresos por el aumento en el precio de la gasolina e incluso por la devaluación, los cuales no son suficientes para suplir las inmensas necesidades de financiamiento que tiene el Gobierno de cara al 2016.

Algunos analistas económicos han estimado el déficit en 30.000 millones de dólares aproximadamente (Álvarez, El Nacional 21-02-2016, pág. 4) aunque el precio del barril de petróleo promedie los 30 dólares este año, que pareciera la tendencia.

Solo por dar una información al respecto, si así fuese el país recibiría alrededor de 20 millardos de dólares menos de la mitad de lo que recibimos en el 2015, lo cual no resuelve el tema de los ingresos necesarios para pagar importaciones ni servicios de la deuda pública externa.

Si el precio del petróleo subiera a 40 dólares el barril, recibiríamos unos 10.000 millones de dólares adicionales, lo cual tampoco cubriría las ingentes necesidades de financiamiento que tiene el Gobierno. Y aunque así fuese, el Ejecutivo debería hacer un recorte sustancial en el nivel de importaciones este año, más fuerte que en el 2015 cuando se ubicaron en 50.000 millones de dólares, para poder cuadrar sus cuentas externas y pagar el servicio de la deuda externa estimada solo para este año en alrededor de 10.000 millones de dólares más 5.000 millones que se le adeudan a los chinos.

Esa reducción de importaciones en alimentos, medicinas e insumos aumentara la escasez, el desabastecimiento y la inflación aún más, lo que ha llevado al Fondo Monetario Internacional a estimar que esta última será superior a 700% a finales de este año.

Como podrán inferir los amigos lectores, la situación económica para 2016 será mucho más difícil que el 2015, no solo desde el punto de vista económico, sino también en el área social y política.

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