Ventana abierta – Reencuentro de estudiantes Adventistas (ULA)

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Para recordar: “…vendré otra vez, y os llevaré conmigo, para que donde yo esté, vosotros también estéis” (Juan 14:3)
Un día, el médico cardiólogo Isaac Bastidas, junto al comerciante y director de la emisora Vida, 90.9 FM, Arnolfo Ardila, se les ocurrió realizar un reencuentro de estudiantes adventistas que hubiesen pasado por las aulas, antes y después del año 1985, en la Universidad de los Andes (ULA) en Mérida, estado Mérida.
Muy oportuno, la odontóloga María Mercedes González junto a la abogada Margot de Camino, se pusieron en movimiento para organizar el evento en tal entidad.
Mi esposa, la médica Susana Rodríguez Joya, se sintió aludida, como otros de todas partes de Venezuela e hicieron los preparativos para acompañarlos, en conocimiento que algunos de ellos tenían unos treinta años que no se veían.
Resultó muy interesante cuando el sábado 22 de junio de los corrientes, se reencontraron en el templo Adventista “La Parroquia” de esa localidad numerosos de ellos, quienes estudiaron a partir de la década de los 80 y estaban compartiendo palabras para con los asistentes: Agradecimientos, anécdotas, vivencias, experiencias y dejaron claro que pese a cualquier circunstancia, nunca les faltó Dios y la ayuda de algún semejante.
Por la plataforma, por el púlpito fueron pasando, entre otros: la profesora Odalis; el ingeniero Frank; los esposos, abogados Rómulo y Margot Camino; el odontólogo González; el Gastroenterólogo Aroldo Chiquillo y su esposa Elba, la cual es pediatra.
A mi esposa le correspondió recitar y decir unas palabras a los asistentes. Hubo cantos religiosos, intervenciones instrumentales y también una reflexión central por parte de Arnolfo Ardila, quien iba acompañado de su esposa, la odontóloga Sonia Freítez y sus hijos Arnolfo Daniel y Arianny Isabel.
Casi todos coincidieron en agradecer a Dios, a sus padres, a la iglesia Adventista de aquella localidad, a la familia González (todavía residentes en Mérida), a la Hna. Carmen Villamizar, al pastor Gustavo Garrido (†), al pastor William Gómez, quien dejó el material para construir la iglesia que visitábamos y luego al pastor Ardila (padre de Arnolfo) construyó dicho templo.
Dado los testimonios, una vez más, reconocemos que la vida de estudiante es bastante difícil; especialmente cuando tienen que alejarse de seno familiar para ir a un lugar desconocido; a veces sin recursos económicos; específicamente, hace treinta años atrás no era diferente que ahora, la situación era igual o peor y muy dura para muchos de ellos.
Hasta donde pudimos apreciar, estos jóvenes atravesaron dificultades, pero frente a las mismas buscaban la ayuda de Dios, primariamente y la mayoría de ellos salió adelante haciendo las cosas correctas delante de la mirada divina y los humanos que estaban a su alrededor. En diferentes ocasiones ayunaban y oraban por problemas estudiantiles, para que se les cambiara exámenes fijados en el día sábado, por ejemplo; problemas de residencia; alimentación y pero vieron como Dios y las otras familias que ellos mencionaron, nunca los desampararon.
Los mencionados estudiantes, hoy casi todos profesionales, predicaron de su religión colaborando con los pocos pastores de esa época. Entre ellos participó, como líder del grupo, el ingeniero Jesús Ernesto Graterol, para llegar a casi todo el estado Mérida y gracias a esa labor, se puede decir que hay presencia Adventista en casi toda la entidad.
Numerosas personas escucharon el mismo mensaje e invitación que Jesús les hizo a los discípulos, quien dijo: “…cuando me vaya y os prepare lugar, vendré otra vez, y os llevaré conmigo, para que donde yo esté, vosotros también estéis”. (Juan 14:1-3). Como Jesús no ha regresado, está en pié el encontrarnos un día con Él para ir al cielo.
Así como estos profesionales se dieron cita para este reencuentro, nos toca a nosotros aceptar la invitación que Jesús hizo a sus seguidores.
Tal vez, no todos tengamos el privilegio de reencontrarnos con nuestros compañeros de estudio, familiares y amigos acá en la tierra, pero, sí aceptamos a Jesús como nuestro Salvador, nos reuniremos con ellos y disfrutaremos los recuerdos, siempre y cuando hayamos creído y vivido según la enseñanza del Maestro, el Redentor de este mundo.

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