Venezuela preocupa

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El oro, el cobre y el bronce del otoño asoma en los árboles cuando voy en tren de Nueva York a Boston, cruzando Connecticut y Rhode Island. Los bosques, las granjas y las casas madera blanca y  grama bien podada muestran a nuestro paso veloz el rostro de una nación que no es el e sus grandes ciudades y centros turísticos.
En Nueva York fui a la Escuela de Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad de Columbia. Me invitaron a hablar acerca de la Lucha por la Democracia en Venezuela. La víspera, me cuentan, hubo un foro sobre la libertad de prensa en América Latina. Entre los ponentes, mi amiga María Fernanda Flores, quien hasta hace poco era Vicepresidente de Globovisión. También un ministro ecuatoriano. En medio de todo, llama la atención que los altos funcionarios del gobierno de Correa vayan a un escenario académico norteamericano a airear sus puntos de vista con estudiantes y profesores, en un ambiente independiente. Los de aquí, no se atreverían.
En Massachusets, la invitación fue de la Escuela John F. Kennedy de Gobierno de la Universidad de Harvard. El tema: Venezuela después de Chávez. Me impresionó la concurrencia al foro, sobre todo si tomamos en cuenta que esa misma noche se jugaba en la ciudad el segundo encuentro de la Serie Mundial entre la divisa de las pasiones locales, los Medias Rojas de Boston y los Cardenales de San Luis.
Hay curiosidad por saber de nuestro país y comprender la evolución de sus acontecimientos. ¿Cómo es posible que con tan considerables ingresos petroleros mostremos un desempeño así de mediocre? Que no hayamos dominado la inflación, cuando prácticamente todos los países lo han hecho y que escaseen productos en los mercados, resulta incomprensible para los menos informados. Para quienes siguen la realidad venezolana, escasez y precios altos tienen directa vinculación con las políticas gubernamentales. ¿Qué ocurre con Pdvsa? Porque nuestra capacidad exportadora ha caído e incluso estamos comprando derivados de petróleo en Estados Unidos, algo inimaginable no demasiado tiempo atrás. Y, la pregunta que más se repite, ¿Está Maduro en control de la situación, realmente? Las dudas acerca de la estabilidad de Venezuela proliferan.
Pero además, mientras somos mirados, miramos. Escuchamos la discusión vigente en el mundo. Las críticas al modo de concebir y practicar la economía llevan a un debate contemporáneo, acerca de la globalización y sus implicaciones, así como en relación a las políticas económicas, pero a nadie se le ocurre que sería deseable, o siquiera posible, restablecer los modelos sociales, económicos y políticos ya comprobadamente fracasados en el mundo. El debate es mucho más actual y, por lo tanto, más real. Las regulaciones en la economía, la inversión pública y su impacto, la incidencia de las nuevas tecnologías. Las maneras de promover la igualdad en la sociedad. La educación y los cambios que reclama esa gran igualadora. ¿Para qué se educa en nuestros días? ¿Cómo se educa? ¿Cómo se aprovechan las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en la educación?
Somos ajenos a un debate mundial apasionante. El mundo, con todos sus problemas, anda buscando, investigando, estudiando. Entre nosotros hay quienes quieren atreverse a la innovación, en las universidades, en la empresa. Pero sin o a pesar del gobierno. El resultado es que nos vamos quedando.
En Columbia y en Harvard conversé con profesores y estudiantes venezolanos, que siguen viendo y pensando desde lejos, este país que sienten adentro. Su pregunta, ¿Podrán alguna vez aplicar aquí lo que saben? Nuestro trabajo es porque así sea.

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