#OPINIÓN Marlene pelando cebollas: El Influjo de Immanuel Kant en Mamá-Sofía (Parte VIII) #10Ago

Marcantonio Faillace Carreño | Ilustración: Victoria Peña |

<El cielo estrellado encima de mí y La Ley moral dentro de mí…>

Immanuel Kant

<La conducta es la imagen en la que todos muestran su personalidad…>

Goethe

<El hombre se revela en la conversación no sólo por lo que dice, sino por lo que calla…>

Stefan Zweig

<La última medida de un hombre no es donde se encuentra en momentos de comodidad  y conveniencia,

… sino cuál es su posición en tiempos de desafío y controversia…>

Dr. Martin Luther King

Marlene ha adquirido del libro de G Grass, ese pensar que asocia a todo lo nuevo y a nada de lo desusado que va de mano con la línea que describe. No entiende mucho pero sí el por qué. Lo que hubiera podido ser sordamente opresivo o lúdicamente ligero, sigue siendo incierto. No hay acontecimiento que me dé a conocer como una persona que actúe o padezca. Tampoco recuerdo lo que a la sazón hasta en sus dolorosos detalles recordaba, y también a mí me veo sólo, como uno de muchos esbozos, de lejano parecido con el original… Pelando la cebolla. Gunter Grass. Pág.367.

Marlene sabe que la causalidad existe, y el azar per sé, aunque reserva el patrón del caos que le asiste e inmediato supo que la cebolla se niega ¿La cebolla se niega?…Duda y ejerce toda su mayéutica de principio a fin. Van dos años y el rancho ardiendo. Julio, en salsa. Todos contra todos. La muerte vive. La vida muere. Vivir es filosofía de la muerte. La muerte es filosofía del vivir…

Marlene escribe un ticket nuevo, vivir-morir, y va a la siesta con vivacidad, y para la Diligencia. Duerme con la armonía del deber pero con la impaciencia del por hacer. La Diligencia no es ahora algo que puede pasarse como la página de un libro, o desecharse como la capa de una cebolla, no, amalgamar filosofía labora de forma autónoma haciendo de la ficción y de la malaventura una razón para sobrevivir, porque a decir verdad, esto no debe llamarse vivir, porque trata de supervivir… ¿Such is life in the tropic?

Pasa otra semana y van a la verbena Coney Island en Coche. El atraco disminuye pero hay que ir ojo pelado y no cebollas peladas porque de ser así ya estas robado y aun no lo sabes. El-que-pesta-pierde-ñea. Julio en esos días había dado un giro con lo del escarabajo. Empezó a sonarle raro y dejó de notarlo a ver qué pasaba, y si el sentido precautorio funcionaba en cacos experimentados, como es su caso.

Flores se viene a casa y retorna al Gallo Felón. Ha notado que Julius está haciéndose el sueco, pero él no sabe quien mira desde Dinamarca para que algo huela mal. A todas estas, Ramiro pasa la revista como todos los viernes, si es que no anda de viaje, y hablan de ellos como amigos y de Sofía y sus cosas. Decide irse al paseo con Marlene, y en el ínterin la intercepta frontalmente…

-¿Vas a contar qué es lo que pasa o tengo que descubrirlo solo? y sabes que lo haré. Buendía no andaba jugando a la víbora de la mar ni a la gallinita ciega. Esta vez iba a por todo, sí o sí.

Okey! Responde Marlene sorprendiendo al profesor en su postura inflexible pero copartícipe.

Primero me ayudaría aclarar una duda con Kant que se me quedó en el tintero.

-A Kant, lo aclaro más tarde que vengamos de la verbena.

Está bien! Empezó con cuido a soltar prenda, tanteando el camino de la Diligencia y entrar a la zona de confort, pero en principio nadie debe estar en esa zona anegada que sólo ella debería navegar.

Marlene continuó pie de plomo tratando de dar a entender que lo decía todo y que no había más que podía anexar. Buendía no cree una sola palabra. Se da cuenta que sus gestos contradicen sus palabras.

Fue cuando decidí dejarlo y te avisé. Desde ese entonces he pensado en buscar que haga algo ilegal para denunciarlo y que vaya preso. Eso me dará cierta paz,  pero sobretodo un aroma de revancha incluso un alivio territorial pues mientras el pillo ande por esos mundos de dios no voy a sentirme segura ¿Qué cuento puede presumir no tener moscas rondando? Mencionó del Buen Esposo de Vegas. Marlene leyó Falke y según la crítica la épica es considerada junto a Lanzas Coloradas de Uslar Pietri, las novelas históricas contemporáneas más trascendentales e importantes del país… anotó en amarillo.

Averigüé cosas que pueden ser importantes, dijo Buendía, palpándose la pera como un Sherlock Holmes que quiere estremecer a su inclemente amiga, la buena sujeta, y colega Dra. Watson Flores.

El bigotudo enano barrigón, siguió el profe, es el brujo, cómplice de Julius. Lo sospechaba desde que Tomasita narró el personaje en el closet, pequeño, lentes prietos, ese huracán calmo mientras derredor vuelan la vida muerta y los muertos vivos. Lo otro es que viene de Bilongo, aunque no encontró el acta de nacimiento en la prefectura para conocer el nombre real y no el alias. Bilongo es el pueblo venezolano con el mayor porcentaje de brujos y bizcos. Por eso usa lentes negros, concluye Ramiro, una forma de dejar entre líneas su desgracia tomando ese vacío visual. La belicosa indolencia de Julio, por otro lado, no impediría la conquistada y merecida condena que le aguarda, concluyó Ramiro.

En la verbena, los niños pasan del tour al helado, del helado al raspado, y del carrito chocón a los delfines que apena ver fuera del mar donde chirrean con placer alegrando el paraíso donde el creador mira sin interceder. Hay tanto que demoler y construir en el hombre, pensó Sofía, lo que da sentido, magnitud, y dirección a los errores que con ostento representan las arbitrariedades y los atropellos de las sociedades humanas.

Marlene recordó, luego de calmar a los púberes e ir a recogerse a casa, lo que <El Buen Esposo> la había conmovido pues lo ubicó como librito de mesita de noche. ¡El poeta Vegas, lo es sin dudas!,si no cómo pudo escribir algo así, que pocos pueden replicar pero si pueden sentir ¿acaso enamorarse no es la línea más corta entre dos puntos o los infortunios no tendrán los beneficios del añejamiento, esos largos remojos que tan bien le sientan a las hazañas mediocres?… (Fede dixit)

Vegas es su escritor de cabecera favorito, su ídolo, decía Marlene. Nota del autor en la cabecera de la pizarra, en el buró, sobre el país de la Diligencia, en la duda de doña Flores y Mamá-Sofía, en la duplicidad encubridora de la neo-cuántica, en el recuerdo triste de la pela bulbo que la enseñó a valorar el conocimiento y en la lacrimógena miseria que va capa a capa hasta su intimidad para emerger de la ceniza pues polvoeres y polvo te convertirás. Carl Sagan en el programa de tevé Cosmos, le había comentado el profesor, concluía que ¡somos polvo de las estrellas que nos auto-interpretamos!… ¡touché!…

El profesor Buendía siguió conversando con Marlene de sus hallazgos del susodicho pillo.

-¿Así es la cosa? Caray que guardadito lo tenía el brujito jodedor. Pero desollamos dos capas de cebolla secreta del bizco de Bilongo que el enano nigromante interfiere. El grito de guerra de Ramiro es investiga y verás, que suena a publicidad de óptica Caroní con… ven y verás…

-¿Sabías que Adán? Sí, sí, el de Eva, vivió la ganga de 930 años.

Con tal que no sea familiar del loco, me conformo!, porque si el tapón de piso nos demanda, con tal longevidad nos va a enterrar a todos y capaz ni se entere que fuimos a buscar darle vuelta. Flores echó a reír a carcajada limpia y al rato el profe se contagió, más por nervios que por desahogo.

Estoy neo-cuántica! Un poco acá con un pie por allá, y la mirada puesta allá y acá.

Pues no sé! Eres como un galimatías, una Torre de Babel para mí ¿se te olvido el Spanish? Don Ramiro responde alegrándose como siempre.

Algo! Sofía bromeaba y andaba de novia de Vegas que hasta foto del Arquitecto colocó al lado del buen esposo que usaba para días húmedos en que el gusano de la libido asomaba con orquesta plena y la trompeta carnal tronando con el grito placentero… ¡Ay dios!. Poco entiende la feligresía cómo es que el Señor vino a inmiscuirse.Acá cabe el adagio margariteño, lo difícil no es meterlo sino sacarlo, que para variar emerge del El Buen Esposo.

Y la fanática escribe muerta de risa junto al ahora jodedor pero no brujo del Buendía que siempre arribaba con buenos días calzando juntos una hipótesis nula y que ese adagio que reza así, asienta gozo al temperamento. Y uno y otro derriban a reírse ¡ayayay, hijo-er-diablo! con Lucifer azuzando genitales y al coro canturreado de puro placer que exclama… ¡ahí tienes a tu dios… cariñito!…

Mi fortaleza se fundamenta en la aceptación de mis propias debilidades, aquí leo claro, replica Flores, mis benditos Babalaos, mi cátcher espiritual, lo escribió, ya sabes quién y en dónde

-¿Vegas, en el buen esposo?…  

Usted se ha ganado una cola Dumbo!

Si de recibir premio se trata, el que compra un número en la rifa de la eternidad, tiene mucho más chance que quien nada compra por incrédulo o pichirre, y con esa perla de Federico, ¿qué me gano? pregunta el profesor Buendía

Nada, porque es de Pascal, aunque si aparece citada en la novela de Federico!, ups de nuevo se mandan a carcajadas de regreso a casa pensando en Blaise Buendía y Pascal Flores.

Marlene invitó a Ramiro a comer chucherías del confeti de los muchachos, lo mejor de las etapas de joven que refleja en sus caras dormidas la risa del que planea en el reino de los ángeles. Ser joven es palpar lo que hay tras la sombra de los sueños.  

-¿En cuál de los tres espantapájaros encerrarías al ex?

Al de imbécil con Magister en cretinismo perseverante o en las tres! dijo Flores.

Abrieron la cestita feliz, nada de Mac Donald´s. Es tarde como para ir más allá donde nadie te ha invitado, piensa Ramiro, sin explicarse, abstraído en un café sin azúcar, y una golosina que no compensa lo amargo del café y el amargor de calificar adjetivos con sabor a simulacro. Ese adjetivo relata con audaz insinuación los verbos arder y arrebatar, propios de Catia, donde el puñal factura con creces, y el plomo fundido y extraviado ha asesinado más inocentes que todas las beligerancias juntas del Medio Oriente.

Caracas es un sepulcro de gente apurada y perdida que ambula con la mirada que pone la piel de gallina, que arremanga el latido y concibe las ansias en el papel celofán con el que el hombre circunda su insoportable levedad, y es el carácter de la ciudad la que marca las cercanías de los Buendía y los Flores.

No es el caso de Julio, chinche, brujodedor, la liga de la injusticia como denomina al colectivo de apoyo al gobierno robo-lusionario, mientras ellos mismos se roban entre sí y al propio funcionario que les pone en cintura. Toda una fraternidadmodelo de la que nadie debe atajarse, pero ninguno hace caso porque seguro mató a confianza e igual mueres en la ruleta de la dimensión desconocida que beligerante vive sugestionada hasta los dientes y con armadura de todo calibre. Un amigo de Mario, mayor de Mamá-Sofía, en su hogar dice que su papá mantiene un área que no envidaría nada al parqué de armamento de alguna policía municipal. Lo peor es que el catiense se acostumbró, y hoy es rutina ver a niñitos de doce y trece años con armas al talle, matando y muriendo como en un degolladero de cerdos sin protección.

De los barrios en la capital la dimensión desconocida agrava al compás de la hiperinflación más grande del orbe, dejando al paso la tristeza de la tierra arruinada por infelices que prefieren lapidar a los paisanos que ceder el poder a un sucesor opuesto. Ese Juego de Tronos donde primero muerto que bañado en sangre…

Quedaron hablando de Mérida aquella vez que salieron en vacaciones apareciendo por las rectas del Guapo a Puerto Píritu hasta ir de espeleólogos a la Cueva del Guácharo, la más grande conocida del mundo. El guácharo, no el conde, esa ave endémica de la zona fue un espectáculo mirarla como vampiros que sale en bandadas a alimentarse sobre el ropaje cómplice de las tinieblas. Recuerdan San Cristóbal y el Páramo de la loca Luz Caraballo donde el coche que despeña al vacío le envían la ofrenda floral desde el borde del barranco, pues no es posible sacarlo del fondo cuando cae al más allá desde el más acá.

Marlene bajaba sujeta al volante. Temía que la niebla nuble su vista o la maree el canto de sirena con seductora afinación por el Ulises en la Odisea de Homero. Empieza a ver el queso a las tostadas de la lectura y el estudio por cómo eleva su criterio, por cómo instruye a la mujer que sobrevive tras arbitrajes decisivos que traen secuela, guste o no, y siente la cúpula del silencio en sus labios cerrados y en la mente que en trance escucha voces con su audífono íntimo.

La anécdota de Cueva de Guácharo en Monagas resultó una suerte de lección jocosa. En aquella ocasión nos vimos en la entrada de la caverna en traje de caqui a lo Indiana Jones. Los niños quedaron en la guardería del hotel por ser riesgoso para ellos. El guía daba instrucciones sin que nadie lo escuchara por el espectáculo fascinante que dejaba boquiabierto. Ese descuido resultó a la postre un mal consejero.

En el primer trecho el guía Judas pidetener juicio. La mayoría creímos que el nombre era chiste o un apodo, pero no, era su nombre de pila y su apellido, Iscariote. Todos pagamos el día notando la cara de tedio del guía cavernícola en son de mejor-no-jodan. Gracias a ello Judas hizo del recorrido un vía crucis. Caminaba por los pisos delgados, escurridizos, apagaba la luz del candil haciéndose el que fallaba, y en el riachuelo que había que salvar con agua hasta la rodilla, la apagó para asustar a las damas sin éxito porque las que nos escoltaban conocían de memoria el tour y por eso iban chalequeando a Judas Iscariote que las odiaba, mientras éste también detestaba su trabajo de guía de grutas, pero sobre todo, odiaba a las señoras bromistas que nunca faltaban para hacerle la vida a cuadritos.

Sra. Flores!… le advierto que aquí se paga muy caro los descuidos.

No me diga! ¿Por eso es que usted paga caro con el nombre que se gasta Sr. Iscariote? y todos echamos a reír incluso Judas. Marlene aprendió que el humor, lo creativo y el temperamento mordaz del criollo, era un hecho comprobado. Espera por ir a por Charles Darwin al que decide dedicarle un combo de libretas y la atenta inquisición de la Dra. Watson Flores la que encarna fiel En Busca del Arca Perdida.

El guía vende patria nuestro Judas propio, por años de labor con humus de guano sufre de falsocrup y poseía una tos crónica seca de perro parecida a la del enfermo de enfisema pulmonar. Pero eso no lo detenía para apurar el mal paso y darle prisa a lo no mojado. La bota alquilada mantenía el pie caliente y seco. Y por la gracia de dios tuvo una manifestación divina justo cuando resbalaba cayendo de rabo en el canto filoso de un carámbano mohoso lastimándose la nalga. Ignora por qué pensó en ese momento en Sto. Tomás de Aquino(cita la Dra. Watson) el entendimiento, puede pensarse a sí mismo… ¡Chapeau! Entendía que nada es tan fortuito, y a pesar de que el azar priva, la causa-efecto son las razones de cada suceso por inadvertido que parezca ¿Acción-reacción, cuál ley es de la termodinámica? ¡Hay que retocar la obra científica!, se previno la doctora.

El accidente obliga a abortar. En pleno retorno la linterna se apaga de veras pero la vieja metiche con celular alumbra la capilla Sixtina de Guácharos, que apilados e incontables matizan la azotea de la cueva rupestre como ave de piedra teñida a mano. Por eso la piedra que era Cristo fue mi dogma paterno y mi devoción que creció como imagen y semejanza enseñándonos a continuar como un deber que obliga sin dudar dar el paso hacia adelante. Esto suscita necesariamente una crítica, pues la crítica puede ser un medio preciso para entender a los cretinos que las declaran y a los necios que las escriben.

Molicie, Lapidación y Depilación quedan para preguntarle al inspector Sherlock Buendía. Aún tiene una marca en el pompis que nota cuando va a playa Caraballeda en La Guaira y se baña en la costa con bikini llamativo porque Buendía no puede evitar excitarse (recuerda la tribu San del desierto de Gobi en el apartheid africano) a ver si la curva fálica afloja antes que Flores mire el bulto de Homo erecto y pase la pena del siglo…

Buendía se fue a casa luego del confeti y la agotadora rueda del parque y los niños que parecían potros desbocados al galope con crines al viento. Flores cansada pero sabiendo el atraso con Kant usa las libretas y va al ruedo a torear al filósofo con su cuita y retrotraerlo al desván que tiene cuerpo de infante, no de marina más bien tipo la mano que mece la cuna o el bebé de Rose Mary. Pensó que en su incipiente entendimiento observado en lo impostergable y en lo no evidente dada la informalidad de su apresto sin asomo de grado o postgrado, mucho menos doctorado.

Habría que pensar en el Nobel de la chilena Gabriela Mistral quien pasó la secundaria viendo universidades en folletines de sus amigos que sí tenían medios para hacerse de una profesión y ella no. A tiempo supo Sofía que no es decisiva la profesión, es la insistencia de lo que se busca aunque quizás no lo encuentre. Bien reza El Principio de Peter… no encuentras lo que buscas, encuentras lo que no buscas.

En ese trabalenguas se va el tiempo y duerme unas horas y a eso de las 3 am como relojero suizo, va al encuentro con Kant que ha venido retrasando por el paseo al parque de diversiones. Y si a ver vamos el esparcimiento es abono para sembrar prudencia. El haz lúdico aparece en escena con sus vientos que despejan el polvo de la ignorancia. Buena parte de los ignaros ignoran que lo son. Es lógico que el ignaro ignore la realidad de su ignorancia. Kant podría venir a rescatarme de tanta ignorancia y de tanto ignaro.

Sofía va al CPU dado por la maestra Buendía. Es una acción aventurera pero no aventurada ir a por Kant. Riesgo medido por el cálculo y la benefactora acción de la cautela, ese principio precautorio en áreas con trampas de arenas movedizas. La línea entre la filosofía y lo no filosófico es microscópica, una fina capa de cebolla translúcida olorosa a agudo aroma lacrimógeno. Lágrimas de filosofía paradójica.

-¿Cual fue la primer mujer filósofo reconocida? preguntó Ramiro cuántico para la neo-cuántica.

-Hipatia de Alejandría, hija-discípula del astrónomo Teón. Fue la primera mujer matemática, la primera chica calculadora. Sofía pensó irónica ¡Ah, por eso es que al final, reconózcalo o no, somos calculadoras naturales narcisistas y de la idea donde la mujer lo valemos todo! Los monólogos de vagina incita a duda ¿Qué sabe Platón sobre filosofía de la vagina? sí es que se puede ir a pensar en lo-que-sea.

Mamá-Sofía encontró que las filósofas eran cuantiosas, pero coexistían en un campo machista. Un mundo filosófico con monólogo de varón con muchas vaginas que brincan como ovejas saltando cerca al son lujurioso de la testosterona. Al revisar más la sorprende que Toscano Medina, la haya desnudado. Cada vez que la mujer intentó hacerse de un espacio en la filosofía fueron condenadas a ser y existir en un mundo construido por meros varones…¡maldito seas… Julius!

-¿Y cuál pitos toca Kant en todo esto?, se pregunta Marlene en pleno monólogo uterino a las cuatro de la mañana. Mientras tanto, Ramiro en el quinto sueño del bikini playero de Sofía, los niños al quinto ensueño del carrito chocón y Julio en el cuarto trasero del brujo en papel de amante oscuro que lo plena de placer.

Inmerso en el complejo texto de la ilustración, Kant declaró en una clase que las mujeres son niños adultos y no se concentran en un objetivo sino que se dejan caer, ahora aquí, ahora allá, pero sin contemplar fines medulares, eso es tarea de hombre. Existían auténticas filósofas que vieron condenarse a vivir bajo la sombra de grandes figuras masculinas, como el propio Kant, Fitche, Schelling o Hegel entre otros. La cosa pica y se extiende para Sofía en papel de neo filósofa feminista.

La hora de perseguir el camino de la filosofía llegaba de madrugada y entre almohadas preñadas de olor a Ramiro. Empezó a notar húmedo su monologo de ensueños y se quedó atrapada en un sopor que terminaba siempre en el mismo lugar… la Diligencia. Y ahora con ganas de tutelar sus pasiones secretas. Y recordó Alicia en el país de las Maravillas de Lewis Carroll que aseguraba que de los secretos que vale saber y que importa en la vida no es lo que somos capaces de hacer por nosotros, es lo que somos capaces de hacer por los demás. Y el espejo volvió a guiñarle el ojo, mientras apretaba cojines olor a Buendía, y la Diligencia estrujaba su deseo de desquite.

Marcantonio Faillace Carreño

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