#OPINIÓN Carora: Una ilusión siempre viva #10Dic

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Las Hermanitas de los Pobres cumplen el próximo 15 de Enero 100 años de haber llegado a Carora como encargadas de dirigir el Hospital San Antonio. Un centro de salud que está en la medula sentimental del caroreño. Para celebrar este centenario  ASOCACU y el Movimiento DECODE han hecho esfuerzos en darle apoyo a esta congregación de mujeres santas y por ello recibimos con entusiasmo y alegría la noticia que nos dio el doctor Honorio Sisiruca, quien donara varios equipos para montar en dicho hospital una unidad de traumatología y ortopedia.

Sobre los cien años del Hospital San Antonio, el padre Alberto Álvarez puntualiza que efectivamente las  Hermanitas de los Pobres tienen ese tiempo allí, pero que el hospital tiene 124 años, desde que lo fundara el padre Lisimaco Gutiérrez. Para validar este comentario Luis José Oropeza escribió lo siguiente: “Lo del Hospital fue como lo señala  Beto, fue fundado por el padre Gutiérrez en 1900. Desde la creación del Club Torres en el 98 se inició la gran generación que hizo la personalidad histórica del terruño. El teléfono, la luz eléctrica,  la educación con la creación de La Esperanza del viejo Pompilio, los colegios de las Monjas y el deporte de Toñon, las carreras de caballos, los toros de lidia, la música de Juan Martínez, los centros asistenciales a los niños pobres y a los ancianos, la modernización de la ganadería de la raza Carora  y luego la creación de los negocios financieros y la inversión de la los Centrales y la industria láctea. Todo ése cúmulo de avances públicos y sociales lo emprendió el sector privado sin auxilio eminente del Estado. Esa fue la prosperidad que poco a poco fue derrumbando la decidía y la indiferencia, las ambiciones desbordadas y el remate final que trajo el huracán perverso de la caterva populistas e irresponsable del chavismo”.

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A esta reflexión de Luis José Oropeza nosotros apuntamos recordaba Raúl Riera que la Carora de su juventud era chiquita y pobre. Laboriosa, emprendedora, solidaria, visionaria, pero chiquita y pobre. Todo ese proceso de crecimiento, montado sobre el esfuerzo privado que magistralmente resume Luis José con pinceladas gruesas, culminó en que para la década de los cincuenta del siglo 20 Carora se convirtió en una de las ocho ciudades más importantes de Venezuela, por encima de varias capitales de Estado¨.

Los recuerdos de Raúl Riera

La  Carora de mi niñez era chiquita y pobre. No había escuelas privadas que pudieran mantenerse por mucho tiempo. Yo recuerdo haber estudiado con  Rosa y Magdalena Perera, sobrinas de esa gran educadora que fue María Perera. Ellas impartían clases en una escuela de María Auxiliadora Álvarez. Allí curse los tres primeros grados. La primaria la culmine entre la Teófilo Camacero, la Egidio Montesinos y las lecciones sabias de Doña Olga de Gallardo.

Mi padre compró la casa donde actualmente funciona el Club Torres y la convirtió en un  colegio privado bajo la rectoría del padre Jesús Samanes, un sacerdote agustino desincorporado de esta orden y con excelente disposición para el mundo de la enseñanza. En torno a este centro educativo se agrupo el esfuerzo de muchas familias de Carora y de esta manera se fortaleció esta alternativa de educación privada en nuestra ciudad.

Para ese tiempo Carora era una ciudad pegada al río Morere, por allí teníamos comunicación con el mundo, por el  Puente Bolívar entraba y salía lo que producíamos y consumíamos. Era algo así como la ruta de nuestro propio Melquíades que nos sintonizaba con el mundo. Nuestros paseos, nuestros juegos, nuestras diversiones estaban conectadas con el Río Morere. Había varios balnearios naturales, uno de ellos era La Chorrera en el cual se lavaban los automóviles, continuando la tradición de bañar allí caballos y mulas. Sobre este aspecto había una anécdota de tiempos anteriores a los míos, en la cual se produjo un incidente que causo la hilaridad colectiva. Se trata de un día que Julián Montesdeoca bañaba su caballo, montado desnudo sobre él. Es decir jinete y caballo se daban un baño al mismo tiempo. Por alguna razón el caballo se sobresaltó e instintivamente se puso a galope hacia un lugar seguro, que no era otra  parte que la casa de Julián Montesdeoca su jinete. Este como un Lady Godivo a la carrera gritaba desde su montura a pelo y asido de las crines…Cierren las puertas que voy desnudo, advertencia que hacía a pleno pulmón y que antes de lograr su cometido por vía contraria atrajo a todo el mundo sobre las aceras y las ventanas para observar con detalle tan inusual cabalgata de un caballo asustado con un hombre en pelotas reclamando pudor a todo grito.

Rural y artesanal 

Aquella Carora, nos relata Raúl Riera Zubillaga, asentada entre el Morere y la hoy calle Rivas, tenía todas  las características de un poblado inserto en modelos rurales de producción, con una cultura atenta al mundo pero aferrada a  sus potencialidades creativas locales. Recuerda que casi toda la actividad de intercambio se centraba en la calle Comercio, la cual tenía este nombre en consonancia con el gran número de almacenes y expendios que allí existían. Mientras tanto, hacia arriba, Carora lindaba con una laguna denominada Cisterna Guzmán Blanco, donde pobladores de las cercanías de Carora buscaban agua en burro.   

En cuanto a las haciendas allí se trabajaba básicamente con herramientas fabricadas por los propios trabajadores, se tenía carpintería, cordelería, herrería, de esta manera se elaboraban los casquillos para las bestias, las sogas para la vaquería, las hormas para el papelón, en fin, teníamos los caroreños en aquel entonces lo que ahora se llamaría una economía vertical o integrada.

El primer cine en Carora fue el Salamanca, luego se construyó el Nuevo Teatro. Muchas películas mejicanas, con  mucha habladora y emoción en galería, con vendedores de empanadas y jugos paseándose entre el público como si fuera un juego de béisbol, mientras que en Platea y Palco estaban las señoras, las muchachas y los niños comiendo cotufas y helados. Es oportuno recordar que galería era lo más barato aunque estaba más cerca de la pantalla, al aire libre. Mientras que Palco era lo más caro aunque estaba al fondo de la sala. Totalmente a la inversa de cómo se organizaron posteriormente las salas de cine

Carora es una ilusión cierta de progreso, fundamentada en un sano regionalismo y un amor profundo por la tierra y la huella de sus ancestros. Carora. Siempre Carora.

Jorge Euclides Ramírez

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