Arquidiocesana 27-07-14

“El tesoro de la fe”

“El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra” (Mt 13,45).

Así nos expresa el Evangelio de este día el gran valor de la fe, que nos vincula con ese Reino, como poder y presencia de Dios, en todo cuanto existe.

Para la Sagrada Escritura es la fe, la fuente de toda la vida religiosa. Siguiendo el ejemplo de Abraham, padre de todos los creyentes, los grandes personajes ejemplarizantes del Antiguo Testamento vivieron y murieron en la fe. “Por la fe Noé, divinamente advertido… movido de un religioso temor, construyó un arca para salvar a su familia… por la fe Abraham, obedeciendo la llamada Divina… partió sin saber a donde iba… todos estos murieron en la fe..”(Hebreos 11,4-8). Por la fe, “otros soportaron burlas y azotes, incluso cadenas y cárceles: fueron apedreados, aserrados, pasados a filos de espada…”

A fin de cuentas los discípulos de Cristo, son los que en la vida creen en ÉL. La fe evoca seguridad profunda, confianza plena en Dios, sin ningún tipo de error. Quien logre centrarse de verdad en Dios, quien desde la Gracia pero también desde su libertad haga de la fe su gran riqueza, su gozo íntimo, su motivo de seguridad existencial, ese ha entendido lo que significa creer, y ha captado y descubierto el gran tesoro de Dios.

Quien logre sacar tiempo para hablar con Dios, para rezar, y lo haga con gusto, con convicción y logre hacerlo en el templo, en el hogar, o desde la enfermedad o la salud, ese tiene fe, y ha descubierto el gran tesoro de Dios.

Quien asiste a misa con profunda convicción y disfruta ese encuentro con Cristo participando, respondiendo, cantando, sabiendo cuándo debe arrodillarse, sentarse o levantarse, y en ese encuentro se fortifica para hacer el bien y luchar contra el mal, ese ha descubierto el gran tesoro, ha captado qué quiere decir tener fe.

Quien se confiesa, sinceramente arrepentido, buscando las causas de sus pecados, y encontrando soluciones, bajo la guía del confesor, ese que se siente en paz con Dios, con la absolución sacramental, ese ha encontrado una perla de gran valor.

Aquel, que se esfuerza en practicar la honradez, en desechar la mentira, en ser justo, en cumplir con su deber, como una exigencia de su fe, ese ha encontrado una gran riqueza.

De esta suerte, la fe nos mueve, a ser buenos hijos, buenos hermanos, buenos amigos, buenos padres, buenos ciudadanos.

Aquel que de verdad cree, logra vencer las depresiones, los temores, las angustias, ya que suceda lo que suceda, él está con Dios y Dios con él, y sabe decir con alegría: “Padre sea lo que sea, me pongo en tus manos”. Y así no teme a la calumnia, ni a la amenaza, ni a la incomprensión, ni a la enfermedad, ni al dolor, porque entiende que con Dios, todo lo puede.

Por ello Santa Teresa de Ávila pudo decir con una sabiduría y una entereza grandiosa: “nada te turbe… nada te espante… todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia, todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta”.

Mons. Antonio José López Castillo
Arzobispo de Barquisimeto

Santo Padre

Francisco sobre el santuario S. Pantaleón: “volvía fortificado espiritualmente por el testimonio de fe”
El Papa envía un mensaje con ocasión de los cincuenta años del santuario de San Pantaleón en Buenos Aires

Sobre el santuario de San Pantaleón, el Obispo de Roma observa que “el santuario es un templo que está quieto pero el pueblo de Dios, que es peregrino, lo hace caminar. Así caminó durante estos cincuenta años en el corazón de tantos fieles que venían a venerar al Santo, a pedir la salud, a confesar la fe. Así caminó en el corazón del barrio proyectándose a la ciudad toda”.

El Santo Padre pide al Señor “les conceda la gracia de seguir caminando, de continuar esta peregrinación del corazón en medio de la gran ciudad”.

Evangelio

Mateo (13,44-52): En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?» Ellos le contestaron: «Sí.» Él les dijo: «Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.» Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Iglesia en Marcha

Festival de Música
La Parroquia Urbana Santa Cruz y el Ministerio de Música ¡Oh Jesús!, invitan para hoy 27/07 a partir de las 01:30 pm., al III festival de cantos litúrgicos “Canta y Evangeliza”.

Lugar: instalaciones de la Parroquia, música, comidas, rifas-
Parroquia “Santa Rosa de Lima” invita:
Peregrinación a la Basílica Ntra. Sra. del Valle en Margarita, del 04 al 10/09

Paseo a la Gran  Sabana en agosto
Inf.: 0414-0551051 y 0251-2631051

Salmo 118

¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!
Mi porción es el Señor;
he resuelto guardar tus palabras.
Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata. Que tu bondad me consuele, según la promesa hecha a tu siervo;
cuando me alcance tu compasión, viviré, y mis delicias serán tu voluntad.
Yo amo tus mandatos
más que el oro purísimo;
por eso aprecio tus decretos y detesto el camino de la mentira.

Tus preceptos son admirables, por eso los guarda mi alma; la explicación de tus palabras ilumina,
da inteligencia a los ignorantes.

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